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Publicado el 6 Febrero, 2017 por Fabian Escalante en Opinión
 
 

Entre el garrote y la zanahoria (II y final)

fabian-escalante-fontPor FABIÁN ESCALANTE FONT

Dentro de Cuba, varios intentos para reorganizar a la contrarrevolución fueron puestos en marcha por el denominado JM. Wave, ejército terrorista encargado de desatar la guerra sucia en Cuba. Probablemente su influencia más importante fuera en el llamado Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR), entonces dirigido por Luis David Rodríguez, que había logrado formar un bloque o unidad contrarrevolucionaria –la Resistencia Cívica Anticomunista.

Integrado por grupos conspirativos que aún sobrevivían y restos de alzados en armas en el Escambray, al mando de Tomás San Gil, tenían como eje central de sus planes asesinar a Fidel durante un acto público, propiciar un levantamiento armado en las principales provincias del país, y al propio tiempo, provocar un ataque al enclave militar norteamericano de Guantánamo, que sirviera de pretexto para una intervención yanqui.

En el sabotaje interno la CIA llegó a planear todo tipo de artilugios y mecanismos que directa o indirectamente afectaran la producción, la economía u otros medios vitales de los servicios públicos

En el sabotaje interno la CIA llegó a planear todo tipo de artilugios y mecanismos que directa o indirectamente afectaran la producción, la economía u otros medios vitales de los servicios públicos. Uno de sus agentes organizó una red para sabotear el transporte público a escala nacional, al verter virutas de acero en los motores de los vehículos. Otras acciones como roturas de maquinarias, daño a los neumáticos, fueron puestas en marcha, debidamente ilustradas por medio de instrucciones detalladas en panfletos, que les hacían llegar a sus colaboradores, utilizando principalmente la correspondencia nacional.

Los grupos de misiones especiales, o comandos de infiltración para el sabotaje, abastecimiento y la subversión que operaban desde la JM Wave, fueron desarticulados cuando intentaban dinamitar las minas de cobre en la provincia de Pinar del Rio. En su lugar la CIA formó los denominados comandos mambises, con su campamento principal en las inmediaciones del Lago Porchartrain, en Nueva Orleans. Las grandes embarcaciones o buques madres, seguirían en su fondeadero de Miami, desde donde, puntualmente, según la operación en curso, se trasladarían para recoger a los comandos y realizar las acciones encomendadas.

Varios operativos fueron realizados con éxito, entre los que se encontraron el ataque al puerto de Casilda y la agresión perpetrada contra instalaciones portuarias de Santa Lucía en la occidental provincia de Pinar del Rio. Adicionalmente realizaron 22 operaciones de sabotaje aprobadas por el Consejo de Seguridad Nacional (CSN), en su mayoría fracasadas por las medidas de seguridad tomadas. Además, participaron en 137 acciones terroristas contra objetivos costeros y embarcaciones cubanas, además de las infiltraciones de armas y pertrechos de guerra, que constantemente hacían para los grupos internos.

El 22 de octubre el buque REX, nave insignia de la CIA, fue sorprendido mientras realizaba una importante infiltración de armas y pertrechos bélicos en la costa sur de la provincia de Pinar del Rio.

Tira la piedra…

La “joya de la corona” de esta guerra sucia fueron sin dudas las denominadas operaciones autónomas

La “joya de la corona” de esta guerra sucia fueron sin dudas las denominadas operaciones autónomas: Estas consistieron en un “invento” subversivo de nuevo tipo, que suponía desviar el accionar de los principales grupos contrarrevolucionarios (CR) controlados por la CIA fuera del territorio norteamericano, para así poder negar convincentemente sus acciones.

Se puso de manifiesto, como quizás nunca antes, la política de doble rasero adoptada por la administración norteamericana desde antes. El comité Church, que en 1975 investigó a nombre del Congreso de Estados Unidos los complots de la CIA para asesinar a dirigentes políticos extranjeros definía negar esos hechos: “el concepto original de la negación plausible preveía realizar acciones encubiertas de una forma calculada para ocultar la participación americana si las acciones fueran descubiertas. La doctrina era por momentos una ilusión y en otros, un engaño. […] Cualquier teoría que coloque a los funcionarios elegidos en la periferia del proceso de la toma de decisiones, es una invitación al error, o un abandono de la responsabilidad y una perversión del gobierno democrático. La doctrina es la antítesis de la responsabilidad”. […]

