0
Publicado el 13 Febrero, 2017 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Cómo se inventa una guerra

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

Cuando las potencias capitalistas dominantes quieren estigmatizar a otra nación que se niega a doblegárseles, utilizan el método de la tergiversación de la realidad, e incluso la mentira, para emprender sus planes. Ejemplos de guerras iniciadas bajo este método hay muchos en los dos siglos pasados. Ahora la República Islámica de Irán es cuestionada, otra vez, por su capacidad defensiva.

En tal sentido Estados Unidos amenazó al pueblo persa con nuevas sanciones si este insiste en sus pruebas de misiles balísticos. Sin embargo, el Ministerio de Defensa iraní aseguró –sin confirmar o desmentir los ensayos, supuestamente realizados este 29 de enero– que la doctrina nacional de seguridad está pensada para enfrentar a enemigos regionales y mundiales, pero al mismo tiempo, y esto es lo más importante, se guía por preceptos religiosos que enaltecen la vida.

Es preciso acotar que para muchos países del Oriente Medio, ya sean árabes o persas, Israel con su ideología sionista representa un factor desestabilizador, lo mismo que el Imperio yanqui, pese a que se declaran luchadores contra el terrorismo. Pero el mundo sabe y lo ha reiterado Teherán, que la Casa Blanca ha sido de las primeras en fabricar grupos beligerantes para acabar las democracias que le son antipáticas. Recuérdese Libia o Siria.

Este episodio contra Irán no es inédito. Pero tensiones anteriores fueron superadas tras la implementación del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) entre Irán y seis potencias mundiales, el cual acaba de cumplir un año el 16 de enero. A propósito de la fecha, la Casa Blanca emitió un comunicado positivo, aunque su presidente haya declarado que quiere hacer borrón y cuenta nueva y usar mano dura contra Irán.

De cualquier manera se trata de una postura más que de una posibilidad, pues Irán insiste en señalar que sus misiles nunca llevarían una ojiva nuclear y que carece de planes para desarrollar armas atómicas. También han dejado claro que nunca negociará su arsenal de armas convencionales con ningún país.

O sea para levantar sospechas se están involucrando elementos distintos: las armas convencionales y lo incluido en el PAIC. Y es en este último punto donde hay que recordar que se trata de un acuerdo internacional, cuya renegociación es inaceptable. El arreglo fue establecido entre Estados Unidos, Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania e Irán, la que convenió reducir sus actividades nucleares –con fines pacíficos harto conocidos–, a un nivel considerable a cambio de la suspensión de sanciones.

Cualquier revisión del acuerdo debe pasar por el apoyo del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y el de la comunidad internacional. Por eso la Cancillería iraní le ha restado importancia a la postura estadounidense sobre su programa de misiles.

Aun con esa incompatibilidad, sobre el país persa se levanta una amenaza nada despreciable: conocidas son las guerras libradas por los poderosos, e incluso algunos expertos valoran una acción militar gringa. Aunque puede suceder que solo se pretenda, mediante amenazas, forzar a Irán a hacer mayores concesiones buscando su desarme, algo muy improbable, teniendo en cuenta el patriotismo de su pueblo.

De ahí que Washington necesite fabricar un estado de opinión negativa, empezando por denunciar al programa de misiles balísticos de Irán, que no forma parte, ni del acuerdo nuclear, ni de la resolución 2231 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2015. Y ya va aplicando medidas como la de prohibir a los ciudadanos iraníes viajar a los Estados Unidos. Es decir, el equipo anti-iraní de Washington combina amenazas militares con guerra psicológica.

Incluso sobre el Congreso estadounidense pesa un debate que deberá autorizar o no el uso de las Fuerzas Armadas con el supuesto de evitar que Irán obtenga armas nucleares. Esta eventual medida es seguida de cerca por el influyente lobby judío, que a su vez tiene el visto bueno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien al cierre de esta edición, tenía previsto en una reunión con Trump, estudiar la renovación de sanciones contra su principal oponente en la región.

Todo un montaje en escena para un futuro desenlace de guerra. Si Irán cumple con las exigencias del Organismo Internacional de Energía Atómica, si faltan evidencias de que Teherán esté fabricando armas nucleares, y si además cumple con lo pactado en el PAIC, no hay motivos reales, a no ser que se considere como amenaza querer preservar la soberanía patria.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda