0
Publicado el 24 Marzo, 2015 por Fabio Raimundo Torrado en Opinión
 
 

Democracia que se pretende desconocer (parte II y última)

Compartir

Por FABIO RAIMUNDO TORRADO*

En Cuba, la competitividad a nivel de circunscripción electoral de base está dada por la obligatoriedad de votar solamente por uno de los candidatos propuestos, que no pueden ser menos de dos y no exceder la cifra de ocho.

Para adoptar su decisión, el elector valora -lo que pudiera entenderse como una competencia entre los candidatos- su trayectoria, calidad humana, conocimientos, experiencia laboral y vinculación con la población en el territorio.

En el caso de las elecciones para cubrir los cargos electivos de delegados a las asambleas provinciales y los de diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, no existe límite a las posibilidades del elector a la hora de votar: puede hacerlo por uno, por una parte de ellos, por todos, o por ninguno de los incluidos en las boletas.

Asimismo, lo hace atendiendo, en su decisión de voto, a la biografía y cualidades o aceptación o rechazo, de aquel candidato que con su conducta o por el conocimiento que tenga de este, el elector a la hora de marcar la boleta se sienta inclinado a otorgarle su voto, o no.

Tampoco es obligatorio votar, siendo enteramente libre la asistencia a las urnas, a diferencia de lo que ocurría aquí antes del triunfo de la Revolución, y ahora en otros países, en los que era y es obligatorio y en los cuales existían o aún existen sanciones penales para los que no acuden a votar.

A ello se une que la inclusión de los nominados en las boletas electorales no es producto de decisiones, directivas o propuestas inspiradas por partido político alguno, sino de la voluntad -en los casos de las elecciones para cargos de delegado provincial y diputado a la Asamblea Nacional- de los delegados municipales elegidos previamente en las circunscripciones electorales de base, los que, reunidos en sesión solemne de la Asamblea Municipal del Poder Popular que integran, en su condición de representantes de los electores del Municipio, aceptan, rechazan o incluyen a los que se les propongan por las comisiones de candidatura a su nivel, así como a los reemplazantes de los rechazados, para resultar nominados como candidatos en las citadas boletas electorales.

Comisiones de candidatura

Esas comisiones de candidatura -de las cuales no forman parte representantes de entidades estatales de ningún tipo, así como tampoco del Partido Comunista de Cuba, ni de la Unión de Jóvenes Comunistas- elaboran las propuestas que se presentan a los delegados de las asambleas municipales del Poder Popular, partiendo para ello de las listas que conforman las canteras de posibles candidatos, preparadas por las organizaciones de masas que las integran (CTC, FMC, ANAP, CDR, FEEM y FEU), presididas por el representante de la CTC.

Esas Comisiones toman en cuenta, para sus valoraciones, los criterios de sus estructuras de base, y someten a los propuestos a un amplio proceso de consultas, mediante los aportes que hagan los compañeros de los posibles precandidatos en sus centros laborales o de estudio y en sus lugares de residencia, así como mediante la valoración de sus antecedentes profesionales, nivel de escolaridad y otros que se considere necesario esclarecer.

A las características muy propias de nuestro sistema electoral y de nuestras ideas, se une el hecho de que dichos delegados, e incluso los diputados, no son políticos profesionales, y que por su actuación en los órganos para los cuales fueron electos no reciben privilegios, ni beneficios económicos personales. Tales pormenores del proceso electoral cubano no se conocen fuera del país y tampoco se dominan plenamente por toda nuestra población.

A ellos se une la existencia de: procesos revocatorios, la rendición de cuenta de los elegidos a sus electores en el caso de los delegados municipales, mientras los delegados provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional, lo hacen ante los integrantes de las asambleas municipales, representantes de quienes los eligieron, dada la imposibilidad de acudir ante todos los miles que votaron por ellos.

Otra característica lo es el grado de concurrencia de esos electores a los colegios electorales, a fin de ejercer su derecho al voto en las urnas, las que son custodiadas por escolares de completo uniforme y no por guardias armados, como ocurre en otros países, pues en Cuba es el mismo pueblo el garante de la seguridad de esos colegios y de esas urnas y de la transparencia de los resultados de la votación.

Evolución del sistema electoral

El sistema electoral cubano actual ha ido evolucionando acorde con las experiencias de su accionar. Ha tenido en cuenta siempre, antes y ahora, las ideas de Fidel sobre el tema. Sigue perfeccionándose y en continua búsqueda de vías que faciliten todavía más la presencia de los vecinos del barrio en la solución de los problemas que puedan existir en la comunidad y en la gestión de gobierno de los órganos locales del Poder Popular.

