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Publicado el 9 Abril, 2016 por Caridad Carro Bello en Opinión
 
 

Agricultura… todavía

Caridad Carrobello

Por CARIDAD CARROBELLO

Recientemente el presidente de los consejos de Estado y de Ministros, general de ejército Raúl Castro Ruz, envió una carta de felicitación a los campesinos cubanos reunidos en el IV encuentro nacional del Movimiento de Cooperativas de Frutales, las cuales suman ya 206 unidades y logran el 16.8 por ciento del total de la producción de este tipo en el país.

Tan alto reconocimiento es motivado por el trabajo de esas organizaciones en 2015, pues en general sus resultados no logran aún satisfacer al pueblo y los precios de comercialización de las frutas no se corresponden con cada escalón ascendido en dicha actividad, como ha señalado el vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura.

Tanto en frutas y hortalizas, como en arroz, granos, viandas y cárnicos, el Ministerio de la Agricultura (Minag) ha desarrollado cuantiosas inversiones con las estrategias de sustituir importaciones para el consumo nacional y suministrar cada vez más alimentos al turismo.

Años atrás se hablaba de “liberar trabas” para el superior funcionamiento de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa y de otras entidades agropecuarias, necesitadas de la readecuación de mecanismos financieros y de la adquisición de recursos, soluciones que no solo concernían a la Agricultura.

Ya hoy se han dado importantes pasos, por ejemplo, en las decisiones bancarias y en los suministros a cargo del Grupo Empresarial de Logística del Minag (Gelma). A la par, se han incrementado precios de compras a los productores, y van siendo más beneficiosos los sistemas de pago para quienes sudan la camisa bajo el sol.

Institutos científicos especializados continúan llevando el saber a pie de surco. Ponen en manos de nuestros guajiros la tecnología más actualizada y las variedades resistentes a condiciones climáticas adversas como la sequía, además de aconsejarles mejores prácticas agrarias.

Entonces, ¿por qué todavía no se ven los resultados en el plato?, ¿por qué no bajan consecuentemente los precios?

Más de una vez esta periodista ha escrito sobre esos temas, basándose tanto en los pormenores del contexto agrario, como en el resto de situaciones económicas especiales existentes en nuestro país –dígase la multiplicidad de formas de comercialización bajo precios desmedidos, doble circulación monetaria y cambiaria, entre otras.

Otra nueva situación se fue presentando con la ampliación de actividades por cuenta propia y la autorización de vender bajo precios de oferta y demanda. En el III Pleno del Comité Nacional de la Asociación de Agricultores Pequeños, se dijo que a ello se sumó la insuficiente cantidad de producción agrícola contratada por el Estado para la comercialización (un 30 por ciento), y que de esta se recogía solo un 60 por ciento.

No hay que ser genio matemático para darse cuenta de que con tan exiguos acopios, la gran tajada queda en manos de transportistas privados que van al campo o al Trigal, en La Habana, para acarrear producciones al por mayor; carretilleros, “socios” de cooperativas no agropecuarias que comercializan productos agrícolas, y un largo etcétera de personas con habilidades para vaciar los bolsillos del pueblo.

Reforzar el antes largamente criticado sistema de acopio, con naves, transporte, y otros recursos, parece ser ahora la tabla salvadora. Por lo pronto, esperamos ver mejoras en lo que resta de año.


Caridad Carro Bello

 
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