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Publicado el 30 diciembre, 2016 por Fabian Escalante en Opinión
 
 

La obsesión yanqui por matar a Fidel

fabian-escalantePor Fabián Escalante

En estos días, uno de los temas noticiosos más connotados –-a propósito de su desaparición física– ha sido la personalidad, impronta y legado de Fidel Castro, la huella dejada en sus contemporáneos, el ejemplo de tenacidad, disciplina, valentía, solidaridad, optimismo, su visión de futuro; a la par que muchos han recordado los numerosos planes, complots y conspiraciones que Estados Unidos urdió durante más de medio siglo para asesinarlo.

Las investigaciones realizadas al respecto demostraron que en 41 años los organismos de seguridad cubanos conocieron y desmantelaron 634 complots homicidas contra su persona, en diferentes estadios de elaboración, de ellos 60 dirigidos ejecutivamente por la CIA, en 10 de los cuales participó la Mafia de ese país, un triste record que ningún otro líder mundial alcanzó en la historia de la Humanidad y ello sin contar los no descubiertos.

La información antes expuesta -rigurosamente verídica- fue obtenida en los archivos de la Seguridad del Estado, los procesos penales incoados a los autores y juzgados por los Tribunales, y documentos desclasificados en Estados Unidos.

Venenos sofisticados, dardos mortales, fusiles para cazar elefantes, armas modernísimas, y otros artilugios fueron diseñados, preparados, o utilizados para concretar tales macabros planes.

Pero, no sólo trataron de asesinar físicamente al hombre sino también moral e intelectualmente, afectar su imagen y desacreditar sus ideas: polvos con drogas que afectaran sus sentidos, campañas mediáticas para denigrar su pensamiento y ejecutoria, en fin toda la creatividad y el poderío tecnológico y científico de la mayor superpotencia mundial puesto a disposición de ese objetivo.

Películas, documentales, comic, conferencias en Universidades de todas las latitudes, campañas radiales y televisivas, en fin, lo posible e imposible fue realizado, con abultados presupuestos, pero una y otra vez, fracasaron; la imagen y el pensamiento del líder cubano se fortalecía y proyectaba su luz hacia nuestros pueblos hermanos.

En el mundo, muchas personas se han preguntado el porqué de esta obsesión criminal de un poderoso gobierno – la superpotencia mundial- por eliminar, asesinar y sepultar las ideas de un hombre, que al frente de un pequeño país, nunca los agredió y luchó por la independencia y la soberanía de su pueblo, por alcanzar niveles de vida superiores para sus compatriotas, por practicar el internacionalismo de manera militante y desinteresada y dar un ejemplo de conducta revolucionaria.

Pienso que las razones de este odio visceral habría que buscarlas en la ejecutoria misma de la Revolución cubana, realizada a solo 90 millas de Estados Unidos.

El “establisment” norteamericano no estaba preparado para un desafío de tal naturaleza, pues América Latina era su patio trasero. La Habana era casi una ciudad más del Imperio, donde sus nacionales venían de vacaciones, a jugar y a consumir drogas, con gobiernos lacayunos que satisfacían aquí sus deseos y necesidades.

Más de 1,000 millones de dólares alcanzaban las inversiones norteamericanas en Cuba antes de la Revolución, los mejores centrales azucareros, las empresas de servicios públicos, las principales inmobiliarias, las grandes industrias, clubes, campos de golf, hoteles, las refinadoras de petróleo, en fin todo lo que valía, era propiedad norteamericana, incluidos los inversionistas de la Mafia que ya se habían asentado en el país, para hacer del mismo un burdel internacional.

Gobiernos corruptos como los de Ramón Grau, Carlos Prío y Fulgencio Batista les aseguraban aquel paraíso para sus inversiones y ocio, que según los planes de entonces, devendría en “las Vegas del Caribe”.

El primer día de enero de 1959 se encontraron que en aquella apacible y hasta entonces bucólica Isla del Caribe, se había desencadenado, tras más de 25 meses de lucha armada en las sierras y llanos, una verdadera Revolución, que muy pronto transformaría el “status quo” existente, llevando a cabo un programa de transformaciones sociales, políticas y económicas sin precedentes en el continente americano, que afectó directamente los cimientos mismos del Imperio norteamericano.

