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Publicado el 17 diciembre, 2016 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Resistir fue nuestra victoria

Por LAZARO BARREDO MEDINA

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

El 17 de diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaron la decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU, mientras que la nación cubana se conmocionó con el regreso de los tres héroes injustamente encarcelados en cárceles del imperio y la alegría de compartir la presencia en la Patria de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, convirtiendo en realidad la promesa visionaria de Fidel de que ¡Volverán!

La decisión del presidente Obama  reconoció como “fallido” el ejercicio de la política que durante cinco décadas los Estados Unidos condicionaron por una confrontación permanente con el uso de la coerción  y la violencia, en tanto  enalteció al pueblo cubano  que acendró en varias generaciones una heroica y tenaz resistencia en su inquebrantable voluntad de perseverar en los ideales de independencia y justicia social, bajo la conducción firme y sabia de Fidel.

Desde el 17 de diciembre de 2014, como ha dicho reiteradamente el Presidente Raúl Castro,  “se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones, que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero; se devuelva a Cuba el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra la isla, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre”.

No es menos cierto, sin embargo, que ningún presidente estadounidense en funciones había manifestado su opinión contraria al bloqueo contra Cuba ni adoptado una providencia a nombre de un importante sector político para aminorar la confrontación entre ambas naciones, pero los progresos alcanzados en los intercambios sostenidos  demuestran que es posible encontrar solución a muchos problemas y que  podía haberse avanzado mucho más en estos dos años si Estados Unidos no siguiera aferrado a las viejas pretensiones de su política “de la fruta madura”.

El gobierno estadounidense persiste en ese objetivo, solo ha cambiado los métodos, y el propio Obama ha reiterado una y otra vez lo que dijo dos días después del anuncio del 17 de diciembre de 2014 al argumentar el cambio de política hacia Cuba: “…el sentido que tiene normalizar las relaciones es que nos brinda más oportunidad de ejercer influencia sobre ese gobierno que si no lo hiciéramos.” (…) “Pero lo cierto es que vamos a estar en mejores condiciones, creo, de realmente ejercer alguna influencia, y quizás entonces utilizar tanto zanahorias como palos”.

La asimilación y adaptación a las nuevas realidades prueban precisamente la capacidad política de la sociedad cubana para perseverar en su objetivo nacional de mejorar la relaciones con su gran vecino sin renunciar o claudicar en sus principios, ni ceder en la defensa de su soberanía nacional.

Cientos de miles de estadounidenses han venido a la isla en estos dos años y lo trascedente es que la mayoría regresan convencidos  de que una buena relación de vecindad con Cuba favorece muchas cosas, pero sobre todo a la propia  seguridad nacional de Estados Unidos, porque la isla en cierta manera es una barrera que contribuye a la protección de su territorio.

Pero también han constatado que los argumentos enunciados por el Presidente Raúl Castro son base sólida: debemos aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias, porque Cuba nunca aceptará ninguna presión dirigida a modificar cuestiones relacionados con los asuntos internos del país. Ningún tema del orden interno cubano está en negociación.

Además de 11 acuerdos en todo tipo de campos, desde investigaciones sobre el cáncer y medidas contra el narcotráfico a la protección del medioambiente marino y el servicio de correos directo con la isla, se han producido intercambios técnicos entre ambos gobiernos sobre variados asuntos, como seguridad de la aviación civil, la seguridad aérea, la prevención y las respuestas a derrames de petróleos en alta mar en operaciones de perforación en aguas profundas,  derechos humanos, hidrografía y cartas náuticas, la trata de personas y la prevención de fraude migratorio, entre otros, han demostrado que ambos países podemos beneficiarnos debido a nuestra cercanía y la visión que tenemos en algunos temas vinculados a la Seguridad Nacional.

Tampoco es posible ignorar que los cambios de   la política de los Estados Unidos hacia Cuba anunciada el 17 de diciembre de 2014, estuvieron dirigidos a mejorar su estrategia en las  relaciones con  América Latina y el Caribe, donde encontraron severas críticas y una  creciente solidaridad con el pueblo cubano.

Hoy se cierne un manto de incertidumbre a nivel planetario ante la próxima asunción de otro presidente estadounidense. Cuba demostró que el legado ideológico más acabado y abarcador del Comandante en Jefe de la Revolución cubana está contenido en el Concepto de Revolución, que millones de cubanos firmamos solemnemente.

Fidel siempre estuvo convencido de que el gran héroe de la proeza en el deafío a Estados Unidos fue el pueblo, que aportó sus grandes sacrificios y su inmensa confianza en la dirección revolucionaria. En una conversación sostenida el 28 de enero del año 2000  con Federico Mayor Zaragoza, quien fuera Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), no solo abundaba sobre ese concepto, sino también sobre su desaparición física y la idea de que pudiera originar el trauma de una transición caótica.

Dijo el Comandante en Jefe:

F.C.- Conozco bien que el hombre es mortal, y no preocuparme jamás por ello ha sido clave de mi vida. Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era bastante poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, y en todo caso, nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. No habrá trauma, ni será necesaria transición alguna.

La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de 40 años. No se trata de la sustitución de un hombre por otro.

Cuando una Revolución verdadera se ha consolidado y la siembra de ideas y de conciencia ha comenzado a dar sus frutos, ningún hombre, por importante que haya sido su aporte personal, es indispensable. No existe en Cuba culto a la personalidad. Nadie verá ni siquiera fotos oficiales, ni calles ni parques o escuelas que lleven el nombre de dirigentes vivos. Las responsabilidades están muy compartidas y el trabajo distribuido entre muchos.

  Siempre que en Washington   surge cualquier atisbo de distensión se desatan las fuerzas anticubanas que privilegian  la hostilidad y el aislamiento,  con la ignorancia  y la subestimación de que hemos aprendido a prepararnos no solo para sobrevivir, sino para luchar por salir adelante aún en las peores circunstancias, porque no seremos jamás vasallos de nadie.

Como ha dicho Raúl “resistir ha sido la palabra de orden y la clave de cada una de nuestras victorias, durante este medio siglo de ininterrumpido batallar, en que hemos partido invariablemente de jugarnos nuestra propia piel, sin dejar de reconocer la amplia y decisiva solidaridad recibida.”

 


Lázaro Barredo Medina

 
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