Esta noción de la política exterior fue complementada en el terreno operativo, con las mencionadas operaciones autónomas, diseñadas en 1963 por la CIA, como normativa, en cuyo preámbulo instruía: “serán ejecutadas exclusivamente por nacionales cubanos, motivados por la convicción de que para desalojar al régimen debían actuar los cubanos de adentro y de afuera, en consonancia. El esfuerzo, probablemente costará muchas vidas cubanas, que se vuelve inaceptable para la conciencia de Estados Unidos […]. El gobierno norteamericano debe estar preparado para negar públicamente cualquier participación en este tipo de actos […]. Todas las operaciones autónomas serán montadas fuera del territorio norteamericano […]. Después de entrar en relación con un grupo, el representante de Estados Unidos debe dejar claro que el gobierno no tiene intención de intervenir militarmente, excepto para enfrentar a los soviéticos […]. Un experimentado oficial de la CIA será asignado para trabajar con el grupo. Él dará la información general y los apoyos materiales necesarios. Él debe influir, pero no controlar el curso de las operaciones”.

A partir de tales indicaciones las operaciones autónomas se proyectaron en diferentes ángulos o vertientes de la estrategia planeada. Entre sus objetivos se encontraron: La obstaculización del comercio marítimo; la organización y estabilización de un foco guerrillero interno; las acciones contra objetivos costeros; el sabotaje o destrucción del potencial industrial y energético cubano; los atentados contra Fidel Castro; la reorganización de la contrarrevolución interna; la división del movimiento revolucionario; la penetración en el ejército rebelde con fines diversionistas y la preparación de un golpe de Estado interno, que facilitara una acción definitiva de Estados Unidos contra Cuba.

Varios comandos contrarrevolucionarios, constituidos al amparo de estas normas, comenzaron su actuar, entre ellos el de Manuel Artime Buesa, quien desde Nicaragua con el apoyo de su dictador Anastasio Somoza desarrolló la II Guerrilla Naval, que tenía como misión obstaculizar y detener el comercio naval hacia y desde Cuba, principalmente proveniente de los países socialistas, mediante el ataque y destrucción de sus naves.

Según participantes de ese proyecto, “a ese grupo se integraron unos 500 hombres, contando con dos bases y un centro de comunicaciones, en Nicaragua, un almacén de armas en Costa Rica y oficinas en Miami, donde radicaba la jefatura. Llegaron a disponer de dos buques madres de 250 pies de eslora, una docena de lanchas rápidas de desembarco, con motores silenciosos, un avión C-47, dos avionetas Cesna y un hidroavión, 200 toneladas de armas y un sofisticado sistema de comunicaciones que incluía el contacto permanente con la CIA. En dos años y medio de operaciones costaron a la CIA alrededor de siete millones de dólares”.

La administración seleccionó a Manuel Ray Rivero, un ex ministro del primer gobierno revolucionario cubano para construir una nueva organización en el exterior, la Junta Revolucionaria en el Exilio (JURE), que uniera a los grupos CR más “razonables” y menos intransigentes en la búsqueda de una solución pacífica al asunto cubano, que estratégicamente debía devenir, en el momento adecuando, instrumento en las negociaciones que se proyectaban con Cuba. Sería una exigencia de Estados Unidos para que los cubanos aceptaran como representante del exilio a una organización opositora de corte socialdemócrata en un eventual gobierno “reconciliación nacional” en la Isla.

Otro proyecto, el liderado por Enrique Ruiz Williams, ex mercenario de Girón, se puso en marcha aliado a los líderes contrarrevolucionarios Eloy Gutiérrez Menoyo y Antonio Veciana Blanch y su grupo Alfa 66, el cual se proponía organizar un destacamento armado en Santo Domingo para, en su momento, desembarcar por las costas de Baracoa en la provincia de Oriente y desarrollar allí la lucha de guerrillas.

El denominado Directorio Revolucionario Estudiantil (DRE), una típica operación autónoma de la CIA, desde su formación en 1961 se unió a los empeños ya descritos. Sus misiones estaban relacionadas con dos vertientes: la terrorista, mediante ataques co-mandos a las costas habaneras, principalmente con fines publicitarios destinados a darle protagonismo público; y la otra, una cuidadosa campaña publicitaria y de guerra sicológica destinada a subvertir la imagen de la revolución cubana en los medios estudiantiles de nuestra área geográfica.

