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Publicado el 25 Octubre, 2017 por Nestor Nuñez en Opinión
 
 

Venezuela, del triunfo y sus compromisos

 

Por NÉSTOR NÚÑEZ

Que la Revolución bolivariana se haya alzado con más de 78 por ciento de las gobernaciones regionales del país en los comicios parciales de pasado domingo 15 de octubre, es un revés absoluto para la derecha local y quienes les apoyan desde el exterior.

Desde luego, tales grupos han reaccionado como suelen hacerlo cada vez que sus contrincantes logran un triunfo, con más razón cuando los partidarios de una patria independiente, solidaria y justa se adjudican la máxima administración en 18 de los 23 estados en disputa.

En pocas palabras, para la oligarquía nativa es claro el axioma que confirma con su agria actitud cotidiana: “si gano, la democracia resulta impoluta, pero si pierdo es obra del fraude del gobierno y de sus seguidores”.

Son, de hecho, términos ya gastados que la derecha insiste en utilizar, porque no puede o no quiere explicar ni explicarse de forma racional que ha sido extremadamente torpe, mediocre y artera en materia política, especialmente en los últimos meses. En tan gran medida, que no pocos ciudadanos la identifican con la violencia, el crimen y el pillaje.

Y es que pese a toda la campaña tergiversadora de los grandes medios de prensa internos y foráneos sobre los pasados días de “güarimbas”, asesinatos, quema de personas en plena calle, ataques a entidades civiles y militares, destrucción de bienes e inmuebles oficiales y sociales, despliegue de bandas delincuenciales y utilización mediante soborno y para actos violentos de mercenarios, y niños y jóvenes de las clases menos favorecidas, los venezolanos pudieron constatar de manera vívida la responsabilidad de aquellos que promovieron semejante escenario, y vislumbrar en lo que podría devenir el país de triunfar tales bastardos intereses.

De manera que la concurrencia a las urnas este octubre de más de 70 por ciento de los electores, y la victoria aplastante de la izquierda defensora de la estabilidad y la paz, tiene una razón de ser que solo ciegos y prepotentes no quieren admitir.

Al lado del mayor enemigo

La realidad venezolana indica pues que, si bien la derecha se hizo del control del poder legislativo en los últimos comicios parlamentarios, sus torpes actuaciones le han cortado todo rédito.

Así, convirtió en inoperante el parlamento al admitir a viva imposición a tres legisladores probadamente electos mediante fraude, y luego de violar esa cláusula institucional, no dudó en mostrar su rostro más feroz y viciado, al oponerse a los programas sociales y económicos del Gobierno chavista.

Por demás, en su obseso afán de poder, no dudó en cometer el falaz pecado de entregarse al fomento del caos y el desorden extremos bajo instrucciones foráneas, de manera de ofrecer pretextos para la concreción de las amenazas de agresión exterior contra Venezuela.

En pocas palabras, mostró su neto papel de quinta columna interna favorecedora del cerco económico y de la invasión militar hegemonista, y esa actitud repudiable hizo mella absoluta en su imagen y aceleró el desgaste que hoy vive.

Es evidente que a la hora de ser llamados nuevamente a las urnas, muchos ciudadanos no olvidaron las imágenes de líderes de la derecha, por lo general ausentes de las manifestaciones agresivas que convocaban, pagaban y armaban, pavoneándose en Washington y otras capitales junto a “ilustres” personeros del gobierno gringo o apegados a la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, OEA, urdiendo y solicitando castigos y baños de sangre contra sus propios compatriotas.

De manera que esas son las causas inmeditas de su nuevo descalabro electoral, donde solamente ganaron cinco gobernaciones de las 23 en disputa, pues no puede olvidarse que también ha sido concluyente la política económica y social del Gobierno a favor del pueblo venezolano, en especial de los más humildes.

En un gesto que vuelve a proyectar la imagen abierta, seria y razonable del Gobierno del presidente Nicolás Maduro, el mandatario ofreció a los nuevos gobernadores opositores la oportunidad de trabajar en paz y entendimiento por el futuro de toda la nación, como ya lo ha hecho en repetidas ocasiones al dirigirse a representantes de derecha, empresarios y otras fuerzas no favorables al proceso chavista, de manera que todo cambio político provenga de la expresión realmente democrática, serena y responsable de las masas, y no de golpes arteros y maridajes degradantes con intereses ajenos.

Una fórmula, además, que obliga a cada polo político a engrosar su expediente de servicio y de logros tangibles con respecto al pueblo y al país, como esencial aval que concrete su presencia en la decisión de los destinos nacionales.

Y claro resulta que la derecha venezolana, a partir de su torcida historia y de lo que ha evidenciado en estos años de poder revolucionario, han perdido la oportunidad de mostrar en propiedad que es afín a caminos que apunten a contar con las mayorías ni a lograr concretar sus más esenciales aspiraciones.

Aristas indispensables

Por otra parte, la victoria chavista en los comicios parciales del 15 de octubre tiene además otras lecturas.

La primera se refiere al hecho palpable y positivo de que, ciertamente, el hombre y la mujer comunes, han ganado en Venezuela una claridad política suficiente como para discernir objetivamente dónde en verdad radica la esperanza de una vida más plena y de un desarrollo nacional destinado a lograr nuevos escalones de progreso integral, y cuáles son los mecanismos más justos y constructivos para llevar adelante semejantes proyectos.

Luego de la amarga experiencia de los meses precedentes, se percibe un anhelo reverdecido de cambios positivos, que tuvo su primera manifestación en la consulta masiva que permitió el establecimiento de la Asamblea Nacional Constituyente que atajó la violencia reaccionaria.

En consecuencia, los que ahora asumen sus cargos de gobernadores y quienes ya trabajan desde las máximas instancias de dirección, juramentan su deber y la misión de perfeccionar la gestión para que la eficacia y los resultados alienten todavía más el favor y el reconocimiento de las masas que con tantas expectativas les otorgaron su confianza.

Consolidar y moverse aceleradamente hacia adelante para superar por tanto las proyecciones retóricas y el universo de las promesas para hacer el entorno palpable, eficaz y efectivo.

Actos que los respalden plenamente son imperativos para que quienes sueñan con destruir y revocar no encuentren el más mínimo resquicio.


Nestor Nuñez

 
Nestor Nuñez