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Publicado el 8 Octubre, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

Y el telefonito… ¡Ahí!

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Y el telefonito ahí

Espacio hay para todos, la consideración no se ha extinguido y a la cortesía sería nefasto renunciar.

Texto y foto PASTOR BATISTA VALDÉS

Ni estando loco se me ocurriría negar el creciente uso y valor que a escala social ha alcanzado la telefonía celular.

Diseñados con opciones cada vez más prácticas, útiles y abarcadoras, esos “aparaticos” ya no solo garantizan que usted se comunique al instante desde cualquier punto geográfico con quien desee, sin tener que moverse -como les sucedía a nuestros padres y abuelos- hasta un lugar donde haya un teléfono fijo disponible.

La posibilidad de enviar mensajes escritos, imágenes, documentos diversos, revisar su correo, chatear, navegar, buscar información… incrementa el empleo de esos dispositivos móviles a la vez que crea cada vez más adicción entre una buena parte de sus propietarios.

Por ahora quiero concentrarme en una envidiable opción que ofrecen los celulares: la fotografía y el video.

Y como mismo dije al inicio: ni estando loco se me ocurriría negar, tampoco, cuán útil y oportuno es captar una imagen y poder situarla en órbita digital a los pocos segundos.

Hablando en términos de ejercicio periodístico, sin embargo, un pequeño detalle llama mi atención. En tiempos pasados la fotografía periodística era casi exclusiva o patrimonio de quienes entonces laborábamos en órganos de prensa, sobre todo en medios impresos.

Así, con excepción del camarógrafo de la televisión o de algún divulgador de organismo, era difícil encontrar a otra persona tratando de acaparar imágenes durante un recorrido, inauguración de obras, entrega de reconocimiento, apertura de una exposición y numerosos eventos o acontecimientos similares.

El panorama -no muy para bien de fotógrafos y camarógrafos de prensa- ha cambiado bastante y “lo más usual del mundo” es tener que volverse algo así como mago o maga para poder lograr la instantánea que necesita el órgano de prensa, en medio de una verdadera avalancha de celulares, en manos no precisamente periodísticas que de repente y sin previo aviso minan el campo visual.

Por lo general se trata de personas relacionadas con la actividad o el ámbito donde tiene lugar la cobertura periodística, interesadas en tomar fotos y no pocas veces hasta selfies, para dar una especie de “palo comunicativo” y poner ese material en el aire al instante.

En lo personal no me parece mal que muchos y muchas deseen subir rápidamente lo que está ocurriendo, pero… ¿y la misión eminentemente informativa, fotográfica, periodística –acreditada por demás- del periodista, del corresponsal, del camarógrafo y del fotógrafo dónde quedan?

En periodismo, la fotografía es un instante. La tomas o lo lamentas. No imagino a un profesional de la prensa pidiéndole a determinada personalidad que vuelva a poner en manos del científico o del obrero la condecoración que acaba de entregarle, “porque no pude captar la imagen en el momento preciso”.

Tal vez acerca de ello no han meditado quienes organizan ciertas ceremonias, actos u otros acontecimientos con participación colectiva. Es posible que ni nosotros mismos (artífices de la información) hayamos reflexionado en torno a ese fenómeno que de alguna manera limita el trabajo profesional.

¿Prohibir la presencia de personas con celulares en momentos así? No lo creo. ¿Regular el asunto u ordenar el escenario? Eso ya puede resultar más factible. Algo sería bueno hacer. Lo que no me parece saludable o procedente es que haya miles de lectores, televidentes, internautas esperando la imagen que estás destinado a captar y no puedas hacerlo, o hacerlo del mejor modo, porque todo el tiempo esté ahí, multiplicado, el simpático telefonito.

Espacio hay para todos, la consideración no se ha extinguido y a la cortesía sería nefasto renunciar.

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Pastor Batista

 
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