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Publicado el 23 Noviembre, 2021 por Pastor Batista en Nacionales
 
 

EMPRESA ESTATAL CUBANA

Persistencia la de Siguaney

Romperse y estar rápidamente arreglada son dos fases unidas por el umbilical cordón de hombres que no se rinden ni se desaniman, para que el país pueda seguir disponiendo de un cemento cada vez más decisivo en programas de alta prioridad
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Persistencia la de Siguaney.

Estos enormes hornos son decisivos en el proceso tecnológico.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS

Después de medio siglo es obvio que la Fábrica de Cemento Siguaney, ubicada en Sancti-Spíritus, no puede tener igual consistencia o la misma capacidad. Mucho menos si durante años, como consecuencia del bloqueo norteamericano contra Cuba y de factores económicos en general, se han dificultado cada vez más determinados recursos y elementos imprescindibles para la vitalidad del proceso productivo.

Tal vez el modo más claro de ilustrarlo esté en una frase de Saúl Rodríguez Pérez, director técnico de la empresa: “Esta fábrica se rompe todos los días, pero todos los días se arregla y sigue adelante, por el esfuerzo de nuestros trabajadores”.

Tal empuje bien puede ser expresión de algo que quizás muchas personas desconocen: la huella, siempre presente, del Che allí y, por supuesto, de su profundo apego al trabajo creador.

Afirma el propio Saúl que la entidad, de tecnología checoslovaca, nace precisamente como materialización del pensamiento y de la gestión del Guerrillero Heroico, siendo Ministro de Industria, con hermanos países pertenecientes entonces al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

Proyectada en 1964 y con despegue constructivo en 1966, la importante industria comenzó a producir en 1971, apta para poner anualmente a palma de mano en la economía nacional 600 000 toneladas de cemento, volumen que incluso llegó a superar en varias ocasiones, hasta que la crisis energética a inicios de los años 80 y luego la llegada del Período Especial, a partir de 1990, atentaron de forma directa contra los resultados productivos.

TENACIDAD A PRUEBA DE HORNOS

Persistencia la de Siguaney.

Altas temperaturas, ruido, polvo… tornan duras las labores.

Aunque la memoria histórica recoge varios momentos de trascendencia, hay tres que el personal con más años de labor siempre recordará: 1987, después de un profundo y minucioso estudio la fábrica comienza a utilizar crudo nacional como alternativa salvadora frente a la complicada situación que venía atravesando el país. Año 1991, introduce el cemento blanco (hoy es la única que lo produce) y 1996 empieza a elaborarlo con petróleo crudo.

Del mismo modo que Saúl (quien llegó a Siguaney con la encomienda de trabajar un par de años y va por 42), también el joven Gonzalo Reina Aguilar, director general de la empresa, siente enorme admiración y orgullo por los más de 400 hombres y mujeres que dentro del campamento responden por la producción, el mantenimiento de la industria y la venta o comercialización del cemento.

Y no es solo porque se trabaje durante 24 horas durante los 365 días del calendario, en medio, por demás, de un ambiente que no es el de un laboratorio, un aula docente, una sala hospitalaria, una terminal de ómnibus y ni siquiera una plantación agrícola… porque “se trata de un entorno donde predominan el polvo, el ruido, las altas temperaturas, el esfuerzo físico y otras condiciones o factores no menos difíciles”.

Persistencia la de Siguaney.

Entre las prioridades de la industria están la protección a la salud y la atención integral a los trabajadores.

Por encima de tales incomodidades o riesgos incluso para la salud, a la tropa de Siguaney nada la detiene. Lo han demostrado cada vez que algún equipo presenta problema y este se resuelve con más voluntad e ingenio que recursos, o cuando faltó soga e introdujeron empaquetadura, o cuando aprovecharon mezclas y aditivos para quitarse de encima lubricante importado y emplear el de producción nacional…

Pero sobre todo lo dejaron bien claro recientemente, cuando en titánica misión ocho hombres pusieron proa hacia Artemisa, en el occidente cubano, con la intención de ir luego a Santiago de Cuba, en el oriente, para a pecho y pulmón recuperar ladrillos refractarios en hornos sin uso ya, trasladarlos hacia la fábrica espirituana y garantizar al menos cuatro o cinco meses más de vitalidad hasta que el país pueda importar o producir los que se necesitan.

Decirlo, escribirlo… resulta fácil. Otra cosa es la realidad. No estamos hablando de vestir interiormente un hornito cualquiera, sino de un impresionante tubo que mide 126 metros de longitud por 3,5 metros de diámetro. Nadie imagine, por tanto, que el asunto allí se resuelve con un bulto de ladrillos; se trata de toneladas.

DIVINA TIERRA

Persistencia la de Siguaney.

La fábrica se rompe, pero la solución aparece y la producción continúa.

No solo en la agricultura. También en esta industria hay que inclinarse reverentemente ante la tierra. Quizás para algunos la forma más abreviada de definir al cemento sea: moler tierra, quemarla y moler el clinker. Un enfoque más técnico o específico incluiría términos como arcilla y piedra caliza o elementos resultantes a la manera de sílice, óxido de calcio, aluminio, hierro… pero presentes ahí, en esa sagrada tierra que también nos alimenta y mantiene vivos, de donde además es extraído ese crudo nacional que, en el caso de Siguaney, sustituye al otro: al que viene en supertanqueros e implica super-gastos.

Por eso, a pesar de todos los rigores del proceso, el joven Dairon Palmero Boligón sigue estibando cientos de sacos; y a hombres como Rodelso Hernández Cruz “ya la gente no sabe si llamarlos mecánicos o magos, por la capacidad que tienen para hallar soluciones de la nada”, mientras Magdiel Álvarez Carrero permanece “más tiempo al volante de su camión, transportando el producto, que en casa junto a su familia.

Tal vez ellos desconozcan algo que Saúl afirma con profundo orgullo y conocimiento de causa: “después del agua (y supongo que del oxígeno) posiblemente lo que más consuma o emplee  el ser humano sea cemento, del mismo modo que todavía el hombre no ha inventado nada que sustituya a ese imprescindible producto”.

Estadísticas especializadas reportaron en 2019 la producción de dos millones 200 mil toneladas en China (puntera mundial), con la India a continuación (300 millones), Viet Nam (90, 2) y Estados Unidos (87).

Persistencia la de Siguaney

Esta valla sintetiza lo que siempre ha hecho la fábrica.

Con luz corta y larga, a la vez, la industria espirituana asegura el llamado cemento gris, el blanco (con un sentido más decorativo), así como otros de carácter especial, gracias a la calidad de las materias primas. Tal es el caso de la contribución que hace Siguaney para la actividad de prospección cubana de petróleo y para determinadas construcciones marinas, cuya demanda ha registrado incuso un ascenso.

Esas particularidades ponen a la vieja, pero incondicional fábrica, en condiciones de continuar lidiando con otras tecnológicamente más modernas, y lo más meritorio: mantener su utilidad para el país, en programas de alta prioridad, casi siempre sometidos a las presiones externas de un bloqueo tan prolongado y brutal como el de Estados Unidos contra Cuba, cuyo antídoto sigue estando al lado de acá, en quienes no se rinden, ni se venden.

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Pastor Batista

 
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