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Publicado el 13 Julio, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Libertad represaliada

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Entre los principales argumentos esgrimidos por la Administración Trump para justificar el retroceso en la política sobre Cuba figura la supuesta violación de los derechos humanos y la “falta de libertad” que hay en la Isla.

Estados Unidos ha querido siempre, en complicidad con algunos asociados, aplicar a nuestro país una norma idealizada de derechos humanos que no emplea ni con sus aliados ni consigo mismo, que tiene, además, un engrosado expediente de múltiples violaciones que perturban a la comunidad internacional.

El más importante peligro que han enfrentado los cubanos para el disfrute de sus derechos humanos deriva de las apetencias profundamente enraizadas en los círculos de poder estadounidenses que han pretendido doblegar con sus criminales políticas de todo tipo a la nación caribeña para impedir su libre determinación, la libertad y la subsistencia.

La prueba más fehaciente son sus propias medidas, donde para complacer a un grupo de mafiosos miamenses en un intercambio de favores, va no solo a intensificar el criminal bloqueo económico, sino que busca impedir a millones de norteamericanos el contacto directo con la realidad de la Isla y reprimir su política de contacto pueblo a pueblo, que en el fondo perseguía el mismo objetivo, aunque con diferentes métodos, para lograr subvertir el orden interno cubano mediante la influencia, como más de una vez dijo públicamente el expresidente Barack Obama.

Cuba, no obstante, aceptó ese reto, porque después de tanta propaganda negativa la realidad de nuestro país es aplastante y la mayoría de los visitantes regresan a Estados Unidos con una impresión totalmente diferente. Después que Obama aprobó las nuevas 12 categorías, la mafia de Miami se sintió disgustada con los viajes auto gestionados que facilitaba el contacto pueblo a pueblo y vio en el “pico de la piragua” su industria anticubana, porque mientras más estadounidenses viajaran a Cuba más se desplomaría la retorcida imagen levantada por años con la propaganda.

Ese y no otro es el fundamento de negarles a los ciudadanos estadounidenses su derecho constitucional de viajar libremente a nuestro país, porque como dijo Lincoln, es posible engañar a alguien todo el tiempo y a algunos parte del tiempo, pero no es posible engañar a todo el mundo todo el tiempo.

Varios expertos señalan que ahora las propuestas del señor Trump portan una caprichosa paradoja, puesto que al limitar las visitas individuales se perjudicaría directamente al incipiente sector no estatal cubano, en especial el dedicado al hospedaje, a la gastronomía (las llamadas paladares), sin contar los transportistas y los artesanos. Perjudicaría así la concepción de “influencia sobre estos emprendedores” que diseñaron los gestores de la anterior administración.

En sus análisis catalogan como una aberración ese deseo de complacer al “pequeño” Marcos Rubio y a los Díaz-Balart y compañía, mientras la pregunta que muchos se hacen es cómo es posible para los que concibieron esas medidas de retroceso hablar de libertades cuando volver al “pastoreo” de los viajes grupales obligará a los organizadores a actuar como policías para supervisar a sus viajeros las 24 horas y asegurarse de que “nadie se vaya a sentar en las playas y sumergir los pies en el agua enemiga”.

Un artículo en una publicación estadounidense señalaba que semejante control demandará muchas fuerzas en el Departamento del Tesoro para hacer auditorías a los itinerarios de ahora en adelante, en lugar de depender del sistema de confianza de la época de Obama, que permitía a las personas un intercambio más abierto y señalaba con cierta jocosidad, para llamar la atención de lo risible que resulta esta nueva política: “y podría ayudar a nuestro Departamento de Seguridad Nacional (DHS) en el aeropuerto, cuando hagan a los viajeros preguntas a la llegada… y a lo mejor hasta registran los dedos de los pies a ver si tienen algún rastro de sal”.

Ni a los países que están hoy en graves conflictos con los Estados Unidos se les aplica restricciones de esta naturaleza. Pero cada vez se abre paso la verdad en amplios sectores que comprenden que la libertad de los norteamericanos es represaliada para favorecer intereses de una pandilla de ambiciosos que para lograr sus propósitos y seguir viviendo de la “industria anticubana”, les importa un bledo la política nacional de Estados Unidos.


Lázaro Barredo Medina

 
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