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Publicado el 25 Noviembre, 2015 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

HONDA MARTIANA

El pensamiento de Nuestra América en el siglo XX (I)

armando-hart-davalosPor ARMANDO HART DÁVALOS

Ha llegado al fin la hora de América, la Nuestra, la de Bolívar y Martí. La hora de la que nos habló el Apóstol, la de proclamar nuestra segunda y definitiva independencia. Fue Martí quien con respeto y admiración dijo del Libertador:

“¡Pero así está Bolívar en el cielo de América, vigilante y ceñudo, sentado aún en la roca de crear, con el inca al lado y el haz de banderas a los pies; así está él, calzadas aún las botas de campaña, porque lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy: porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!”

Debemos tomar plena conciencia de que Bolívar y Martí tienen mucho que hacer en América, lo que ellos no hicieron está aún por hacer. Lo primero será estudiar, describir y promover, a partir de sus vidas la identidad de nuestro “pequeño género humano’’ y avanzar hacia un mundo más solidario donde la justicia impere con un verdadero sentido de universalidad. Reconózcase eso y se podrán hallar las vías de un futuro posible, luminoso y grandioso de la especie humana. Solo de esta manera podemos enfrentar la tragedia que tenemos ante nosotros: la humanidad está amenazada de muerte.

Por primera vez en la dilatada historia del hombre existe el peligro real de que nuestra especie no pueda sobrevivir a causa de una catástrofe ecológica de enormes proporciones o de guerras devastadoras que rompan el equilibrio, cada vez más precario, que hace posible la vida sobre planeta Tierra.

Para salvar a nuestra civilización de la catástrofe que la amenaza debemos partir de lo que nos diferencia y distingue del pensamiento llamado occidental. Si en la cultura europea se llegó a las más profundas verdades científicas, filosóficas y políticas sobre el fundamento de la racionalidad e incluso rebasándola con el pensamiento dialéctico, en Nuestra América podemos llegar aún más alto exaltando, no solo el valor de la inteligencia y la razón, sino también el de la conciencia, el amor y la fraternidad entre los hombres. Esto lo podemos hacer a partir de estudiar la vida de nuestros grandes próceres y pensadores. En el Libertador y en el Apóstol podemos encontrar un referente esencial. Bolívar nos caracterizó como “pequeño género humano”. Martí afirmó: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”. He ahí las claves de lo que distingue a nuestra gran patria latinoamericana y caribeña y nos permite relacionarnos con el mundo.

El pensamiento filosófico europeo alcanzó la más elevada cumbre cuando Marx y Engels afirmaron que los filósofos, hasta entonces, se habían encargado de describir el mundo y de lo que se trataba era de transformarlo. Sobre el cimiento de esa sabiduría se erigió el intento de transformación del mundo a favor de la justicia. Su punto más alto está en Lenin pero, por desgracia, aquella aspiración luminosa fracasó porque se impuso, a partir de su muerte, la mediocridad y la maldad y sus continuadores se desviaron de sus enseñanzas.

La que posteriormente Martí calificara como Nuestra América, en cambio, inició su historia filosófica, la de sus ideas, desde que se planteó ya en tiempos de Francisco de Miranda, cambiar el mundo a favor de la justicia. Esta aspiración, la de la utopía latinoamericana y caribeña, se mantiene viva en la vida y obra de los más grandes próceres y pensadores de estos dos últimos siglos de historia.

(Continuará…)

 


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos