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Publicado el 8 Marzo, 2016 por Eduardo Montes de Oca en Opinión
 
 

La izquierda, sin diatribas ni codazos

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Eduardo Montes de OcaPor EDUARDO MONTES DE OCA

Últimamente, analistas zahoríes andan rumiando una idea que se impone con el vigor de la mismísima realidad que refleja. Mientras que, por lo general, la derecha suele cerrar filas, en aras de los “intereses creados”, la izquierda anda como resquebrajada, sin ponerse de acuerdo, en aguas cada vez más procelosas para los pueblos.

Pareciera que los reaccionarios responden a una sola voz a la hora de sus tretas, que en postrera instancia hoy apuntan a golpes de Estado parlamentario-comunicacionales y algunas de las cuales detalla, en la digital RT, el profesor Carlos Santa María.

La disyuntiva les resulta fácil, como de manual elemental: la vía violenta por intermedio de la invasión armada y la acción cruenta del derrocamiento, o el camino agresivo del debilitamiento ejecutivo-legislativo-judicial, ayuntado con una táctica económica soterrada aunque efectiva. Estrategia especialmente aplicada por las potencias imperiales, que no dudan en utilizar todas las formas de lucha. Ucrania y la defenestración de Víctor Yanukóvich, un ejemplo.

En estas latitudes, los gobiernos que no adoptan una actitud de vasallos sufren un embate especial, sobre todo los que han establecido sólidos lazos de amistad y comerciales con China, Rusia e Irán, entre otros. “Lo anterior ha traído un nivel alto de politización en varios países, en los que se desea elaborar caminos autónomos para recuperar sus riquezas básicas, construir proyectos comunitarios e invertir socialmente, criterios que están en contravía del sistema neoliberal y las élites que lo respaldan”. Y la amenaza es evidente. Advertir los casos de Argentina y Venezuela.

Esta panoplia contiene una operación muy en boga, que, conforme al investigador, consta de seis elementos fundamentales: “1. Debilitar al Gobierno vigente a través de una estructura intensiva para destruir su credibilidad y, a su vez,  la economía […] 2. Acciones donde el capital se entrega a manos llenas para incrementar la propaganda opositora, financiar a los empresarios que manejan la producción o comercio de productos alimenticios de primera necesidad, incluidos los tecnológicos, financiando la actividad de partidos, organizaciones, desarrollo de la protesta, junto a una vinculación directa a la banca multinacional. 3. Medios de comunicación. Se asume que el impacto propagandístico afecta la conciencia, aprovechando que la empresa particular posee como mínimo en espacio y propiedad más del 82 por ciento en América Latina, lo que le permite un espectro que garantiza su mensaje persuasivo, de oscurecimiento y propaganda. 4. Infiltración en las Fuerzas Armadas construyendo un vínculo […] que defienda el golpe parlamentario […] 5. Intervención política interna y externa. Implica la intromisión en asuntos internos de otros Estados a partir de potencias o naciones que sirven de pivote a éstas, para crear la matriz comunicacional que no provoque reacciones si una autoridad legítima es derrocada o destituida. 6. Uso del Parlamento para ´modificar´ el modelo o desprecio a éste”.

Según Santa María, cabe relacionar también la guerra civil de baja intensidad, y, cita a Juan Carlos Romero, quien menciona la presencia de una confrontación en un territorio a partir de las esferas mediáticas y virtuales donde una plutocracia tiene, además, el poder económico-tecnológico, despreciando al Legislativo. “El objetivo es destruir  un sistema organizado de conquistas sociales y soberanía popular. Sus ideas coinciden con la metodología de los golpes parlamentario-comunicacionales, en tanto comparte la existencia de un laboratorio de logística conformado por investigadores especializados en el comportamiento social, segmentando a grupos determinados para indagar sus ideales, gustos, preferencias, pulsiones, defensas y rechazos, con el fin de estimular la superficialidad que conviene al sistema funcional y construir las nuevas preferencias por medio de la manipulación de los Medios. De igual modo, para conocer el ideario y conducta de los sectores populares con el fin de enervarlos hasta tal punto que su respuesta conduzca a la represión, detención, incluso el asesinato selectivo”.

La otra variable

A manera de madero seco, en crepitante hoguera, interviene  el conocido sociólogo Emir Sader, para quien las corrientes de ultraizquierda y los columnistas vinculados con esa visión son especialistas en hacer balances críticos de lo que han etiquetado como el fracaso de las otras variantes del mismo lado del espectro político. “Después de un silencio relativamente extenso, por no saber dar cuenta del prolongado éxito de los gobiernos progresistas de América Latina, se vuelcan hacia el tema del supuesto fracaso de los gobiernos de Venezuela, de Argentina, de Brasil, de Ecuador, cuando no de todos los gobiernos posneoliberales”. No devienen capaces de referirse a las extraordinarias transformaciones sociales que esos gabinetes han implementado en nuestras sociedades y que han hecho de ellos la izquierda del siglo XXI y referencia hasta para Europa, como en Grecia, España y Portugal.

