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Publicado el 29 Junio, 2016 por Arsenio Rodríguez en Opinión
 
 

Una nueva generación de pobres

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Por Arsenio Rodríguez

Las frías estadísticas no son capaces de reflejar el sufrimiento  y las penurias en que viven millones de latinoamericanos y caribeños debido a la pobreza y a la indigencia, fenómenos sociales que como señalara hace un año la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)  en su informe Panorama Social de la Región 2015, se incrementarían ante la ausencia de verdaderas políticas de los Estados para eliminarlos.  A mediados de junio de 2016, en Ciudad Panamá, se alertaba sobre la recaída de millones de hogares en la pobreza, considerándose la principal amenaza para el progreso en nuestra región, esta vez señalado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en informe presentado en la sede del Parlamento Latinoamericano y Caribeño (Parlatino).

En el documento, titulado Progreso Multidimensional; bienestar más allá del ingreso, el PNUD muestra su preocupación por que entre 25 a 30 millones de personas pueden caer en la pobreza, muchos de ellos jóvenes y mujeres que tienen en la actualidad una inserción laboral precaria en los sectores de servicios, quienes forman parte de un grupo mayor, de 220 millones de personas, es decir un 38 por ciento de los que son vulnerables.

. Más de la mitad de los 300 millones de trabajadores en la región son asalariados en micro-empresas con menos de cinco puestos de trabajo, auto-empleados sin calificación. Asimismo, de las más de 50 millones de empresas pequeñas y medianas, el 70% son informales, y dos de cada tres nuevos empleos creados en la región fueron en el sector de servicios, que tiene baja productividad y altas tasas de informalidad. Sin aumentos futuros de la productividad de los sectores de baja calificación laboral, la sostenibilidad del crecimiento y, en consecuencia, de los logros sociales, se comprometen, señala el Informe. El PIB per cápita, añade el informe, subvalora los logros sociales y no mide aspectos importantes para el bienestar como la seguridad, la calidad del empleo, la igualdad o la conservación del medioambiente, entre otros.

La situación sin embargo se agrava, sobre todo por el peso que tienen Argentina y Brasil y las políticas neoliberales que los actuales gobiernos de esas naciones llevan a cabo y que solo traen desocupación y más pobreza a la mayoría de sus respectivos pueblos. La batería de medidas macroeconómicas de los primeros tres meses de gobierno de Macri en Argentina, por ejemplo, redundaron en que 1,4 millón de persones cayeran por debajo de la línea de pobreza.  Por su parte, el presidente interino de Brasil, que llegó al cargo mediante un golpe ya presentó sus cartas credenciales y con ellas los despidos de miles de trabajadores.

La publicación en abril del informe del Observatorio de Deuda Social de la UCA –la casa de estudios donde se formaron Macri y varios miembros del gabinete– puso en cifras las consecuencias del ajuste, y puso al Gobierno a dar explicaciones. La consigna “nuestro objetivo es pobreza cero en la Argentina” repetida por el Presidente durante la campaña, no sólo no se cumplía, sino que los pobres se multiplicaban. “Pobreza cero tiene que ver con una meta como sociedad. Es una meta desde ya inalcanzable”, se excusó recientemente el jefe de Gabinete, Marcos Peña, durante un brindis con periodistas en Casa Rosada.

Promesas de cambios y excusas posteriores, resultan una constante, sin importan el país donde se produzcan, ni los partidos que dicen estar a favor de los más desfavorecidos, pero mientras tanto siguen aumentando los pobres y los mendigos, los que unidos a los hambrientos hacen crecer las potencialidades para nuevas explosiones sociales en busca de solución a sus problemas, que en ningún momento serán resueltos por políticas neoliberales, ni por discursos demagógicos de politiqueros que solo buscan enriquecerse a costa de ese ejército de desamparados.

 

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Arsenio Rodríguez

 
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