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Publicado el 29 Julio, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

El beneficio que se pretende tirar por la borda

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Mientras algunos en la Casa Blanca coquetean con los recalcitrantes dinosaurios políticos de la mafia de Miami, sigue aumentando el número de los que se pronuncian por el diseño y la estrategia que se abrieron paso en los últimos años ante las nuevas realidades. Es tal el rechazo a la directiva y el discurso del presidente Trump que un funcionario de su administración reconoció: “no se puede meter de nuevo al 100 por ciento del genio en la botella”.

El futuro de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no se sostendrá con estrategias de agresión y la fuerte retórica, que han fracasado en los últimos 60 años. Cada vez más se aprecia como una humillación que se use a la Isla como elemento doméstico en el intercambio de favores con ese grupito de camajanes que han aprendido el uso de las alquimias electoreras para poner en discrepancia a los intereses nacionales estadounidenses con su ambición de poder.

El fuerte apoyo para continuar con la mayor parte de las medidas adoptadas por la anterior administración e incluso ir más lejos con el levantamiento de la mayoría de las restricciones en áreas comerciales y de los viajes a Cuba, que hasta apoyan funcionarios del propio gobierno actual, se aprecian en las últimas encuestas donde la mayoría de los estadounidenses, incluyendo republicanos y una gran parte de la comunidad cubana en los Estados Unidos, favorecen la normalización de las relaciones.

Muchos se preguntan cómo se pretende tirar por la borda los alcances logrados en poco menos de dos años con 22 acuerdos, 16 de ellos en materia de cooperación en diversidad de áreas, los 57 encuentros técnicos y acciones en temas de interés común, como el terrorismo, narcotráfico, tráfico de personas, fraude migratorio, lavado de activos, ciberseguridad, seguridad marítima y aérea, y amplios intercambios para la protección medioambiental. Además, 25 diálogos políticos que permitieron intercambiar criterios bajo el respeto a las diferencias.

Un ejemplo de lo beneficioso que resulta la cooperación para ambas naciones es la lucha contra el narcotráfico, como lo explicó recién Antonio Israel Ibarra, secretario de la Comisión Nacional de Drogas, porque Cuba no tiene un mercado interno de drogas pero está en un corredor usado por los narcotraficantes para llegar hacia los Estados Unidos provenientes de Centro y Sudamérica.

Para nuestra nación esto es más de lo mismo: las mismas retóricas y contingencias del pasado. Y como los objetivos de esa política de agresión están fracasados, la mesa sigue servida

Como él dijo, Cuba decomisó hasta mayo tres veces más droga que en el primer semestre de 2016, y una de las causas de ese desenvolvimiento más efectivo se debió al aumento de la vigilancia en la zona del Caribe gracias al acuerdo firmado en 2016 entre ambas naciones.

Esa incertidumbre y sus contraproducentes efectos están extendidos a otros muchos ámbitos y acciones conjuntas que reportan beneficios para ambas naciones, lo cual refuerza la percepción de los que afirman en los Estados Unidos que la decisión del equipo de Trump adolece de una visión corta, afecta los contactos y canales de comunicación entre ambos países.

Para nuestra nación esto es más de lo mismo: las mismas retóricas y contingencias del pasado. Y como los objetivos de esa política de agresión están fracasados, la mesa sigue servida.

Como dijo Raúl ante la Asamblea Nacional: “Cuba tiene la voluntad de continuar negociando los asuntos bilaterales pendientes con los Estados Unidos, sobre la base de la igualdad y el respeto a la soberanía y la independencia de nuestro país, y de proseguir el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés común con el Gobierno norteamericano. Cuba y los Estados Unidos pueden cooperar y convivir, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambos países y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia y hoy agrego, o que negocie sus principios o acepte condicionamientos de ningún tipo, como no lo hemos hecho nunca en la historia de la Revolución”.


Lázaro Barredo Medina

 
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