Asimismo, obvian que esas administraciones, coordinadas, han sido las responsables del ahondamiento y la expansión de los procesos de integración regional, del Mercosur a la Celac, pasando por la Unasur, de forma independiente respecto a Estados Unidos. “Los mismos responsables de esas posiciones y su fracaso total –intelectuales latinoamericanos o europeos– siguen hablando con convicción de sus tesis, sin aprender nada del éxito de los movimientos sociales y fuerzas políticas que no han seguido sus propuestas, ni del descalabro de los que las han seguido”.

Empero, “el principal fracaso de la ultraizquierda fue no haber sabido comprender el carácter de la época histórica actual, de los grandes retrocesos a escala internacional. Siguieron haciendo sus planteamientos verbalmente radicalizados, sin darse cuenta de que el objetivo mayor de la izquierda hoy es derrotar y construir alternativas concretas al neoliberalismo, proyecto en que han avanzado tanto los gobiernos de América del Sur”.

Por otra parte, algunos sectores del ámbito en cuestión se han adherido a las tesis liberales en contra del Estado, apoyados en una “sociedad civil”, como si esa fuera una tesis factible. “No han salido de la fase de resistencia al neoliberalismo, sin participar de la disputa hegemónica del Gobierno y sin capacidad de construir fuerzas alternativas. Tienen la compañía de ONGs, pero están completamente distanciados de la historia concreta contemporánea de la izquierda realmente existente”. El futuro continúa siendo protagonizado por los factores y los liderazgos –como Evo Morales, Lula, Rafael Correa, Cristina Kirchner, entre otros– que disputan con la derecha y sus proyectos de restauración conservadora.

Aclara, el científico social, que las referencias fundamentales para entender la contemporaneidad proceden de la hegemonía imperial norteamericana. Para él ser de izquierda en la era neoliberal “es luchar por un mundo multipolar y por la construcción de un modelo de superación del neoliberalismo, de un modelo posneoliberal […] El modelo neoliberal surgió del agotamiento del modelo de desarrollo industrial comandado por las grandes corporaciones, que marcó el ciclo más grande de expansión económica del capitalismo”. La izquierda se reorganizó para resistir este estado de cosas y la acción gringa con éxitos dintintos.

En esta región , “el fracaso del modelo neoliberal y las luchas de resistencia permitieron elegir gobiernos posneoliberales en Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador”. Se integró así “una nueva izquierda, que ha incorporado la comprensión de las nuevas condiciones de luchas en el marco de las grandes y regresivas transformaciones por las que había pasado el mundo, en el final de la Guerra Fría y en el ascenso del modelo neoliberal. Líderes como Hugo Chávez, Lula, Néstor Kirchner, Evo Morales, Rafael Correa, pertenecen a esa nueva izquierda”.

Ahora, ¿por qué la admitida debilidad a nivel universal? Entre otras causas –ahí cabría el colapso de la Unión Soviética–, figura la adhesión de la socialdemocracia al modelo neoliberal. “Sea la incomprensión del rol de la hegemonía imperial norteamericana, sea las trampas en que ha caído respecto del neoliberalismo –en la Unión Europea–, lo cierto es que la izquierda del siglo XXI, posneoliberal, da ahora sus primeros pasos para constituirse, en países como Grecia y España, entre otros. Del fortalecimiento, constitución y la articulación entre los distintos sectores de la nueva izquierda –la izquierda del siglo XXI, la izquierda posneoliberal– depende la superación de la hegemonía imperial norteamericana y del modelo neoliberal”.

Superación en la que, según Frei Betto, mucho influirá el cuidado de la formación ideológica de la comunidad; entender que no se garantiza el apoyo general a los procesos dando al pueblo sólo mejores condiciones de vida, lo que puede originar en la gente una mentalidad consumista. Insiste en que en eso radica la falla en sitios que hoy acusan evidentes retrocesos. “Ahora tenemos que hacernos una autocrítica fuerte y preguntarnos cómo vamos a rescatar esos gobiernos progresistas desde el punto de vista de países como Venezuela, Argentina, Brasil”.

Llegados a este tema, algo sobresale, en nuestro leal saber y entender: la derecha acostumbra a formar trabadas legiones por la razón más que patente de los “intereses creados” –“poderoso caballero…”, apuntemos con el clásico–. Pero la izquierda… ah, la izquierda. Deberá unirse sin tantos codazos y diatribas entre sí, y aguzar la comprensión de las características nacionales para una brega contra el sistema que campea por sus respetos en el globo. Esto, si quiere que el mundo perdure.

 

 

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Eduardo Montes de Oca

 
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