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Publicado el 29 Diciembre, 2015 por Luis Toledo Sande en Opinión
 
 

Sobrecumplir cincuenta y ocho

Los patriotas de todos los sectores deben estar alertas, combativos, ante los afanes de promover actitudes como el egoísmo, aliado de la “desideologización” y la “despolitización”, que son recursos para sustituir el pensamiento revolucionario por la resignación y por la ideología propia de los ricos explotadores y de quienes, en cualquier parte del mundo, aspiren a serlo
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Luis-Toledo-Sande-21Por Luis Toledo Sande

Cuando, por aburrido y fracasado, se disolvía en el ridículo el vaticinio, iniciado en el propio 1959, de que a la Revolución Cubana le quedaban meses de existencia, lo reavivó el desmontaje del socialismo en Europa. Sin embargo, ella siguió su marcha, y hoy lo hace en un contexto donde el neoliberalismo mantiene o refuerza su ofensiva en la derechización mundial, con manifestaciones apreciables también en nuestra América.

Arreciada por múltiples medios la derechización –que se concentra en revertir las conquistas emancipadoras logradas por los pueblos incluso en las urnas–, y en medio de los daños que le ha causado a Cuba el bloqueo impuesto por los Estados Unidos, persisten los augurios contra la Revolución. Pero ella cumple su aniversario 57 y entra viva en su año 58.

Asume el deber de ajustar su marcha sin abandonar la brújula de la justicia social ni la vocación de soberanía que también confirmó desde el 1ro de enero de 1959. Su cumpleaños, días después de conmemorarse la muerte de Antonio Maceo en combate, mueve a recordar raíces de la patria encarnadas en héroes como él. Afincado en esas raíces, el paladín de la Protesta de Baraguá abrazó también la etapa de lucha que José Martí –fundamento moral de la obra que Fidel condujo a la victoria– iluminó con la convicción de que Cuba debía ser libre de España y de los Estados Unidos.

Además de seguir derrochando coraje en la guerra, Maceo legó un pensamiento cardinal, con el que dio respuesta a quienes carecían de huelgo para enfrentar el colonialismo español o creían en la buena voluntad de la potencia estadounidense. Esta perseguía frustrar la independencia de Cuba, y lo hizo en 1898, con la complicidad de la humillada corona española, matriz del gobierno ultraderechista que un siglo después promovió en la Unión Europea el acatamiento del bloqueo contra Cuba.

“De España jamás esperé nada, siempre nos ha despreciado, y sería indigno que se pensase en otra cosa”, dijo Maceo, para añadir: “Tampoco espero nada de los americanos, todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos, mejor es subir y caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.

La inercia lexical que ciñe a los estadounidenses el gentilicio americanos, muestra, también en el lenguaje, la voracidad de la potencia del Norte. Su gobierno, que lleva más de medio siglo intentando asfixiar a Cuba, hace un año anunció cambios tácticos que aún no ha hecho realidad, y están pensados para conseguir lo que no ha logrado con su pertinaz política de agresiones armadas y económicas.

Le convendría que la población cubana terminara minada por la ideología neoliberal que él propala. Por tanto, los patriotas de todos los sectores deben estar alertas, combativos, ante los afanes de promover actitudes como el egoísmo, aliado de la “desideologización” y la “despolitización”, que son recursos para sustituir el pensamiento revolucionario por la resignación y por la ideología propia de los ricos explotadores y de quienes, en cualquier parte del mundo, aspiren a serlo.

Contra Cuba el imperio necesita de apátridas y corruptos en todos los frentes, y concentra sus esperanzas en la juventud y en el sector privado o de gestión no estatal. Procura que la primera, continuidad natural en la obra de la patria, deserte física o ideológicamente de ella, y que el segundo subordine a las ambiciones materiales las necesidades de la nación.

Para el país es vital que sus fuerzas, cualquiera que sea su diversidad, continúen abrazando en su esencia el proyecto que hizo de él una plaza sitiada por la potencia imperial, y le ha valido la admiración de los pueblos, que valoran su ejemplo de resistencia y capacidad creativa. Tanta dignidad se perdería si el proyecto socialista abandonara su orientación en medio de las adecuaciones que –en un mundo no diseñado para la equidad– necesite en pos de lograr una prosperidad sustentable.

Conocer y asumir con acierto y con vocación justiciera la historia de la nación abona el optimismo y, con él, la unidad revolucionaria a la que están llamados todos los patriotas desde el ejemplo de los fundadores, entre ellos el Maceo que, en el texto citado, afirmó lo que él mismo refrendó con sus actos: “La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide: mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos”; y en otro ratificó la convicción con la cual el país alcanzó y debe seguir defendiendo su independencia y su soberanía: “Quien intente apoderarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha”.

 

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