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Publicado el 20 Noviembre, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

El remake de Trump

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

La lista de pretextos y condicionalidades esgrimida por los gobiernos norteamericanos durante casi 60 años para justificar sus agresiones e impedir cualquier solución bilateral medianamente sensata con Cuba servirían para hacer un voluminoso libro de mendaces afirmaciones, embustes y argumentos sin razón, como parte de una mitología política irracional.

Ahora, al igual que Ronald Reagan y George W. Bush, y bajo los burdos subterfugios de la “libertad” y los “derechos humanos”, Donald Trump desde su campaña electoral en Miami delineó su nueva “guerra fría” contra Cuba en un remake de la “teoría de la olla de presión”, para crear nuevas dificultades internas mediante medidas que  buscan el desgaste y la erosión de la población, aunque en las absurdas intenciones de aislar más a la Isla también arreció sus represalias contra los ciudadanos norteamericanos en el comercio y sus viajes a nuestro país.

De igual manera, para favorecer las tendencias anticubanas de la pandilla de mafiosos de Marcos Rubio, que no vieron con buenos ojos los relativos avances logrados con la administración Obama, Trump utilizó el pretexto de la “saga acústica” para eliminar los progresos alcanzados y dañar la relación bilateral.

Todos los conocedores de la política cubana saben que la lucha de nuestro país ha sido permanentemente buscar la eficacia y la eficiencia en el orden administrativo para incrementar los aportes financieros a la “caja común” que redistribuya los beneficios a la nación pese a la marcada tendencia de ahogarla financieramente por la persecución extraterritorial de las medidas punitivas estadounidenses.

Por eso, no asombra que la administración de Donald Trump retome la torpe idea de que con represalias se destruye un país. Eso lo evidencia su prohibición para que empresas y ciudadanos norteamericanos puedan realizar transacciones financieras con cerca de 180 entidades cubanas, con decisiones que ponen de manifiesto cómo la lujuria anticubana tiene un signo de igualdad con la pérdida de sentido común, porque ahora los estadounidenses no podrán hospedarse en 83 hoteles (casi virtualmente el Patrimonio Histórico de La Habana Vieja les estará vedado) ni podrán visitar decenas de comercios, compañías turísticas, establecimientos diversos, e inclusive, aunque parezca pueril, tienen vetado poder comprar algunos productos como refrescos o ron.

Y como ha sido tradicional en esta obsesiva persecución política, una vez más resultan sancionados los propios ciudadanos norteamericanos, los verdaderos rehenes de esa política de agresión

Y como ha sido tradicional en esta obsesiva persecución política, una vez más resultan sancionados los propios ciudadanos norteamericanos, los verdaderos rehenes de esa política de agresión. Las nuevas disposiciones de Trump les prohíbe las visitas individuales a la Isla bajo los intercambios “pueblo a pueblo”, mientras imponen condiciones a los viajes educacionales, dado que ahora los que quieran viajar deberán hacerlo “bajo supervisión de un acompañante bajo jurisdicción de Estados Unidos que sea representante de la organización patrocinadora”. También deberán elaborar un “cronograma completo” de actividades con ciudadanos cubanos y mostrar “una interacción significativa” según dijo un funcionario en Washington, que vaya más allá de alojarse en casas, comer en restaurantes privados o comprar en tiendas privadas.

Ha sido muy grande el rechazo a esta empecinada política que ha fracasado en el pasado y son amplias las manifestaciones críticas en numerosos sectores políticos, comerciales, empresariales, educacionales y otras organizaciones estadunidenses. Como alguien escribió en la prensa norteamericana “la política y las normas de implementación de esos cambios, dados a conocer mientras el presidente retozaba en la China comunista, también son esquizofrénicas y peligrosas para los intereses de Estados Unidos”.

Cuba desea llegar a la verdad

Mientras tanto, han sido demoledores los argumentos presentados por las autoridades cubanas sobre el último de los subterfugios de Trump, la “saga acústica”, aunque por estos días con la desclasificación de los documentos que tienen que ver con el asesinato del presidente John F. Kennedy han aparecido algunos otros inventos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para justificar la escalada agresiva contra la nación cubana que son verdaderamente maquiavélicos: destruir un bote lleno de refugiados, asesinar a líderes del “exilio” y plantar bombas en Miami u obstaculizar el vuelo al espacio del astronauta John H. Glenn, y que Cuba fuese acusada de entorpecer las comunicaciones del cohete espacial con la interferencia electrónica.

Las autoridades cubanas, aunque hayan concluido preliminarmente que no existe evidencia alguna sobre la ocurrencia de los incidentes reportados, quieren continuar la colaboración en las investigaciones con la parte norteamericana, porque Cuba desea llegar a la verdad

Ante la nueva invención estadounidense, se levantan los testimonios de personalidades del mundo científico para probar que la Administración Trump miente deliberadamente con su denuncia de que 24 diplomáticos o parientes de estos en la Isla sufrieron “ataques” con un arma sónica desconocida que les provocó afecciones de salud.

“Es hora de que digan la verdad o presenten evidencias”, conminó el canciller Bruno Rodríguez a los voceros estadounidenses durante un encuentro con la prensa en Washington.

Una y otra vez se han ofrecido argumentaciones científicas, técnicas y resultados criminalísticos acerca de que los síntomas reportados no pueden asociarse a una causa única y no existe tecnología conocida que permita dirigir una fuente sonora selectivamente contra personas específicas, sin afectar a otras.

En sus intervenciones en Estados Unidos, el Ministro de Relaciones Exteriores cubano sostuvo que ante tales evidencias “llama poderosamente la atención que el Gobierno estadounidense siga hablando de ataques y de ‘ataques acústicos’, mientras adopta medidas punitivas contra Cuba, cuando está demostrado parcialmente que tales hechos son imposibles”.

Hay muchas preguntas, muchos porqués, como aseveró el Canciller cubano ante los periodistas en Washington. “¿Por qué los incidentes se reportaron de forma tardía, en su inmensa mayoría semanas y meses después de que supuestamente ocurrieron? ¿Por qué la información suministrada por Estados Unidos a Cuba ha sido extemporánea e insuficiente? ¿Por qué a pesar de que se permitieron las investigaciones del FBI en territorio cubano no ha habido colaboración con la parte cubana para compartir evidencias y esclarecer los hechos? ¿Por qué se omite que en el período de los supuestos ataques, se solicitaron desde Estados Unidos 293 visas para que familiares y amigos de diplomáticos norteamericanos vinieran a visitarlos, una evidencia más de que han continuado su vida normal, que incluye visitas a centros turísticos y viajes a provincias?

Washington usa las denuncias sobre los presuntos daños a su personal como pretexto de naturaleza política, aseveró Rodríguez Parrilla ante periodistas en el Club Nacional de Prensa de la capital estadounidense.

Como elemento adicional de que nuestro país es garante del cumplimiento de la Convención de Viena, en un programa de la Mesa Redonda el coronel Ramiro Ramírez Álvarez, jefe del Departamento de Seguridad Diplomática del Ministerio del Interior, explicó que el cuerpo diplomático dispone en Cuba de 800 locales, 100 residencias y un parque de más de 2 040 vehículos y aseveró que no se registran hechos de delitos; nuestra nación no ha recibido críticas en la ONU por su cumplimiento de la Convención de Viena.

Las autoridades cubanas, aunque hayan concluido preliminarmente que no existe evidencia alguna sobre la ocurrencia de los incidentes reportados, quieren continuar la colaboración en las investigaciones con la parte norteamericana, porque Cuba desea llegar a la verdad.


Lázaro Barredo Medina

 
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