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Publicado el 3 Junio, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Chavismo: la fuerza política más importante en Venezuela

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

La intensa campaña de la derecha internacional que encabeza Estados Unidos contra Venezuela soslaya que el chavismo sigue siendo la fuerza política y social más importante de ese país. Los oscuros pronósticos de politólogos y “gurúes” hacen lo imposible por presentar al proceso bolivariano como “el peor ejemplo del resultado de un gobierno populista”.

La pregunta que ninguno de estos teóricos del imperio responde es por qué no se rinde un proceso revolucionario contra el cual, junto a las crisis económicas provocadas  sobre todo por el desplome de la renta petrolera, se han probado todos los instrumentos del manual de guerra no convencional, desde las agresiones económicas, alimentarias, sanitarias, hasta las mediáticas, cibernéticas y todas las acciones de calle para imponer  el terror con la ejecución de asesinatos y destrozos en sus “protestas pacíficas”.

Y sin contar, por supuesto, las veleidades y el oportunismo de ciertas fuerzas aparentemente revolucionarias que desde posiciones “francotiradoras” convergen con la contrarrevolución en la desmoralización y alimentan la matriz negativa que quieren posicionar grupos de derecha, como dijo el general Vladimir Padrino, ministro de la Defensa.

Recientemente el destacado analista argentino Atilio Borón razonaba que lo que ocurre en Venezuela ya no se trata de guarimbas, de ocasionales refriegas o de violentos disturbios callejeros y ejemplificaba que los ataques a escuelas, hospitales infantiles y maternidades; la destrucción de flotas enteras de autobuses; los saqueos y las embestidas a las fuerzas de seguridad, inermes con sus cañones de agua y gases lacrimógenos ante la ferocidad de los mercenarios, así como el linchamiento de un joven al grito de “chavista y ladrón” son síntomas inequívocos de que el conflicto escaló hasta convertirse en un intento de guerra civil  que justifique la intervención, como se aprecia con la injerencia de la OEA.

Bastaría mencionar solo el mensaje de la exrectora del Consejo Nacional Electoral (CNE), Ana Mercedes Díaz, donde sugirió a los simpatizantes de la oposición venezolana asesinar al pueblo chavista como una estrategia para acabar con el proceso bolivariano. “Por lo general a los comunistas solo se les saca con los pies por delante”, fue el mensaje publicado por ella en su cuenta en Twitter, @AnaMercedesDiaz. Esa terrorífica idea evidencia que por lo menos la fracción más radical y reaccionaria de la oposición no quiere una solución política.

Al presentar una reciente encuesta, el presidente de la agencia de investigación Hinterlaces, Oscar Schemel, comentó que el 63 por ciento de la población venezolana apuesta por el desarrollo de elecciones presidenciales en 2018. Según la agencia Xinhúa el encuestador refirió que la mayoría de los venezolanos apuesta a que se respeten los lapsos de gobierno y rechaza las manifestaciones de violencia. .”Más del 80 por ciento de los venezolanos rechaza la ‘guarimba’, la protesta violenta”, aseveró Schemel.

Mientras tanto, una y otra vez el presidente Maduro ha ratificado su voluntad inmediata a sentarse a conversar con todos los sectores políticos del país, en el marco de un diálogo político y un diálogo constituyente.  La dirección escuálida, sin embargo, se rehúsa, alentada desde las poderosas fuerzas que desde el exterior la compulsa a mantener la violencia como fuente de desestabilización del país. Han declarado que no van a participar porque no es el tipo de “constituyente” que ellos querían; no es el proceso donde ellos ponen los candidatos y el pueblo solo vota.

Tienen pavor a que mediante el proceso participativo la población escoja candidatos que respondan a los intereses más genuinos de la nación, porque la Asamblea Constituyente opera como un suprapoder expresamente autorizado por el pueblo para decidir y actuar en asuntos del poder ejecutivo, legislativo, judicial, electoral y ciudadano; y estos cinco poderes constituidos quedan incondicionalmente subordinados a la nueva autoridad plenipotenciaria.

Como un experto resaltó: ¡Que dictadura tan extraña es esta de Nicolás Maduro! Es el único caso en el mundo donde “un régimen autoritario” convoca a la voluntad popular y el presidente “dictador” pone a la orden del pueblo su cargo al llamar a una Asamblea Nacional Constituyente.


Lázaro Barredo Medina

 
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