Mientras, las contradicciones existentes entre el exilio y la CIA con el proyecto dual gubernamental de la doble vía, hizo nacer la Junta de Gobierno Cubana en el Exilio, JGCE, una formación que debía reunir a los grupos más recalcitrantes del exilio y el sindicato del crimen organizado, la mafia.

Estos sujetos encabezados por el expresidente Carlos Prío pretendían capitalizar al exilio, –aquel que no aceptaba el JURE, ni medias tintas–, en la solución del caso cubano. Decían contar con un presupuesto de 50 millones de dólares entregados por el mencionado “sindicato”, a fin de derrocar al gobierno cubano y recuperar sus antiguos casinos de juego en la Habana.

Lo cierto es, que posteriormente, tras el asesinato de JFK, investigadores de la comisión Warren y, luego, del comité Selecto de la Cámara de Representantes, lo vinculó con señales y amenazas contra la vida del presidente, demostrando que la vida orgánica de la JGCE duró el tiempo que media entre mayo y noviembre de 1963. Con la muerte e Kennedy, desapareció misteriosamente.

Entre los afiliados más activos de la JGCE se encontraban el Movimiento de Recuperación Revolucionaria Insurreccional de los “célebres” Orlando Bosh y Posada Carriles; el Movimiento Nacionalista Cubano de los no menos “encumbrados” hermanos Novo Sampol, los Comandos L de Antonio Cuesta, y otros más, que tenían como misión esencial atacar instalaciones y aterrorizar a funcionarios cubanos en países extranjeros.

Foco delirante

Nuevas reuniones del CSN el 19 de junio del propio 1963 presidida por Robert Kennedy evaluaron los objetivos de la administración en su guerra contra Cuba, al tiempo que aprobaba 24 grandes sabotajes dentro de la Isla

Nuevas reuniones del CSN el 19 de junio del propio 1963 presidida por Robert Kennedy evaluaron los objetivos de la administración en su guerra contra Cuba, al tiempo que aprobaba 24 grandes sabotajes dentro de la Isla. Los aspectos priorizados fueron: 1- incrementar las operaciones autónomas (antes descritas). 2- fortalecer el desarrollo de las operaciones Am/Truck y Am/Lash (golpe militar y de Estado en Cuba.). 3- incrementar el bloqueo económico y multilateral. 4.- acrecentar el aislamiento político de Cuba dentro y fuera del continente. 5.- priorizar el asesinato de Fidel. 6.- ampliar los objetivos y fines de la guerra sicológica: (calumniar internacionalmente al proyecto revolucionario, desacreditar a las FAR, romper la alianza con la URSS, aislar a Cuba, agudizar las contradicciones políticas entre las organizaciones revolucionarias). 7.- explorar conversaciones de paz, que desde posiciones ventajosas resolvieran el diferendo existente y apartar a Cuba del bloque soviético.

En octubre, según la información desclasificada por el gobierno de Estados Unidos sobre este asunto, el presidente, a sugerencia del CSN, aprobó nueve sabotajes a grandes instalaciones energéticas y productivas en el interior de Cuba.

Las operaciones Am-Truck y Am-Lash estaban dirigidas contra las FAR y las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), a los fines de captar y reclutar adeptos en el ejército y los mandos políticos para un eventual golpe de estado dentro del país, asesinando a Fidel como paso previo a ello.

Para esos fines el 29 de octubre Desmond Fitzgerald jefe de la CIA a cargo de Cuba, se entrevistó en París, Francia, con su veterano agente el excomandante Rolando Cubela Secades (Am/Lash) quien había sido jefe militar del Directorio Revolucionario durante la insurrección contra Batista y luego presidente de la FEU a quien le propuso, en unión con el ex comandante Ramón Güin Díaz (Am/Truck) el asesinato de Fidel y el golpe militar con las fuerzas que ambos decían tener para tales empeños. Se acordó que de resultar exitoso el golpe podía contar con el apoyo y respaldo del Gobierno de Estados Unidos.

En las discusiones de París para puntualizar los planes de asesinato a Fidel Castro, Cubela exigió a Fitzgerald una confirmación de la anuencia presidencial al proyecto golpista y solicitó la inclusión en un discurso de Kennedy de la siguiente idea: “una banda de conspiradores se apoderó de la Revolución cubana y la entregó al imperio ruso”.