En cambio, los vicios existentes en los sistemas electorales de los países autocalificados paradigmas democráticos, sin serlo, desengañan a sus electores sobre la eficacia de sus decisiones a la hora de votar. Ello tiene su reflejo en el hecho de que las autoridades surgidas para ocupar cargos de dirección estatal carecen de una adecuada legitimidad y de apoyo popular, y en la conducta, cada vez más abstencionista, de los electores a la hora de acudir a las urnas durante esos comicios.

Si comparamos esa situación con los resultados de los procesos electorales efectuados en Cuba, a partir de los datos de sus informes finales, ofrecidos por la Comisión Electoral Nacional y publicados en la prensa cubana, nos encontramos con el panorama de un masivo apoyo de los electores a nuestro sistema electoral, ratificándolo con su presencia y actuación a la hora de votar.

Las comisiones electorales que dirigen y efectúan esos procesos tampoco están integradas por representantes del Estado cubano ni de organismo político alguno, ni por dirigentes del Gobierno.A modo de ejemplo pudiéramos mencionar que en las primeras elecciones celebradas en Cuba luego de aprobada la Constitución socialista en 1976, celebradas el 10 de octubre de ese año, acudió a las urnas 95.2 por ciento de los electores, o sea, votaron cinco millones 382 mil 304.

En las elecciones correspondientes al año 1981, cinco años después, ejercieron su derecho al voto, seis millones 97 mil 639, que representaron 97.2 por ciento del total registrado como elector. Por primera vez se informó públicamente que el porcentaje de boletas en blanco depositadas ascendió a 1.8 y que el de boletas anuladas fue 2.3. Este tipo de información se ha mantenido a partir de esa fecha.

Voto directo

Para no hacer demasiado extensa esta parte final, abordaremos solamente los procesos electorales posteriores que hemos seleccionado, atendiendo a aspectos significativos de los momentos en que tuvieron lugar. Por ejemplo, en el período electoral de octubre de 1992 hasta febrero de 1993 -16 años después de las de 1976-, se incluyó el voto directo de los electores para elegir a los candidatos a diputados de la Asamblea Nacional del Poder Popular y a los delegados de las asambleas provinciales, lo que implicaba la utilización de dos boletas distintas, una para los diputados y otra para los delegados provinciales de ese tipo, luego de la Reforma Constitucional de 1992. Del total de votantes acudieron a las urnas siete millones 852 mil 364, para 99.57 por ciento de votación. Valga apuntar que por primera vez se ofrecieron de manera diferenciada, producto de la forma de votación empleada, los datos siguientes:

En el caso de los resultados finales de las elecciones de diputados al Parlamento, fueron depositadas en blanco 239 mil 394 boletas, que significaron 3.05 por ciento; y 311 mil 968, o sea siete por ciento de ellas, fueron anuladas, por diversas deficiencias, según las causas previstas en la Ley Electoral.

Mención especial merece el proceso electoral correspondiente a finales de 2007 y comienzos de 2008, por ocurrir en momentos en que estaba gravemente enfermo el líder de la Revolución, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien había delegado sus facultades en su sustituto, el primer vicepresidente, compañero general de ejército Raúl Castro Ruz.

Particular atención debemos dar a los resultados de su segunda etapa, efectuada el 20 de enero de 2008, atendiendo a lo expuesto en el párrafo precedente, que estuvo dedicada a la elección de los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular y los delegados a las asambleas provinciales. De acuerdo con los datos oficiales aparecidos en el periódico Granma del 30 de enero de ese año, ejercieron el voto 96.89 por ciento de los electores inscritos. En la elección de los diputados fueron declaradas válidas 95.24 por ciento de las boletas; depositadas en blanco, 3.73 por ciento; y anuladas, 1.04 por ciento. En el caso de los delegados provinciales, resultaron válidas 95.46 por ciento de las boletas, se depositaron en blanco 3.46 por ciento, y se anularon 1.08 por ciento.

En las elecciones parciales de 2010 aparece como aspecto de interés especial que participarían por primera vez en su vida 320 mil jóvenes arribantes a la edad electoral de 16 años, los cuales carecían de experiencia previa en el ejercicio de ese derecho, y por lo tanto eran susceptibles en mayor medida de incurrir en equivocaciones a la hora de expresar su voto.

Otro dato de interés fue que, por primera vez, se dio a la publicidad la información de que, al igual que en procesos anteriores, en este caso concreto del proceso electoral parcial participaron de manera voluntaria y sin recibir remuneración alguna por ello aproximadamente más de 500 mil personas en calidad de miembros de comisiones electorales, de mesas electorales en colegios electorales, etcétera.

Otra particularidad fue que durante el período de nominación de candidatos, de un total aproximado de ocho millones 400 mil electores, participaron en ese proceso siete millones 400 mil (86.84 por ciento), y resultaron nominados por ellos 34 mil 766 candidatos, los que luego, en el ámbito de los colegios electorales, eran votados en cada circunscripción por los electores, a fin de determinar quién de los propuestos sería el que los representaría en el órgano de poder municipal, o sea, un total de 15 mil 93 delegados a nivel de todo el país.

