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Publicado el 6 Abril, 2016 por Arsenio Rodríguez en Opinión
 
 

Asesinos protegidos

Por ARSENIO RODRIGUEZ

Este tres de abril se cumplió un mes de asesinato a mansalva de la destacada luchadora por los derechos indígenas y medios ambientales en Honduras, Berta Cáceres, crimen sobre el que, hasta el momento, ni siquiera se conoce si existe alguna investigación para descubrir a los asesinos y mucho menos quién, o quiénes, pagaron para eliminarla de la escena política de esta nación centroamericana.

Su muerte fue condenada tres semanas después por el cardenal hondureño Andrés Rodríguez Maradiaga, quien denunció la forma en que había sido ultimada y cómo nadie puede quitarla la vida a otra persona, reiterando las denuncias acerca de los cada vez más altos índices de violencia que imperan en el país, lamentando que se asesinara ” por unas monedas” aunque de seguro los autores intelectuales del crimen de Berta deben haber pagado muy bien el ajusticiamiento.

Hace solo unos días, la hija de la asesinada dirigente, Laura Zúñiga Cáceres, y otros familiares, se dirigieron al Gobierno para precisar, en documento público, que ” hasta esta fecha, lo que sabemos con certeza es que ustedes como figuras principales del gobierno y Estado hondureño, no cumplieron con su deber de proteger la vida de Berta, a pesar de sus reiteradas denuncias de amenazas a muerte, y que desde 2009 la CIDH les indicó que estaba en graves y reales riesgos y solicitó que la protegieran. Es decir que ustedes ya son responsables de este crimen y esperamos que un día sean juzgados.

Otras declaraciones de personalidades e instituciones locales e internacionales han condenado la escalada de militarización existente en el país, en especial en las zonas de conflicto y exigieron la libertad, y finalmente la lograron, del mexicano Gustavo Castro Soto, ya que al ser testigo del ajusticiamiento de Berta, su vida corría peligro permanente, sobre todo porque es una figura tan relevante como la asesinada.

Condenaron además “ la existencia de fuertes vínculos del Gobierno con poderes económicos, representados por grandes empresas y entidades financieras nacionales y transnacionales, que promueven proyectos de explotación territorial que entran en contradicción con el modo de vida y los intereses de las comunidades que viven en esos territorios”.

Ellos denunciaron la falta de voluntad política del Gobierno para acabar con la “impunidad imperante con relación a los actos de violencia y las violaciones a los derechos humanos, en particular hacia los pueblos indígenas, ambientalistas y defensoras de derechos humanos.”

Por su parte, la hija de Berta, demanda un mes después protección por parte del Estado, sin obtener respuesta alguna, pues teme por su vida y la de su familia, mientras que los asesinos siguen sueltos y, al parecer tranquilos, dada la impunidad que les garantizan quienes los contrataron.

No se trata de un crimen común, uno más de los cientos que cada año han permitido a Honduras la triste categoría de ser considerado como uno de los países más peligrosos del planeta, ya que lo cotidiano son crímenes cometidos por bandas de delincuentes, narcotraficantes o sencillamente para robar en esta pequeña nación, a lo que se le suman ahora los asesinatos por razones políticas.

Berta sabía que era una mujer marcada para morir, señaló recientemente el conocido periodista Ignacio Ramonet. Había sido amenazada en numerosas ocasiones. Estaba en la mira de los escuadrones de la muerte, sicarios de los amos de Honduras. Pero ella solía decir; “nos tienen miedo porque no les tenemos miedo”, consiga que fue repetida por el pueblo hondureño durante el golpe de Estado en contra de Manuel Zelaya

En el caso de Berta, instituciones nacionales e internacionales denunciaron oportunamente el plan de hostigamiento y amenazas en contra de la desaparecida dirigente y sus más cercanos colaboradores.

Del miedo se ha pasado al horror colectivo en Honduras y evidentemente reinará en todo ese territorio hasta que exista la decisión política de las autoridades por acabar con esa terrible situación. Mientras, los asesinos no serán perseguidos, sino, más bien, protegidos.

 


Arsenio Rodríguez

 
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