Pocos días más tarde el 18 de noviembre, en la Sociedad Internacional de Prensa en la ciudad de Miami, el presidente expresaba en un discurso, “es un hecho que una pequeña banda de conspiradores ha despojado al pueblo cubano de su libertad y entregado la independencia y soberanía de la Nación cubana a fuerzas más allá del Hemisferio”. Cubela en París acompañado de su oficial de caso, tuvo noticias del discurso y ratificó su disposición para continuar el complot golpista y homicida.

Caminos de paz y arreglos políticos con Cuba

Un análisis del panorama político operativo de entonces nos mostraba dos estrategias bien definidas, la de la CIA y sus aliados de la mafia y el exilio que operaban libre y agresivamente sin control alguno, que tenía como finalidad –mediante una guerra sin cuartel– provocar un conflicto político-militar que obligara al gobierno norteamericano a intervenir militarmente en la solución definitiva del asunto cubano, y el de la administración Kennedy caracterizada por golpes selectivos contra Cuba, para destruir su potencial energético e industrial; el bloqueo, las presiones políticas y económicas, mientras que actuaba decididamente contra las acciones independientes de la CIA y el exilio cubano, a los fines de poder controlar y dirigir la política hacia la Isla.

Dentro de la estrategia kennediana, se destacó una nueva vertiente. En los inicios de 1963 habían comenzado delicadas e importantes conversaciones sobre las relaciones Estados Unidos y Cuba entre el abogado James Donovan, responsable de las negocia-ciones que liberaron a los mercenarios capturados en Girón y el comandante René Vallejo, ayudante de Fidel Castro. Más tarde en abril la periodista Lisa Howard de la cadena norteamericana ABC News, tras una entrevista con Fidel confeccionó un extenso artículo publicado en Nueva York en el cual daba cuenta de la disposición del líder revolucionario para normalizar las relaciones entre ambos países.

Meses después, en septiembre y en aquella misma ciudad sede de la ONU, la Howard propició un encuentro entre los embajadores Carlos Lechuga de Cuba y William Atwood de Estados Unidos, quienes conversaron sobre una eventual normalización de las relaciones entre los dos países quedando este último en comentar la posición cubana al fiscal general Robert Kennedy, con el cual tenía una reunión pautada para esos días, ocasión que aprovechó para solicitar autorización de continuar los contactos, recibiendo la anuencia para ello, pero con la advertencia que debía extremar su secretividad. Fue en aquellos días, según Atwood, que informando de tales eventos al secretario de estado Dean Rusk, de paso por la ciudad, este le confirmó que su departamento nada tenía que ver con la política hacia Cuba, pues esta estaba en manos exclusivas de la CIA.

El 24 de octubre, Jean Daniel, periodista francés de visita en Nueva York rumbo a Cuba, con el propósito de entrevistar a Fidel Castro a sugerencia y mediación de Atwood, se reunió con el presidente Kennedy quien le solicitó que en la planeada entrevista, indagara las opiniones del líder cubano sobre el desenlace y lecciones de la crisis de los misiles y cuáles eran sus opiniones con respecto a Estados Unidos. Le explicó que a su regreso de Cuba, se reuniera nuevamente con él para intercambiar opiniones del viaje y conocer sus impresiones, pero lamentablemente el presidente sería asesinado pocos días después, el 22 de noviembre, en Dallas, Texas.

¿Acaso todo aquello era una muestra más de la política de doble rasero del Imperio norteamericano? 

Pareciera que la política de Estados Unidos estaba secuestrada. Por un lado, una agresión que ese año alcanzó niveles insospechados, mientras que por otro, se realizaron acciones concretas por parte de Kennedy para explorar caminos de paz y arreglos políticos con Cuba. ¿Acaso todo aquello era una muestra más de la política de doble rasero del Imperio norteamericano? ¿Acaso la política hacia Cuba del presidente estaba relacionada con una nueva perspectiva pacífica, la misma expuesta en su discurso de la Universidad Americana?

Nunca sabremos las respuestas a esas interrogantes, pues Kennedy fue asesinado. Más allá de la duda razonable, por sus políticas internas y externas, particularmente aquellas relacionadas con la paz y el desarme mundial y la posición que en los últimos tiempos asumió hacia Cuba.

Ver también:

Entre el garrote y la zanahoria (I)


Fabian Escalante

 
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