0
Publicado el 3 Marzo, 2016 por Victor Manuel González en Opinión
 
 

Con nombre de mujer

Sobran motivos para celebrar este ocho de marzo, con la certeza de que en cada convocatoria de estos tiempos, las nuevas victorias podrán escribirse también con nombre de mujer
Compartir

Por Víctor M. González Albear

victor1

Cuba, Patria, Revolución, son nociones entrañables evocadas con nombre de mujer. En ellas se siente el alma de una madre. Desde la alborada del sentimiento nacional y pese a una herencia cultural profundamente machista y discriminatoria, los más esclarecidos próceres advirtieron que la obra liberadora solo era viable si estaba ungida de amor de mujer. Desde mucho antes, las cubanas plantaron semillas que germinarían en los héroes y heroínas de los momentos cruciales y en el anonimato cotidiano en el cumplimiento del deber.

La aborigen que prefiere segar la vida de sus hijos antes que entregarlos a la crueldad del colonizador. La negra que alza dotaciones insumisas frente al horror de la esclavitud. La cubana que reclama derechos de su género a los constituyentes en el crisol de la nación. Las marianas que empinaron a sus retoños en la pelea por la libertad y la justicia. Las enfermeras y capitanas mambisas. Las renuentes a la república neocolonial que también las sojuzgaba. Las del Moncada, la Sierra y el Llano. Las fundadoras y continuadoras.

Las de todas las batallas de estos 57 años de Revolución, desde la defensa, la seguridad, el orden interior, la obra manual e intelectual, científica y artística, el deporte, las misiones internacionalistas, los agobios del día a día en el frente y la retaguardia del hogar… las del sacrificio y la resistencia invencible, las que asumen con igual dignidad los nuevos y quizás mayores desafíos.

Todas tienen nombres, conocidos o no, reunidos en la común identidad de mujer. Y eso es lo que nos recuerda la mejor tradición en ocasión de recuentos y homenajes

No por sabidas es ocioso reiterar cifras internacionalmente acreditadas respecto a la realidad forjada por las mujeres cubanas en el ámbito propicio de una Revolución que las convirtió en objeto y sujeto de las grandes transformaciones. Apenas seis décadas antes ellas alcanzaban una esperanza de vida de 58 años, que ahora va rebasando los 80.

Hoy ocupan casi la mitad de los escaños en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Encabezan el gobierno en dos tercios de las 16 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud. Desempeñan 66 presidencias y 104 vicepresidencias en los 168 gobiernos municipales. Constituyen el 43 por ciento del Consejo de Estado, en el que hay dos vicepresidentas, y varias son ministras. Representan 66 por ciento de los profesionales y técnicos, las cuatro quintas partes en sectores clave como educación y salud, y frisan el 70 por ciento entre fiscales y abogados. Hay mucho más.

Sin embargo, estas verdades, que aún no colman la aspiración de lograr la plena igualdad y conquistar toda la justicia, contrastan con otras igualmente registradas en estadísticas de organismos internacionales. Ente cada salida y puesta de sol en todos los costados del planeta una de cada tres menores de 18 años contrae matrimonio sin su consentimiento. Casi 44 mil adolescentes dan a luz en países donde la mortalidad materna es la primera causa de defunción en esas edades. Ocurren unos 55 mil abortos inseguros y más de 82 mil nacimientos no planificados, en tanto que fallecen más de 800 mujeres por complicaciones en la maternidad y el parto, y uno de los primeros motivos de muerte es el feminicidio. Incluso en sociedades industrializadas que presumen de campeonas en derechos humanos, las mujeres perciben un salario inferior al de los hombres por igual trabajo, o deben elegir entre la muerte o la cárcel si necesitan interrumpir un embarazo no deseado.

Si bien en Cuba no está todo resuelto, sí hay comprensión de que a ellas ha tocado soportar el mayor peso de las dificultades impuestas por los rigores del bloqueo y las limitaciones propias, agudizadas en los años más duros del período especial, y las que aún subsisten para segmentos poblacionales donde los ingresos por salarios y jubilaciones apenas permiten dar cobertura a las compras de los alimentos necesarios no amparados por cuotas y precios normados.

Pero la ley va por delante de la conciencia y los comportamientos sociales en algunos aspectos. No se corresponden las prerrogativas legales para que ambos padres compartan deberes comunes en la crianza de los hijos con las secuelas de un machismo indolente, que pretende continuar descargando toda la responsabilidad en ellas.

Tampoco es admisible que en algún centro laboral se obvien las prerrogativas que otorga el Código de Trabajo a las madres. Nuevas alternativas e interrogantes plantea para la mujer su creciente incursión en los diferentes ámbitos y funciones de la gestión no estatal.

Aun así, sobran motivos para celebrar este ocho de marzo, con la certeza de que en cada convocatoria de estos tiempos, como ahora mismo ante el llamado de Raúl para fortalecer la seguridad del país contra amenazas a la salud, las nuevas victorias podrán escribirse también con nombre de mujer.

Compartir

Victor Manuel González

 
Victor Manuel González