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Publicado el 3 Diciembre, 2015 por Marieta Cabrera en Opinión
 
 

Disposición de servir

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marietaPor MARIETA CABRERA

Cada tres de diciembre, en diversos sitios del orbe, sobre todo en nuestra región geográfica, se recuerda que ese día de 1833 nació en Puerto Príncipe, hoy Camagüey, el sabio Carlos Juan Finlay. Un hombre que con su talento, perseverancia y generosidad descolló en el ámbito de la ciencia cubana del siglo XIX y alcanzó estatura universal por el alcance de sus descubrimientos.

La teoría finlaísta sobre el proceso de transmisión de la fiebre amarilla y la identificación del mosquito que propaga la enfermedad –la cual trataron de escamotearle al genio en su momento– sería de incalculable valor también en las investigaciones posteriores sobre otros padecimientos como el dengue.

Esa trascendencia de la doctrina del científico ha sido subrayada por el Comandante en Jefe Fidel Castro. En un discurso pronunciado en 1993, al referirse a la amarga experiencia vivida por los habitantes de esta Isla durante la epidemia de dengue hemorrágico que azotó al país en 1981, expresó: “[…] nos vimos enfrascados en una lucha muy seria, y ahí estaban la teoría y el pensamiento de Finlay presentes”.

Para honrar a esa mente lúcida, al médico consagrado y comprometido con el bienestar de sus semejantes, fue acuñado el tres de diciembre como Día de la Medicina Latinoamericana. En Cuba, con motivo de la fecha se organiza una jornada de homenaje almás de medio millón de trabajadores del sector que garantizan los servicios de salud a la población, a pesar de las limitaciones materiales que deben enfrentar en su quehacer cotidiano debido, en gran medida, al bloqueo de Estados Unidos contra la Isla.

Vale destacar el desempeño de los médicos, el personal de enfermería, los estomatólogos y los técnicos que atienden directamente al paciente en un hospital, un policlínico o un consultorio. Y valga reconocer de forma particular a quienes lo hacen en sitios apartados del archipiélago, con los recursos elementales, y aun así mantienen indicadores de salud favorables en esas poblaciones.

Asimismo, merecen respeto y gratitud por su labor los más de 51 mil colaboradores que trabajan en 68 naciones, una práctica que nace de la vocación solidaria del pueblo cubano, y cuyos servicios en determinadas modalidades de cooperación también son una importante fuente de ingresos para nuestro país.

La lección de humanismo dada al mundo por los integrantes de la brigada cubana que atendieron con gran pericia médica a enfermos de ébola en África Occidental, confirma una vez más la calidad del capital humano formado desde el nacimiento de la Revolución.

Esas sucesivas generaciones de profesionales altamente calificadas permitieron a Cuba materializar el concepto de cobertura universal y alcanzar rotundos éxitos como, por citar solo algunos, la tasa de mortalidad infantil de 4.2 por cada mil nacidos vivos lograda en 2014; la esperanza de vida de 78 años; y, más recientemente, la validación como el primer país del orbeque logra eliminar la transmisión materno-infantil del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y la sífilis.

Mejorar de forma continua los indicadores de salud de la población, la calidad de los servicios y con ello la satisfacción del pueblo, son retos del sistema sanitario, el cual aspira también a ser cada día más eficiente y que todo cuanto se haga resulte sostenible en el tiempo.

De cara a esos desafíos se trabaja en el reordenamiento del sector a fin de solucionar problemas de carácter organizativo y subjetivo como, por ejemplo, la falta de información clara y oportuna por parte de quien atiende al público, lo cual ocasiona malestar en la población y afecta el funcionamiento de la institución de salud.

Es igualmente incómodo que el médico comience la consulta mucho después de la hora prevista y, peor aún, privilegie en el orden de entrada a un amigo, o a quien le ofrece algún obsequio. Quien así actúa carece de ese conjunto de virtudes que permiten a un ser humano sentir como propias las necesidades de las personas a quienes se presta un servicio.

El profesor Ricardo González Menéndez,presidente de la Comisión Nacional de Ética Médica, expresó en una entrevista publicada en el sitio Cubaliteraria, que nuestras instituciones de salud tienen que convertirse en oasis de respeto, amabilidad, sensibilidad humana, disposición de servir, solidaridad y capacidad de involucrarse.

Avanzar en ese camino es prestigiar aún más a una profesión hermosa que ejercen con entrega absoluta muchos profesionales de la salud, dentro y fuera del país. Es también ser consecuente con el legado de Finlay, un médico cabal.

 

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Marieta Cabrera

 
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