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Publicado el 7 Abril, 2017 por Nestor Nuñez en Opinión
 
 

CUBA-EEUU: Obsesión y negocio

Por NÉSTOR NÚÑEZ

Hostilizar a toda costa y a todo costo resulta una conducta histórica asociada al empecinado interés de que la mayor de las Antillas renuncie a su soberanía y autodeterminación, y privilegie y asuma los lazos de depedendencia que una vez el devenir y las malas voluntades le impusieron a pesar de sus costosas y heroicas luchas por la independencia.

En otras palabras, que esa acérrima voluntad de daño ha caracterizado y caracteriza aún el comportamiento de algunos de aquellos que bajo el rótulo de “políticos cubano-americanos”, y con influyentes cargos electivos dentro del legislativo estadounidense, han priorizado el cerco y la agresividad contra la Isla antes que sus funciones públicas.

De hecho, y lo dicen entre otros no pocos norteamericanos de cuna, por decenios la política oficial de la primera potencia capitalista hacia su cercano y rebelde vecino ha obedecido dócilmente a los criterios y programas de estos segmentos, muchas veces ligados a acciones terroristas y riesgosas provocaciones.

Y es que si, por ejemplo, el bloqueo económico y comercial a Cuba surgió, se complejizó hasta hacerse cuerpo legal de los Estados Unidos, y todavía se mantiene vigente pese a los acontecimientos políticos del 17 de diciembre de 2014, es en buena medida por la reticencia y las influencias nocivas de tales personajes.

Un comportamiento que, dicho sea de paso, y a manera de indispensable recordatorio, ha sido capaz de generar graves e insólitos episodios a su favor, desde el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963, hasta el conflicto del derribo de las avionetas de los titulados Hermanos al Rescate durante la administración de William Clinton, hecho que aparentemente impulsó la aprobación de nuevas leyes restrictivas anticubanas.

Y por estos días, con un nuevo gobierno en la Casa Blanca, los segmentos anticubanos insisten en sacar lascas, reimponer sus criterios y recolocar el tema Cuba entre las “prioridades” de una administración aún en estreno.

Así, en ocasión de la reciente disputa congresional en torno al intento de Donald Trump de sacar de juego el programa de salud de su antecesor, conocido como Obamacare, y dar curso a sus propias iniciativas sobre tan sensible apartado, el congresista por la Florida Mario Díaz-Balart, activo integrante de la ultraderecha anticubana, fue señalado por intentar “traficar” su voto a favor del actual presidente si este se comprometía a arreciar las presiones y ataques contra la Isla.

No le importó, indicaron críticos locales, que tan doloso comportamiento afectase la calidad de vida de buena parte de sus votantes. De hecho, precisaron las mismas fuentes “era ir contra los intereses de todos los que necesitan seguro médico asequible en el sur de la Florida, y el distrito de Díaz-Balart tiene el cuarto mayor número de personas incorporadas al Obamacare en el país.”

Y si bien el legislador se apresuró a intentar “explicar” lo sucedido, lo cierto es que más de un órgano de prensa recordó que en medio del complicado debate congresional sobre salud pública, el citado personaje hizo circular un memorando con su firma donde exponía “su visión de una política de Trump hacia Cuba que eliminaría las instrucciones de Obama a las agencias federales para normalizar las relaciones con La Habana, y exigía que las autoridades isleñas cumplieran con demandas de Estados Unidos.”

Como alguien advertía al respecto, no es para engañar y tramitar con la suerte ajena que se elige a un congresista… pero eso, para quienes lucran con el odio y las tensiones, es pura e insulsa retórica. Sin embargo, el odio es un pésimo consejero.


Nestor Nuñez

 
Nestor Nuñez