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Publicado el 4 Octubre, 2017 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

Lo objetivo y lo subjetivo en la historia (II, final)

Armando Hart.Por ARMANDO HART DÁVALOS

En el sistema occidental las llamadas ciencias del hombre ni tenían ni tienen posibilidad de encontrar los fundamentos objetivos de la naturaleza humana, precisamente porque divorciaron radicalmente estos dos planos de la vida: el externo y el interno. Subrayo, con inmenso respeto a todas las creencias, que el pecado original de la historia de las ideas de Occidente fue divorciar lo que denominaron materia y lo que llamaron espíritu. En verdad, se trata de una relación dialéctica. ¿No es esto acaso lo que refleja el concepto de unidad material del mundo o, para decirlo con palabras de Martí, la unidad de la naturaleza?

Resulta muy esclarecedor lo expuesto por José de la Luz en el siguiente párrafo: “Hasta que no sea aplicado a las ciencias morales el método edificante y creador de las naturales, no nos hemos puesto en camino de resolver los más importantes problemas de la organización social”. ¿Ven ustedes la inconsistencia que tienen —no ya dicho por un marxista, sino por José de la Luz y Caballero— las tendencias a la desideologización y fragmentación de la ciencia?

En Cuba se llegó en el siglo XIX a la más alta escala del saber que nos representamos en el Apóstol. Con métodos propios del materialismo histórico y la experiencia de más de cien años de historia, podemos estudiar los factores decisivos que en el siglo XIX cubano y de la historia de Occidente sirvieron de condicionamiento económico-social al pensamiento cubano.

En Cuba creció y se fortaleció la utopía universal del hombre sobre fundamentos económicos y sociales por haber vivido, de forma original, procesos claves de la historia de Occidente en estos dos últimos siglos, entre ellos, los siguientes:

    La necesidad de liquidar el sistema colonial europeo en América (siglo XIX).

    El desarrollo y expansión de los Estados Unidos a lo largo de aquella centuria que sentó las bases del imperialismo moderno (siglo XIX).

    El crecimiento acelerado de la población esclava de origen africano y de trabajadores blancos traídos de España y de otras latitudes que conformó como conjunto una composición social y de masas que sufrían la doble explotación nacional y social (siglo XIX y XX).

    La expansión norteamericana durante el siglo XIX.

    Por último, en Cuba se estableció al inicio del siglo XX, el primer ensayo neocolonial del imperialismo. La república que emergió tras la ocupación norteamericana frustró toda posibilidad de que se desarrollara un capitalismo portador del ideal nacional cubano.

Sobre estas bases económicas, sociales y políticas, hicieron síntesis y se materializaron en la Revolución Cubana los ideales más progresistas de los siglos XIX y XX de Occidente. De esta forma, en el crisol de nuestras luchas por la independencia y por afianzar nuestra identidad como nación estuvieron presentes los siguientes elementos:

    El inmenso saber de la modernidad europea, tal como la habían interpretado creativamente los maestros forjadores que nos representamos en Varela y Luz y Caballero.

    La más pura tradición ética de raíces cristianas que, como he dicho, en Cuba no se asumió en antagonismo con las ciencias.

    La influencia desprejuiciada de las ideas de la masonería en su sentido de universalidad y solidaridad humana que estuvo presente en la forja de la epopeya del 68 y en especial en las ideas de nuestros padres fundadores.

    La cultura de raíz inmediatamente popular que nos simbolizamos en el pensamiento y sentimiento de la familia de los Maceo y especialmente del Titán de Bronce. La caracterizamos como la forma y el sentido con que la población de origen africano del Caribe asumió las ideas de la modernidad.

    La tradición bolivariana y latinoamericana que Martí enriqueció con su vida en México, Centroamérica y Venezuela, de donde partió hacia Nueva York en 1881 y proclamó: “De América soy hijo: a ella me debo”.

    Las ideas y sentimientos antimperialistas surgidos desde las entrañas mismas del imperio yanqui. La presencia del Apóstol durante casi quince años en Estados Unidos, la tercera parte de su vida, completó su inmenso saber y sintetizó el pensamiento político, social y filosófico desde la óptica de los intereses latinoamericanos y fue una contribución decisiva a la conformación del pensamiento cubano. Martí se consideró siempre discípulo de Bolívar.

0  El pensamiento de Marx, Engels y Lenin, tal como lo interpretaron Julio Antonio Mella, Rubén Martínez Villena, Ernesto Guevara y Fidel Castro.

Debemos asumir la historia de lo que fue la práctica socialista en el siglo XX, sobre la base de someterla a una rigurosa crítica. Hoy debemos asumir la herencia socialista de esa centuria recién concluida a beneficio de inventario, como ya señalamos en otras ocasiones.

Para este alto propósito es necesario tomar conciencia y extraer consecuencias prácticas de que el factor humano, y por tanto el socio-cultural, para bien o para mal, es fuerza decisiva de la historia. Que las condiciones materiales y económicas sean, en última instancia, las que determinan su curso no debe significar negar que los hombres con sus emociones, su cultura, su inteligencia y acciones, son los protagonistas de la historia, son ellos quienes la llevan hacia delante y también, en ocasiones, quienes destruyen las posibilidades de progreso. Para no hablar del progreso en sentido exclusivamente abstracto, o mejor, ajeno a las realidades concretas, tenemos que formular principios éticos y aplicarlos. El progreso material y espiritual exige, en primerísimo lugar, de un programa moral para el enfrentamiento al imperialismo a escala internacional. Mientras esto no se entienda o no encontremos los caminos adecuados para estos propósitos no podremos soñar con salvar a la humanidad de un posible holocausto.

Si deseamos buscar una fundamentación de estos principios en la historia de las ideas científicas de Europa que sirva de antecedente a nuestros fundamentos filosóficos de hoy, sigamos el camino que nos enseñó José Carlos Mariátegui.

Tres sabios de la ciencia europea hicieron los más importantes descubrimientos de repercusiones filosóficas, y la cultura espiritual de Europa no pudo extraer de ellos las conclusiones correspondientes. Me refiero a Darwin, Marx y Freud. Sin embargo, el peruano José Carlos Mariátegui, desde Indoamérica, entendió el alcance filosófico y espiritual de estos tres genios y realizó un análisis muy esclarecedor del significado de cada uno de ellos. Decía que se rechazaban estos tres pilares del pensamiento occidental por razones psicológicas, dado que el hombre se negaba a reconocer la naturaleza de sus orígenes y evolución. Estos descubrimientos de Freud –la importancia del sexo–, de Marx –la importancia del hecho económico–, de Darwin –la teoría de la evolución–, herían la conciencia y subconsciencia humana. Sin embargo, lo grande del hombre –decía Mariátegui– estaba en haberse elevado de esos orígenes a la más alta condición dentro de la historia natural y social. El reto consiste, precisamente, en la necesidad de continuar ese ascenso.

Enfoquemos la cuestión a partir de lo que Freud caracterizó como principio de actuación y principio de la realidad a la que se debe atener la conducta personal.   Hay que entender que Freud se refiere a la realidad exterior a nosotros que abarca a los otros hombres, es decir, a la humanidad de que formamos parte. Ella también actúa sobre las necesidades determinadas por lo que el científico austríaco llamó principio de actuación, es parte esencial de la realidad a que se refería Freud. Porque la humanidad está situada en un mundo exterior al de cada uno de nosotros. Este es un problema clave para entender los nexos entre el pensamiento sicológico y el pensamiento social y económico más avanzado de la humanidad moderna. Situemos en este plano el tema de lo subjetivo como realidad exterior a cada hombre porque es la de los otros hombres y con la que necesariamente nos vinculamos de una forma u otra. Es la porción más inmediata de la realidad exterior a nosotros con la cual nos relacionamos.

Analícese lo anterior a la luz de las formulaciones de Marx y Engels en la Primera crítica a Feuerbach, a la que ya hemos hecho referencia anteriormente, es decir, cuando señaló que no había tenido en cuenta el factor subjetivo y la práctica de la transformación de la realidad. Asumamos a escala social el principio de actuación y vinculémoslo con el de la realidad que nos viene de los millones de seres humanos, y estaremos aplicando el postulado martiano de que el secreto de lo humano está en la facultad de asociarse. Aquí anda entonces, de por medio, la relación entre lo que se llamó subjetivo y lo que se denominó objetivo. La humanidad y su inmensa carga de subjetividad es una realidad exterior a cada uno de nosotros.

Ver también: Lo objetivo y lo subjetivo en la historia


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos