Presente y futuro
Se dice que aproximadamente cada diez años entran en el amplio espectro de la palestra pública nuevas generaciones. Ellas reciben influencias y a la vez signan todos los contextos en que les toca desarrollar sus vidas, en el orden individual y en tanto que franjas etarias portadoras de experiencias e intereses comunes y al mismo tiempo diferenciados.
Además de ese específico-recíproco impacto social, cada nueva hornada de cubanas y cubanos supone también otro peldaño por el que la patria aspira a continuar escalando hacia el porvenir. La juventud, por tanto, ha sido, es y será siempre realidad y promesa, presente y futuro. Y “debe ejercitar los derechos que ha de realizar después y enseñar después”, escribió José Martí.
Abril, siempre motivador, junto al recuerdo de batallas y victorias, evoca importantes fundaciones juveniles: la de los Pioneros en 1961 y al año siguiente la de la Unión de Jóvenes Comunistas, enfrascada ahora en la celebración de su X Congreso, los días 18 y 19 de julio próximo, tras amplio y abierto debate más allá de su militancia. Así, la UJC procura incorporar todas las ideas útiles al propósito de perfeccionar su labor en la atención al quehacer y los intereses de niños, adolescentes y jóvenes; a la permanente búsqueda de soluciones creativas a los problemas en cada lugar; al diálogo inclusivo; al enfrentamiento a todo lo que dañe el desarrollo del proceso de actualización del modelo económico; a cualquier manifestación viciosa o corrupta; a cuanto divida, desmovilice y pretenda, desde dentro o fuera del país, quebrar el sistema de valores que promueve la Revolución, apartar a las nuevas generaciones del compromiso con lo hecho y la voluntad de hacer, del amor al trabajo, del sentimiento antimperialista, de la convicción de que patria es humanidad y de que, como ha dicho Fidel, “las razones para luchar y vencer se multiplican cada día”.
Cada momento ha tenido y tendrá el sello de su juventud. Nunca faltarán motivos para admirar a los jóvenes dignos de sus padres y de sus tiempos. Esos que, con criterio propio y natural inconformidad ante la obra siempre perfectible, comprenden que sí vale la pena luchar, y son capaces de asumir deberes y sacrificios, ejercer derechos, atraer tras su ejemplo a otros menos decididos, esclarecer a los confundidos y persuadir a los desviados y más alejados.
Así fueron aquellos de quienes dijo Fidel que nosotros ayer habríamos sido como ellos, y ellos hoy serían como nosotros. La juventud de Yara y Baraguá. Esa a la que unió Martí junto con los gloriosos veteranos. La que alzaron Mella, Rubén y Pablo. La que siguió a Guiteras, a Frank, a José Antonio. La que Fidel convocó al Moncada, al Granma, la Sierra y el llano. También, la que se ha mantenido batallando en sucesivas generaciones de dignos continuadores.
Aquellos de las patrullas y brigadas juveniles, Cinco Picos, maestros voluntarios, alfabetizadores, plan de becas, Makarenkos, Minas-Topes-Tarará, milicias estudiantiles… Los que defendieron la revolución socialista en los días de Girón, los niños artilleros; los de las armas estratégicas, la Crisis de Octubre, los cercos y peines en la cruenta lucha contra bandidos; los que han cumplido con honor en el servicio militar activo, las unidades militares de ayuda a la producción, el EJT, los Camilitos y cadetes… Los de las movilizaciones al café, los que respondieron al llamado para formarse en escuelas e institutos y tecnológicos, los becarios en el extranjero, los de las columnas juveniles, brigadas técnicas, la Nueva Trova, la Asociación Hermanos Saíz, los del movimiento deportivo y sus glorias…
Los de las obras de choque y contingentes de trabajo comunista y de constructores; los de las escuelas al campo y en el campo, los de las misiones internacionalistas como soldados, especialistas de la salud, la educación y otros; los que marcharon a trabajar y capacitarse en industrias de países socialistas; los destacamentos pedagógico, médico y de instructores de arte; los trabajadores sociales, los de las batallas de ideas, los que aún llevan la luz de la verdad a recónditos parajes del mundo; los científicos y trabajadores de la salud, cuya labor desborda fronteras y aportan decisivamente a la economía del país; los que enfrentaron el ébola en África y los que siguen salvando vidas y aliviando el dolor, en Haití y en remotas selvas y montañas… Los que como nuestros Cinco Héroes, en silencio han tenido y tienen que hacer su aporte inapreciable… Y quienes, en el escalón más alto, han caído y vivirán eternamente en el corazón de la patria.
Esos jóvenes, del ayer y del mañana, y que hoy piensan, dialogan, suman, disfrutan, cumplen sencillamente con su deber y no se dejan seducir, jamás le fallarán a Martí, a Fidel y a Raúl.


