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Publicado el 28 Septiembre, 2017 por Redacción Digital en Nacionales
 
 

EDITORIAL

El poder del barrio

No es en modo alguno una consigna del pasado, ni el recuerdo de una épica trovadoresca conmovedora aquello que tanto se ha repetido: En cada cuadra un comité, en cada barrio Revolución. Es apremiante mandato de un presente tan complejo y desafiador –salvando circunstancias y objetivos– como el de cualquier otra etapa anterior de la andadura heroica cubana.

En estos tiempos de batallas múltiples e incesantes, continuadoras de otras en más de un siglo y medio por la libertad, la independencia, la justicia y la felicidad conquistada por una nación que bien la merece, corresponde un innegable protagonismo a los Comités de Defensa de la Revolución.

En los 57 años transcurridos a partir de aquella noche de las bombas contrarrevolucionarias, el 28 de septiembre de 1960, en que Fidel convocó a estructurar una vigilancia masiva para descubrir y desactivar las acciones enemigas, alentadas y financiadas por las agencias imperiales, los cederistas, que son la inmensa mayoría de los adultos cubanos, no han escatimado esfuerzos y sacrificios en cumplir también eficazmente otras innumerables tareas.

Desde el aporte inicial a una distribución equitativa de abastecimientos (antes de la existencia de la Oficoda y la libreta), y a quebrarle el espinazo al pretendido apoyo interno a la invasión mercenaria derrotada en Playa Girón –junto a los incipientes órganos de la seguridad–, hasta los ingentes propósitos del actual proceso previo al IX Congreso de los CDR y de rendición de cuentas al Partido, en el cual se pone especial énfasis en el trabajo con los jóvenes y la promoción de su liderazgo, el combate a las drogas, el apoyo a la higiene, la salud y la educación, entre otras tareas de siempre, y empeños nuevos.

En su constante batallar, la mayor organización de masas de la sociedad civil cubana –no por casualidad tan particularmente atacada en el articulado de la demencial Ley Helms-Burton, codificadora del criminal bloqueo– no ha estado ajena a complejos enfrentamientos.

Por eso, en su balance y proyecciones, fustiga las conductas viciosas de indisciplina social, indolencia, apatía, grosería, vagancia y a veces hasta vandálicas en la destrucción y apropiación de bienes públicos, no siempre enfrentadas en los lugares donde ocurren, para corregirlas y de ser posible enmendarlas. Tampoco en todos los casos se evidencia el combate oportuno y resuelto contra peligrosas actitudes derivadas de un exacerbado y feroz individualismo, del sálvese el que pueda, enriquecimiento ilícito y perniciosa proliferación de actuaciones corruptas.

La pertinencia del sentido del momento histórico, en contextos internos y externos difíciles, ante un imperio de invariable naturaleza agresiva –bien con las más brutales acciones, o las sutilezas subversivas del palo y la zanahoria–, exige, como también lo indica el legado de Fidel, cambiar todo lo que debe ser cambiado.

De ahí el acento que pone la organización, como “importante cantera del Partido” según la definición fidelista, en cuidar la integración de las filas, y en la construcción de una amplia, inclusiva y fortalecida unidad, desde los pilares básicos morales de la familia y el barrio, entre todos los patriotas que apoyen el proyecto de sociedad cada vez más soberana, próspera, justa, democrática y solidaria, en fin, socialista, con independencia de las diferentes opiniones y puntos de vista acerca de cómo lograr mejor y más rápido esas nobles aspiraciones.

Tal diversidad de criterios, adecuadamente encauzada en el debate respetuoso, inteligente y participativo, lejos de debilitar, robustece esa unidad en el mayor impulso a los lineamientos económicos, políticos y sociales, discutidos y aprobados por el Partido, el Estado y el pueblo.

Las más recientes jornadas cederistas de reflexión y debate en torno al deber patrio y antimperialista están inspiradas en el ejemplo del Che y del glorioso panteón de mártires de la Patria y su tradición internacionalista.

Antesala ideal para la participación consciente e inexcusable en el actual proceso electoral –que ahora transcurre con las asambleas de nominación de candidatos por sus méritos, capacidad y compromiso con el pueblo, para el ejercicio de gobierno en los municipios, y que concluirá con la elección de los delegados provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular–, que pone a prueba una vez más el empuje de una organización invariablemente dispuesta a darlo todo por Cuba, y a consagrar con ello el poder del barrio.


Redacción Digital

 
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