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Publicado el 16 Noviembre, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Fue un espectáculo de “striptease”

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Cuando llegan las elecciones en Estados Unidos, la política se comporta como un espectáculo de striptease. Hasta el más común de los sentidos se va al piso.

De una u otra forma  durante más de 50 años  de enfrentamiento ideológico el debate presidencial estadounidense  abordó el tema de Cuba con un sentido visceral, pero creíamos  que por esta vez habría un mínimo de sensatez para superar esa postura de mendicidad política  donde  todo candidato político  cuando llega a Miami obligatoriamente recita  sus propósitos injerencistas contra la nación cubana.

Es la misma cantinela para seguir anclando la política exterior estadounidense en un curso errado que  solo genera tensión en el entendimiento entre vecinos,  cuando es un hecho que a Estados Unidos le conviene un mejoramiento de las relaciones bilaterales.

Cuando Obama y muchos otros políticos en Washington calificaron de fallida  el curso de la política seguida durante más de medio siglo no lo hicieron para nada por congraciarse o beneficiar al Gobierno cubano, sino porque se convencieron que la confrontación reduce las posibilidades de influencia y búsqueda del propósito de socavar las bases  políticas internas en la isla.

Pero, además, porque con mucho pragmatismo y mediante el diálogo, negociación y colaboración con Cuba en temas de interés común, los propios Estados Unidos se benefician  considerablemente en cuestiones tan trascendentales y sensibles en la actualidad como el migratorio, el narcotráfico, la problemática del medio ambiente, el manejo de catástrofes naturales, el orden y la ley, entre otros muchos que han estado visibles en la agenda de la Comisión Bilateral creada por ambos países.

Donald Trump  dijo muchas cosas contradictorias sobre Cuba, pero fue a Miami a buscar el voto  de los cubanos y reunido con la claque mafiosa habló  de echar atrás las políticas de Obama si La Habana no cumple ciertas exigencias estadounidenses, sobre asuntos donde muestra que está desinformado del día a día en la isla, de su realidad que han corroborado cientos de miles de estadounidenses  caminando las calles y conversando con el pueblo cubano en lo que va de año.

Lo simpático de todo es que la mafia anticubana pretende adjudicarse los resultados vencedores de Trump en la Florida y  que no son tales, como ya varios analistas han probado sobradamente, pues la comunidad de origen cubano en ese Estado  votó mayoritariamente por Hillary Clinton, quien,  a mi juicio,  expresó el discurso más descarnado de la injerencia en un programa televisivo hispano.

La candidata rebasó la finura diplomática de Barak Obama  con su tesis de que se acercó a Cuba para cambiar los métodos,  pero mantiene los mismos objetivos estratégicos de buscar la quiebra del sistema social y político cubano.

La Hillary enfatizó: “Apoyo los esfuerzos del presidente Obama con Cuba y creo que debemos poner fin al fallido embargo y reemplazarlo con un método más inteligente que empodera a los negocios cubanos, a la sociedad civil cubana y a la comunidad cubanoamericana a generar progreso y ponerle presión al régimen”.

Y abundó: “Sigo convencida de que crear lazos más fuertes entre los cubanos y los estadounidenses es la mejor manera de promover un cambio político y económico en la isla. No podemos bloquear a las empresas estadounidenses que pueden ayudar a que un sistema de libre empresa germine en tierra cubana, o evitar que los grupos religiosos estadounidenses, académicos y activistas establezcan contactos y asociaciones en suelo cubano”.

Con lo que dijo uno y otro candidato/a, queda claro que si queremos perseverar en nuestra soberanía e independencia no es posible acceder a concesiones que lesionan la dignidad y el respeto de iguales, que  es la piedra angular de las relaciones bilaterales, incompatible con el propósito de subvertir el orden político, económico y social de la nación.


Lázaro Barredo Medina

 
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