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Publicado el 15 Noviembre, 2021 por ACN en Nacionales
 
 

La Habana: bella, romántica, insomne, Maravillosa

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La Habana: bella, romántica, insomne, Maravillosa.

Foto: ANARAY LORENZO.

Por MARTHA GÓMEZ FERRALS

La Habana que vive cada día la celebración de su cumpleaños 502 –nació el 16 de noviembre de 1519- está afincada de a todas en el batallar del presente con optimismo y en las memorias y obras de un pasado raigal que enorgullece a sus más de dos millones de habitantes y a todos los cubanos, de Maisí a San Antonio.

Y no hay manera de hablar de ella, en ocasión como esta, sin evocar la infaltable tradición de las tres vueltas que miles de sus ciudadanos dan a la ceiba simbólica emplazada a la entrada de El Templete, sitio fundacional donde según los anales de la urbe se fundó la villa de San Cristóbal de La Habana, con un Te Deum (ceremonia religiosa) y el primer Cabildo político y jurídico.

Creciendo lentamente al principio, el conglomerado urbano bendecido por la abrigada Bahía de Carenas pronto comenzó a crecer de manera ingente y a prosperar, aunque tuvo que esperar hasta 1592 para que la metrópoli reconociera su condición de ciudad, 29 años después de que el Gobernador de la isla se estableciera allí definitivamente, procedente de Santiago de Cuba, la anterior capital.

En 1665 fue autorizada a tener su primer escudo de armas, que incluía una representación de las tres fortalezas militares que por entonces contaba y resaltaba su condición de Llave de las Américas y Antemural de las Indias con que España la había investido, por decreto en 1634.

Una historia fascinante, muy imbricada con la condición cosmopolita que siempre la marcó su condición de anchuroso puerto de mar y el propio devenir de la nación.

Su reconocido mundialmente Centro Histórico es un sector que evidencia para los tiempos la riqueza de ese patrimonio cultural. Un emplazamiento del que para hablar de él,  hoy día, es imprescindible evocar a Don Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad.

La obra y la huella de Eusebio Leal es tan importante,  profunda y abarcadora, más allá de los límites de La Habana incluso, que estas líneas no alcanzarán apenas ni para empezar a referirlas.

El sabio director y hacedor del Plan Maestro destinado a la recuperación de la llamada Habana Vieja hizo renacer y rescató invaluables joyas del patrimonio nacional, con un espíritu de interacción con el presente que también benefició y beneficia a miles de habitantes de la zona.

No se puede ignorar también que los días corrientes de La Habana, en medio de una pandemia de Covid-19 que declina ostensiblemente en todo el país, siguen viendo el esfuerzo titánico –y no es exagerada esta expresión- que se ha venido realizando en los centros de investigación del Polo Científico instalado en la capital, en la creación de las vacunas, medicamentos y terapéuticas para combatir el mal.

Como en toda capital del mundo que se respete, los vecinos del territorio suelen tener el sueño ligero, ya sea por la fiesta, el trabajo o por los deberes de la salvaguarda de su hermosa ciudad y el país, pero pudiera decirse que esa cualidad tan propia y universal se ha agudizado en los últimos tiempos en los desvelos de los médicos y paramédicos de sus centros asistenciales y en los laboratorios y talleres donde crean científicos y técnicos.

A esos trabajadores consagrados de la salud pública La Habana que hoy se reincorpora a la nueva vida rinde homenaje.

La necesaria vigilia, creativa y productiva, no mata a nadie por acá y permite estar muy al tanto de muchos planes diabólicos del enemigo, que tampoco descansa, es la verdad. Los buenos vecinos de la legendaria San Cristóbal reafirman que los mercenarios de manuales creados y pagados por el oro foráneo no aguarán su fiesta.

En cuanto a la nueva normalidad a la que hoy se entrega La Habana solo hace falta que con La Guardia en Alto que mantiene, en defensa de la Revolución, sus habitantes sumen una mejoría de la disciplina en el cumplimiento de las medidas contra el virus.

Porque tampoco puede negarse que esta localidad que hoy transita, más tranquila, por una reducción de las tensiones y crudeza de la epidemia, estuvo entre los enclaves álgidos de la pandemia dentro del país, lo que causó dolor y daños irreparables a la familia cubana.

Tan cierto como que La Habana siempre mira al mar desde su espléndido malecón es verla renacer cada día.

Llevando adelante los pasos pendientes de la exitosa vacunación, desarrollando el curso escolar correspondiente, ofreciendo promisorias oportunidades de estudios universitarios, retomando planes de recuperación de la economía…

Sus pobladores  enfrentan, como el resto de sus compatriotas en toda su geografía, los desafíos del recrudecido bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos, cuyos estragos son notorios en una ciudad de su calibre, a pesar de los esfuerzos de las autoridades por paliarlos y muchas veces minimizarlos.

Por eso este aniversario 502 tendrá logros que comprobar y palpar a pesar de todo lo vivido en el curso de  este duro 2021.

Ya lo cuentan los habitantes de decenas de barrios vulnerables de la capital en los cuales se han hecho intervenciones constructoras y de índole socio-cultural que han dado un vuelco positivo a la existencia cotidiana de sus residentes.

Obras no hechas solo por la voluntad gubernamental, presente en primera instancia, sino también con el esfuerzo mancomunado de los habaneros, pobladores de esas comunidades, a título personal y como integrantes de los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas, la Unión de Jóvenes Comunistas y organizaciones estudiantiles. Un movimiento que se ha extendido a toda Cuba.

Una etapa llena de retos se abre paso, en la que el incremento de la productividad del trabajo será imperativo, así como el cumplimiento de las medidas de resguardo en la nueva normalidad. No caben dudas  de que el patriotismo, el entusiasmo, la acometividad y la disciplina estarán más afinados cada vez en este esperanzador fin de año habanero. (ACN).

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