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Publicado el 16 Junio, 2017 por ACN en Opinión
 
 

Un paso atrás en las relaciones con Cuba

Por Jorge Legañoa Alonso

El presidente Donald Trump dio a conocer hoy, desde el sureño estado de La Florida, una nueva política de Estados Unidos hacia Cuba que refuerza la aplicación del extraterritorial bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por ese gobierno a la Isla.

El mandatario firmó un documento en el que se establecen las prioridades de su gobierno, entre las que están el cumplimiento de las legislaciones de EE.UU. sobre la nación cubana, en particular las disposiciones que rigen el bloqueo y la prohibición de que los ciudadanos de ese país hagan turismo en Cuba.

Trump “pautó” las bases para supuestamente “empoderar al pueblo cubano y desarrollar una mayor libertad económica y política”, en relación a la prohibición de que compañías de esa nación establezcan negocios con empresas estatales cubanas.

Aunque se mantienen las relaciones diplomáticas –reestablecidas el 20 de julio de 2015– las nuevas acciones de la administración Trump son un paso atrás en el camino hacia la normalización de los vínculos bilaterales, y llegan cargadas de la vieja retórica anticubana.

Retomó la prohibición de los viajes individuales de los estadounidenses a Cuba y, quienes se aventuren a realizarlos, tendrán que hacerlo –como se estableció en la época de George Bush hijo– a través de organizaciones no gubernamentales y en grupos.

En tanto, deja intacto lo establecido por Barack Obama de que los cubanos residentes en ese país pueden visitar a su familia en la Isla sin restricciones y enviarles remesas.

Se reafirma el bloqueo, señaló el mandatario en su discurso en Miami, a la vez que se opuso a las convocatorias en Naciones Unidas y otros foros internacionales para la terminación de la extraterritorial política, que en 2016 contó en la ONU con el apoyo de todas los países miembros de ese organismo y en donde por primera vez el propio Estados Unidos e Israel se abstuvieron.

Donald Trump, en actitud unilateral e injerencista, condicionó la mejoría de las relaciones a la “voluntad del gobierno cubano de mejorar la vida del pueblo, incluyendo la promoción del estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y las libertades económicas”.

En el memorándum de política firmado por el Presidente se indica a los departamentos del Tesoro y de Comercio, iniciar el proceso de emisión de nuevas regulaciones dentro de los próximos 30 días.

La Casa Blanca aclaró que los cambios de política no tendrán efecto hasta que los Departamentos correspondientes publiquen las nuevas regulaciones, un proceso que puede demorar.

Si bien los norteamericanos todavía tienen prohibido hacer turismo en la mayor isla del Caribe, la ampliación de las categorías que realizara la administración Obama propició que se dispararan los viajes a Cuba.

Unos 284 mil 937 estadounidenses visitaron la Isla en 2016, para un crecimiento del 74 por ciento en relación con el año anterior, según cifras oficiales.

La tendencia al crecimiento se ha mantenido durante el 2017, y ya para esta fecha del año la cifra ronda la misma cantidad que en todo el calendario anterior.

El retroceso en los vínculos se produce a pesar del apoyo mayoritario de los norteamericanos a su derecho a visitar Cuba, y a la reciente presentación de un proyecto de ley copatrocinado por 55 senadores que defiende la libertad de viajar a la nación vecina.

La adopción de esta postura por parte del gobierno estadounidense reafirma la vigencia del bloqueo económico, comercial y financiero contra la Mayor de las Antillas, que la administración de Barack Obama declaró en su momento como una política fracasada e inoperante, tras más de medio siglo de impuesta.

Según una encuesta reciente del Pew Research Center, el 75 por ciento de los norteamericanos apoya los vínculos entre La Habana y Washington.
El grupo Morning Consult señala que seis de cada 10 republicanos, el Partido del mandatario, respalda el proceso hacia la normalización de los vínculos entre ambos países.

Muestra de quienes han influido en el presidente Trump para que adopte estas medidas, es el lugar escogido para el discurso de este viernes en Miami: el teatro Manuel Artime, centro de las reuniones de la ultraderecha terrorista anticubana.

Manuel Artime fue un traidor del Ejército Rebelde devenido líder civil de la brigada mercenaria 2506 durante la invasión por Playa Girón, quien años después, al servicio de la Agencia Central de Inteligencia, participó en varios actos de sabotajes en la llamada Operación Mangosta.

El presidente Trump se ha mostrado comprometido con los sectores más radicales de la comunidad cubana, a quienes supuestamente debe, dijo, su victoria electoral en el estado de Florida.

Sin embargo, análisis del Pew Research Center muestran que, a pesar de que más cubanos votaron por Trump que cualquier otra comunidad latina, su tendencia a cambiar del Partido Republicano al Demócrata se mantuvo en estas elecciones.

Además, el voto cubano solo representa actualmente el 31 por ciento de los latinos de La Florida y una parte mucho menor del padrón electoral.
Finalmente, el mandatario dijo que la embajada de Washington en La Habana se mantendrá abierta, “con la esperanza de forjar un mejor camino” y criticó a Obama por los resultados en el acercamiento a Cuba.


ACN

 
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