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Publicado el 15 Enero, 2015 por Victor Manuel González en Opinión
 
 

¡Empínate!

Por si no fuesen suficientes las motivaciones y los retos derivados de los extraordinarios acontecimientos más recientes, la perenne impronta martiana nos estará convocando a lo largo de este Año 57 de la Revolución. Precisamente en el aniversario 120 de la caída en Dos Ríos -con el sol en su rostro- del Maestro de Fidel y de todos los cubanos, se le tributa homenaje de renovado compromiso patriótico a la insigne madre de los Maceo, en el bicentenario de su nacimiento –el 12 de julio de 1815-, que Cuba celebra conmovida desde este enero hasta el próximo diciembre.

Junto con ello, también desde ahora y aún después del 14 de junio próximo y de la tradicional jornada que lo vincula con el Guerrillero Heroico, no solo por la coincidencia onomástica, los patriotas cubanos de todas las generaciones honrarán con redoblado civismo al Titán de Bronce en su cumpleaños 170, próxima su cuna santiaguera al medio milenio de fundada.

Sobre los trascendentes significados patrios de Mariana Grajales y Antonio Maceo, inspiran como siempre las ideas del autor intelectual del Moncada: “De la madre, más que del padre, viene el hijo […] pero Maceo fue feliz, porque vino de león y de leona […] cayéndosele está ya la viejecita gloriosa […] y todavía tiene manos de niña para acariciar a quien le hable de la patria”. “De negro va siempre vestida, pero es como si la bandera la vistiese”. “¡Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento”. “¡Fáciles son los héroes, con tales madres!”. Y héroes han dado ellas desde entonces, hasta hoy.

Mariana es ella misma, inmensa en su amor, patriotismo y coraje, y es paradigma redivivo como luz en cada hora de los hornos. Alumbró en aquella que, a riesgo de la suya, trata de salvar la preciosa vida del adolescente hijo rebelde en una noche habanera de desenfrenado salvajismo colonial. En las valerosas madres del glorioso panteón de mártires, que han legado a la patria su ejemplo, junto con el de los hijos caídos de todas las batallas. En las legendarias Marianas del Moncada, la Sierra y el Llano; de la Alfabetización, las milicias, Girón, la lucha contra bandidos, la Crisis de Octubre, las misiones internacionalistas. Y en las que supieron llevar sobre sí las más crudas penurias del inevitable período especial, sobreponiéndose a la pobreza, sin deshonra. En las admirables familias de nuestros médicos heroicos que combaten el ébola, y de los Cinco Héroes vencedores… Las seguimos viendo, como a Mariana, empinando a la Patria. Los actuales desafíos no son para menos.

Hemos iniciado un año de despegue hacia un imprescindible crecimiento que solo podrá ser fruto de mucho y mejor trabajo; de mayor eficacia y eficiencia en la gestión estatal, cooperativa, por cuenta propia; y de la necesaria inversión extranjera, en un tramo decisivo para el exitoso cumplimiento de las tareas más complejas y difíciles de los Lineamientos. Se acerca el congreso de la vanguardia juvenil, antecedido de una conexión necesaria, con el más amplio universo de las generaciones noveles, que actúan con creciente protagonismo en todas las esferas de la intensa vida de una nación cada vez mejor enrumbada a construir una sociedad más justa, próspera, sostenible, socialista. Se moviliza el país con vistas a las elecciones parciales en abril, un proceso genuinamente democrático que convoca la participación de toda la población cubana para renovar y fortalecer desde la base un auténtico Poder Popular.

Se ha iniciado un histórico proceso de normalización de las relaciones con Estados Unidos, al que Cuba aporta su permanente y demostrada buena voluntad, con la mejor disposición de contribuir al imprescindible compromiso de respeto mutuo por ambas partes y -como lo ha señalado Raúl- para “aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias”. El viaje emprendido aún tiene fuerte viento norte en contra, como la persistencia de un fracasado bloqueo, que debe cesar. Tampoco faltarán dificultades y provocaciones.

En un quehacer retador y multiplicado, se empina la moral de la nación, y se siente el aliento de Mariana. “Precisamente tengo ahora ante los ojos ‘La Protesta de Baraguá’, que es de lo más glorioso de nuestra historia”, le escribió Martí a Maceo. Y junto con Fidel, los nuevos mambises volvieron a suscribirla con honor, hasta la victoria, siempre.


Victor Manuel González

 
Victor Manuel González