Las reformas agraria y urbana, la rebaja de las tarifas de electricidad y telefónicas, la construcción de escuelas, el destierro del juego y la corrupción, la derrota de los mercenarios por ellos apadrinados en Girón, el éxito de la gran campaña de Alfabetización que eliminó el analfabetismo, y la nacionalización de las principales propiedades norteamericanas en Cuba, por su saboteo y oposición a las medidas sociales implementadas, fue el aldabonazo que estremeció al poderoso “vecino del norte”, colocándolo en evidencia ante la opinión pública mundial.

Y todo realizado a plena luz, transmitido en vivo y en directo por las emisoras de radio y la recién estrenada televisión, diseñada para el dominio de la conciencia de las grandes masas poblacionales. Nunca antes, ésta se había utilizado de manera tan ingeniosa y el pueblo cubano, al igual que otros pueblos del Mundo, conocía, día a día, hasta los más mínimos detalles de aquel extraordinario proceso que se realizaba en Cuba y que revolucionaba la forma de hacer una Revolución.

El 6 de agosto de 1960 en el estadio de pelota del Cerro capitalino, abarrotado por el pueblo y transmitido por la TV, Fidel y los líderes revolucionarios proclamaron al Mundo, la nacionalización de todas las empresas norteamericanas y la finalización de sus operaciones en Cuba. Algo inaudito para el Imperio y que colmaría su copa.

Pocas semanas más tarde, en septiembre de ese año, aprovechando una visita de Fidel a la ONU en la ciudad de Nueva York, la CIA contrató a la Mafia para asesinarlo. Algo totalmente probado por sus desclasificados documentos. A partir de entonces, comenzó la cacería que se prolongaría por más de cincuenta años, de manera infructuosa. La Revolución continuaría su proceso de profundización y meses después proclamaría su carácter Socialista.

En estos años de luchas y victorias, Fidel con su talento y ética forjó un nuevo concepto de “hacer política”, que años después, al inicio del presente siglo definiría como el concepto de Revolución.

La política hasta entonces, desprestigiada y prostituida, enlodada por siglos de corrupción, conspiraciones, luchas intestinas por el poder, etc., emergió de su pensamiento como algo novedoso, diferente, que se relacionaba con la mejor manera de servir a los intereses de la Patria y de la humanidad, y en nuestro caso, de construir una sociedad “con todos y para el bien de todos”, algo que conmovió el concepto de la denominada “democracia representativa” auspiciada y promovida por el Imperio como el nivel más elevado de la democracia.

Desde entonces hay dos tipos de democracia, la de ellos, denominada “representativa”, todavía no sé por qué, prostituida y corrupta como las recientes elecciones en aquel país han demostrado, y la socialista cubana consagrada en la existencia de nuestros poderes populares, en la concepción misma de la estructuración y formación de la sociedad civil y la defensa de los derechos humanos fundamentales, aunque aún sea necesario perfeccionar nuestro sistema democrático.

Es la política que Cuba ha desarrollado consecuentemente en este último medio siglo y no solo para beneficio de los intereses de un país, sino de la Humanidad toda, ya sea apoyando a todos aquellos que luchaban por su independencia y liberación; enfrentando y venciendo a los ejércitos del Apartheid, liberando en una campaña militar sin precedentes históricos, a pueblos en África; llevando la enseñanza y la medicina a los “más oscuros rincones del Mundo”; o alertando sobre la hecatombe ambiental que se nos avecina.

Nunca se conoció en nuestro Planeta un líder interesado y ocupado en la resolución de tan disímiles problemas, una epopeya de tal naturaleza, que precisamente dirigió y comandó Fidel Castro y…. por esos “pecados” Estados Unidos lo condenó a muerte.

Sin embargo, fracasaron, una y otra vez, sus complots criminales contra su vida y para derrocar la Revolución, como fracasarán nuevamente las amenazas imperiales que se avizoran en el horizonte, después de las elecciones norteamericanas. Cuba es un bastión de las ideas de Fidel, de la solidaridad, de los derechos humanos, del socialismo.

No pudieron eliminarlo físicamente, murió cuando y como él quiso, después de una larga y provechosa vida al servicio de su pueblo y de la Humanidad. Fidel estará por siempre en nuestro corazón y más, en nuestro pensamiento y actuar.

(Tomado de La pupila insomne)

 


Fabian Escalante

 
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