Apreciando los datos de las elecciones, del total de electores registrados votaron ocho millones 207 mil 946 (95.86 por ciento). Fueron depositadas en blanco 376 mil 565 boletas (4.59 por ciento). Asimismo, se anularon 352 mil 622 (4.30 por ciento), y fueron válidas siete millones 475 mil 760 (91.12 por ciento).

Las últimas elecciones generales celebradas para elegir los cargos del período de mandato de 2012 a 2018 se convocaron, en su primera etapa, entre octubre de 2012 y finales de diciembre de ese mismo año. En ella tuvo lugar el proceso preparatorio y las elecciones correspondientes a dicha etapa, con sus sucesivas vueltas, toma de posesión y constitución de las asambleas municipales del Poder Popular, sus respectivas presidencias y la ratificación o renovación de los principales cargos del Gobierno municipal, entre otras actividades fundamentales.

Participaron más de 200 mil jóvenes arribantes a la edad electoral de 16 años. Esto significó que en un plazo de poco más de cinco años, tomando como punto de partida el proceso de finales de 2007 y principios de 2008, el número de electores creció en más de medio millón.Otros datos de interés demostrativos de la magnitud de la participación popular: más de 72 mil 500 electores pertenecieron como miembros a las comisiones electorales de circunscripciones, y una cifra superior a 150 mil integraron las mesas de los más de 29 mil 500 colegios electorales.

La segunda etapa y final de este proceso electoral de carácter general concluyó con la elección de los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular y la de delegados a las asambleas provinciales, en la fecha establecida para ello, o sea, el 3 de febrero. Una vez computados sus resultados, según lo informado por la Comisión Electoral Nacional en el diario Granma del 8 de febrero, se pudieron conocer los datos siguientes:
El total de los registrados, conforme a las listas actualizadas, fue de ocho millones 668 mil 457 electorales, de los cuales fueron votantes en el caso de los candidatos a diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular siete millones 877 mil 906 (90.88 por ciento). La ausencia de los que no acudieron, ascendente a 9.02 por ciento, ha sido tomada por algunos como signo de un posible debilitamiento del apoyo popular a nuestras elecciones.

Al revisarse las boletas depositadas, fueron declaradas válidas siete millones 418 mil 522 (94.17 por ciento), depositadas en blanco 364 mil 576 (4.62 por ciento), y declaradas nulas, por alguna de las causas establecidas, 94 mil 808 (1.21 por ciento).
En el caso de los candidatos a delegados a las asambleas provinciales, del total de votantes registrados acudieron a las urnas habilitadas para ello siete millones 819 mil 702 boletas (93.99 por ciento), lo que significó una diferencia de 58 mil 204 votantes para delegados provinciales respecto a la cifra de votantes para diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Dicho así, pudiera surgir la pregunta de ¿qué pasó con esas boletas?

La Comisión Electoral Nacional ofreció la explicación de las causas, al informar que la diferencia en la cantidad de boletas de los propuestos para delegados provinciales se debía fundamentalmente a que los electores del Municipio Especial de la Isla de la Juventud no eligen delegados provinciales, y que en algunas provincias una cifra pequeña de electores que asistieron a votar no depositaron su boleta en la urna habilitada.Al contabilizar las boletas depositadas, los resultados fueron: válidas, siete millones 349 mil 059, y depositadas en blanco, 372 mil 354 (4.76 por ciento).

Declaradas nulas por alguna de las causas establecidas, 98 mil 289 (1.25 por ciento).
Si comparamos los índices de asistencia a las urnas y el resultado final del conteo de las boletas y de las voluntades expresadas en ellas, con lo ocurrido en los países que aplican procesos electorales multipartidistas, se puede comprender por cualquier persona que se acerque desprejuiciadamente a la realidad cubana cuánto de falsedad consciente o inconsciente se alberga en las críticas contra nuestro proceso electoral, y sobre la conducta del electorado, el cual, lejos de resultar coartado para ello, disfruta de plena libertad para expresar su voluntad, como se demuestra en los resultados, siempre por encima de 90 por ciento, cifra muy difícil por no decir inalcanzable para los autodenominados países “paradigmas de democracia pluralista”.

Reflexionar al respecto nos permitirá disponer de argumentos para exigir al mundo occidental al menos un poco de respeto a las ideas propias del pueblo cubano.
* Doctor en Derecho, Master en Ciencias Políticas y Licenciado en Ciencias Sociales; Profesor Titular en las Facultades de Derecho y de Filosofía e Historia, en la Universidad de La Habana, así como en la Escuela Superior del PCC Ñico López; Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Derecho Constitucional y Administrativo de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, y Miembro de la Sociedad Cubana de Investigaciones Filosóficas.

Compartir

Fabio Raimundo Torrado

 
Fabio Raimundo Torrado