Gracias a ellas
“Rindamos honor a la mujer cubana, madre, combatiente, compañera de sacrificios, alegrías y luchas”, exhortó Raúl en Santiago de Cuba, el 26 de Julio de 2013. Poco después y también en la Ciudad Héroe, al conmemorarse el aniversario 55 del triunfo de la Revolución, el propio general de ejército añadió que no podemos dejar de mencionar la contribución decisiva de ellas a lo largo del proceso revolucionario, como dignas continuadoras del ejemplo de Mariana, la madre de los Maceo. Y en marzo pasado, en el 9º Congreso de la FMC, el primer secretario del Partido expresó: “Nos sentimos orgullosos de nuestro pueblo, y en especial de nuestras mujeres”.
Vale la pena recordar esas palabras, que revelan el profundo sentimiento compartido por la inmensa mayoría de los compatriotas, en el homenaje a las cubanas al celebrar, el 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer.
Se trata de ser fieles a la verdad histórica, a las más puras esencias del pensamiento revolucionario que se encumbra en nuestro Martí. De él es esta idea cardinal: “Toda la patria está en la mujer: si ella falla morimos: si ella nos es leal, somos”.
Lo corroboraría también el más descollante discípulo del Maestro, en el espurio juicio por los asaltos a los cuarteles Moncada y Céspedes, al inscribir en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá: “Nunca fue puesto en lugar tan alto el heroísmo y dignidad de la mujer cubana”. Muchas otras motivaciones tendría después Fidel para ponderar el mérito de quienes a su juicio eran una revolución dentro de la Revolución.
Claro que la insoslayable igualdad y el curso ascensional del movimiento femenino solo podrían alcanzarse en el empeño común por el desarrollo socio-económico, junto con una ardua y multifacética labor educativa para eliminar, además de las barreras económicas, las culturales, ideológicas y psicológicas. Y en ello se ha empleado a fondo la Revolución, con esfuerzo tenaz, firmeza y constancia.
Ellas pusieron a prueba su voluntad, capacidad e inteligencia, al erigirse no solo en un incondicional baluarte de entusiasmo y apoyo político, sino también en fuerza productiva, tecnológica y científica fundamental; y al compartir sufrimientos por los daños físicos y psicológicos de la pertinaz hostilidad enemiga, así como las tensiones y alegrías de crear y defender el nuevo proyecto de país soberano, inclusivo y solidario.
Lo anterior se hizo aún más evidente a la hora del mayor desafío, cuando las realidades impuestas por la adversa coyuntura externa –el derrumbe del socialismo en Europa y la desaparición de la Unión Soviética– exigieron sacrificios superiores, salvar lo esencial y posponer algunos sueños.
Ante la penosa crisis económica derivada de tales extremas circunstancias, el recrudecido bloqueo imperial y las penosas consecuencias en todos los ámbitos de la vida nacional, se elevó al nivel más alto la capacidad de resistencia de un pueblo heroico. “[…] en este periodo especial, el peso fundamental de los sacrificios, la parte más dura de los sacrificios, lo llevan las mujeres”, reconoció el Comandante en Jefe.Y resueltas a luchar por las notables conquistas, ellas han demostrado que, como también dijo Fidel, son “una fuerza decisiva para la Revolución”.
A pesar de las inmensas dificultades y no sin tener que vencer escollos también subjetivos, prosiguió el ascenso multifacético de las cubanas, hasta ocupar envidiables posiciones en el conjunto de indicadores plasmados en los objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas, para promover la igualdad entre los géneros y el empoderamiento de la mujer.
Empero, queda no poco por hacer. Lograr que no ocurran retrocesos, sino, por el contrario, revitalizar el impulso en el actual contexto de actualización y perfeccionamiento del modelo económico hacia una sociedad más justa, eficiente, culta, próspera y sostenible, con un imprescindible todavía mayor protagonismo femenino, y de la familia consolidada y multiplicada.
Nuestro pueblo, patriota, martiano, siente que si hemos podido coronar en victoria estos 55 años de grandes batallas, y si ante las contingencias de la nueva etapa -cuando se vislumbra una posibilidad de convivencia civilizada con el principal adversario-, nos anima la certeza de continuar unidos y victoriosos, esto en gran medida ha sido, es y será, gracias a ellas.


