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Publicado el 22 Junio, 2017 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

Frank País: Un martiano consecuente

 

Por Armando Hart Dávalos

El 30 de julio de 1957, desde la clandestinidad, escuché  la terrible noticia de que Frank País y Raúl Pujols habían sido asesinados en su querida Santiago. Ese fue, sin duda, uno de los acontecimientos más duros de la lucha. En otras ocasiones he escrito sobre esta figura extraordinaria de nuestra historia más reciente y vuelve a nosotros con una fuerza renovada la figura de aquel joven que, a golpe de inteligencia, espíritu de sacrifico y coraje se ganó un lugar cimero entre los héroes de la Patria.  En su vida ejemplar se articularon tres elementos claves que en una ocasión como esta me interesa recalcar: La familia, con una profunda raíz ética y una tradición de esfuerzos en defensa de los pobres de la tierra, con fundamentos éticos cristianos que representan tanto el padre como la madre de Frank. La escuela. En Frank País este fue un elemento fundamental.  La de los bautistas, de la que su padre fue maestro, y también la Escuela Normal y la Universidad de Oriente. Fueron escenarios propicios para la formación de valores morales y patrios. El tercer elemento es la comunidad en la que se sintetizan y   alcanzan a la vez altos niveles estos principios, es decir, la tradición patriótica y revolucionaria de la ciudad que fue el marco para las luchas santiagueras de la Generación del Centenario que simbolizan Frank, Vilma y muchos más. Raúl Castro lo expresa de manera elocuente: ‘’Si el Callejón del Muro, Enramadas, Garzón, Trocha, Vista Alegre, San Jerónimo y El Caney pudieran hablar, si los muros del Moncada, las aulas del Instituto, la Normal y la Universidad, los bancos del Parque Céspedes y la Plaza de Marte, los campanarios de la Catedral y El Cobre, las almenas del Morro y las losas de Santa Ifigenia pudieran contarnos su historia de centenarias luchas, veríamos de nuevo que no hay piedra en Santiago de Cuba que no haya sido pedestal de un héroe’’.

Frank era un hombre de acción y, al mismo tiempo, de sensibilidad artística y talento organizativo.  Reunía virtudes difíciles de integrar en una sola persona como son la capacidad de organización, de acción, y, al mismo tiempo, pensamiento. No sé si era un político con vocación militar o un militar con vocación política. Si sé que para él las palabras disciplina, organización, civismo, libertad tenían un valor sagrado, conjugándose en su mente y en su acción, guardando un magnífico equilibrio. Tenía al morir 23 años y en él hicieron síntesis todas las virtudes revolucionarias.

Poseía una moral y una pureza como pocas he conocido. Tenía a la vez una abierta y sincera vocación de dirigente. Quien hablara dos veces con él sabía que había nacido para mandar. Y mandaba, con moral espartana y noble espíritu de justicia.

Sumergido en la clandestinidad, fue centro director del poderoso movimiento subversivo que puso en jaque a la tiranía en la segunda ciudad del país. Anónimamente, conocido solo en su provincia y en los círculos revolucionarios, fue capaz con una hábil estrategia de combate de ser factor determinante de la lucha contra la tiranía. Frank País, desde su escondite en Santiago, desplegó una actividad febril en diversos frentes: el sabotaje, la agitación, los gallardetes izados, la prensa clandestina, la resistencia cívica.

Al mismo tiempo, había alcanzado una gran profundidad en sus ideas políticas. Había sido obra suya el estallido insurreccional del 30 de noviembre, la disciplina y organización del 26 de Julio fuera de la Sierra y fue creación suya también toda la base organizativa del Movimiento.

Junto a sus dotes intelectuales y su sensibilidad -gustaba de escribir versos y tocaba el piano-, está presente con fuerza  su capacidad para la acción. Cierta vez nos decía siendo maestro del colegio El Salvador: “No hay nada para mí como preparar un curso de Historia de Cuba y luego irlo a explicar hasta entusiasmar a mis alumnos de cuarto grado”. Un día tuvo que dejar de dar clases de Historia, pues había llegado la hora de hacerla. Era un martiano consecuente que había interiorizado muy bien la frase del Apóstol: “Hacer es la mejor manera de decir”.

Fiel a la palabra empeñada con Fidel, desencadenó la lucha en Santiago de Cuba aquel 30 de noviembre para atraer la atención de las fuerzas de la dictadura y facilitar el desembarco de los combatientes que venían en el yate Granma.

Cuando cayó asesinado en las calles de su querida Santiago, el 30 de julio de 1957, junto a Raúl Pujols, una concentración de pueblo santiaguero llevó hasta Santa Ifigenia los restos de ambos combatientes. Al conocer la noticia Fidel expresó:

“¡Que bárbaros! Lo cazaron en la calle cobardemente, valiéndose de todas las ventajas de que disfrutan para perseguir a un luchador clandestino. Que monstruos. No saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado’’.

Su muerte provocó el más amplio movimiento de protesta cívica, primero en Santiago de Cuba y que después se fue extendiendo a otras provincias del país.


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos