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Publicado el 2 Octubre, 2017 por Armando Hart Dávalos en Opinión
 
 

Lo objetivo y lo subjetivo en la historia

Armando Hart.Por ARMANDO HART DÁVALOS

Solo comparando la época y el proceso histórico europeo, estudiado por Marx y Engels, con el cubano del siglo XIX, y extrayendo después conclusiones, podremos ser consecuentes con sus enseñanzas en nuestro país.

Para defender los intereses de los trabajadores y explotados de Cuba y el mundo hay que desterrar de nuestras mentes todo vestigio de interpretación de sus ideas como una teoría general de la filosofía de la historia válida para todos los tiempos y lugares. Esto —lo diría el propio Marx— es hacerles un escarnio a sus ideas. Descubrir un método de investigar y una guía para nuestro trabajo en lo político, para la investigación social y económica, es un aporte genial. ¿Por qué darle otra interpretación a lo que ya tiene un valor enorme en sí mismo?

Salvando, desde luego las enormes diferencias, cuando alguien me preguntó por qué yo insistía tanto en Marx, dije: Porque inventó las tablas de sumar, restar, multiplicar y dividir en las ciencias sociales y económicas. Y podría decírseme: no basta con las tablas, también se desarrolló toda la matemática hasta el álgebra superior y hasta la física cuántica. Pero sumar, restar, multiplicar y dividir ya es un invento grande sin el cual no existiría la ciencia moderna.

Si comparamos la cultura de los tiempos de Félix Varela y de Luz y Caballero con las ideas políticas y sociales europeas de la época posterior a 1815, cuando la derrota de Napoleón en Waterloo y la instauración de la Santa Alianza, es decir, desde la primera gran crisis de la modernidad hasta los movimientos democráticos y populares de la década de 1840 cuando emergió con fuerza el pensamiento socialista, encontramos que en la Cuba colonial y esclavista en ese tiempo (1815-1845) surgió por oposición a tanto oprobio una sabiduría filosófica y política más rigurosa que la de Europa de ese mismo período. Ello fue posible precisamente porque superó la herencia reaccionaria de determinadas corrientes de la escolástica, que nos representamos en la Inquisición, y porque se situó del lado de los pobres. En fin, la cultura de Varela, de Luz y Caballero y de la intelectualidad cubana forjadora en nuestro país de la modernidad europea estuvo asentada en el pensamiento científico más riguroso e inspirada en una espiritualidad de raíces éticas y culturales cristianas.

Al estudiar con visión actual y partiendo de la formación científica y filosófica que hemos recibido del materialismo histórico, hay puntos en Luz y Caballero que mueven a la más consecuente reflexión filosófica. En su obra Las ideas y la filosofía en Cuba, texto imprescindible para quienes se interesen en la historia del pensamiento cubano, Medardo Vitier –padre de Cintio– destaca como una de las claves de la concepción de Luz: “El criterio sobre la verdad no radica objetivamente en el mundo exterior, no radica subjetivamente en nosotros; surge, se organiza como una congruencia entre lo objetivo y lo subjetivo”. Sería de interés examinar esta conclusión a la luz del pensamiento de Marx en las Tesis sobre Feuerbach. Dicen Marx y Engels en la primera de ellas: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluido Feuerbach– es que sólo concibe las cosas, la realidad, la sensorialidad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo”. De aquí que el lado activo fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero solo de un modo abstracto, ya que el idealismo, naturalmente, no conoce la actividad real, sensorial, como tal. Es decir, conciben como defecto fundamental del materialismo anterior que no tiene en cuenta al sujeto, a lo subjetivo, a la sensorialidad como práctica humana. ¡Cuántas polémicas tuvieron lugar desde los años 60, cuando el Che y Fidel destacaron el valor de lo subjetivo y el papel del hombre en los procesos históricos!

Hay que probar la raíz materialista y el fundamento científico de la facultad humana de crear vida espiritual. En realidad está confirmado por la evidencia de que no solo de pan vive el hombre. No lo dijo un científico, pero es una verdad científica. Es una de esas verdades sencillas que, parafraseando a Engels, podríamos decir que también permaneció oculta en la maleza ideológica de siglos. A esto se refería Engels cuando afirmó: “La civilización ha realizado cosas de las que distaba muchísimo de ser capaz la antigua sociedad gentilicia, pero las ha llevado a cabo poniendo en movimiento los impulsos y las pasiones más viles de los hombres, y a costa de sus mejores disposiciones”. Yo diría: maestro Engels, ¿dónde están las mejores disposiciones? Y seguro contestaría: en la naturaleza humana.

Tanto en un caso como en el otro –los impulsos más viles y las mejores disposiciones– están en la naturaleza humana como un factor clave de las condiciones y actitudes del hombre.

Lo más importante consiste en que el pensar filosófico cubano promovió el lado activo a favor de la justicia en su forma radicalmente universal y lo hace sobre el fundamento de métodos de investigación científica de la naturaleza. Esto es lo que nos ha ayudado a ser revolucionarios. Dinamizarlo sobre el fundamento de la interpretación cubana del materialismo histórico está presente desde los tiempos del Moncada como fuerza esencial de la Revolución. Ello nos permitió enfrentar un momento decisivo de la historia cultural de lo que se llamó occidente. El genio y la originalidad de Fidel Castro consistió en llevar al terreno de los hechos estos métodos y principios que, en esencia, significan relacionar dialécticamente las ideas del socialismo  con la tradición ética de la nación cubana.

Si hubiéramos marchado solamente por la vía de las reformas o demandas económicas, como se planteaba por las llamadas “izquierdas” del siglo XX, no hubiéramos llevado a cabo una revolución profunda. Si lo hubiéramos presentado solo como una cuestión ética tampoco la hubiéramos hecho. Es la combinación de ambos elementos lo que hace la Revolución. El sentimiento ético, patriótico, el sentido heroico del Moncada, y las exigencias de igualdad y justicia social contenidas en La historia me absolverá, están en la médula de aquel acontecimiento. Esta articulación llegó hasta nuestros días y se proyecta hacia el porvenir.

Etica y justicia social constituyen la principal necesidad ideológica de Cuba, América y el mundo. El sistema burgués imperialista divorcia estas categorías y las sitúa en planos antagónicos. La síntesis entre lo ético y lo social tiene fundamentos en la filosofía cubana, es la clave central de ella. Luz y Caballero, desde su arraigada creencia cristiana, llegó a señalar que la relación entre la moral y el cuerpo humano era mucho más estrecha de lo que habitualmente se creía.

Llevó esto al terreno de la filosofía, es decir, a los principios que orientan los métodos de investigación. Así, critica a los que sugieren la existencia de dos tipos de investigaciones contradictorias, es decir,  “dos clases de observación, la externa e interna… No siendo ella en realidad más que la misma función, ora aplicada al conocimiento de los objetos exteriores, ora a los fenómenos internos; por lo cual solo la razón de su objeto, pero no de su principio, podrá clasificarse la observación como interna y externa; modo de clasificar que no es de lo más claro ni científico y por lo mismo tanto más tachable en este género de investigaciones, las sociales, en que más que ningunas otras debe hermanar el precepto con el ejemplo en materia de precisión”.


Armando Hart Dávalos

 
Armando Hart Dávalos