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Publicado el 7 Noviembre, 2017 por Redacción Digital en Opinión
 
 

Petrogrado: lecciones del futuro

Era solo el comienzo revelador de la esencia del futuro necesario, que ya se adelantaba: la centralidad de la actividad política, la importancia de la relación entre los líderes, la dirección del proceso y las masas revolucionarias en la transformación comunista de la sociedad

Por JESÚS PASTOR GARCÍA BRIGOS

El 25 de octubre de 1917 luego de la toma del Palacio de Invierno y el arresto del Gobierno Provisional por el Comité Militar Revolucionario a las 2:10 de la madrugada del día 26, era muy difícil predecir el alcance de la señal que daba al mundo el sonido de los cañonazos del crucero “Aurora”. Y muy pocos quizás avizoraron las complejidades del camino a recorrer.

En el breve lapso de apenas ocho meses, dos revoluciones se complementaban en la ciudad rusa, desarrolladas en casi idéntico contexto, prácticamente por los mismos protagonistas, pero ya con diferencias importantes.

Era solo el comienzo revelador de la esencia del futuro necesario, que ya se adelantaba: la centralidad de la actividad política, la importancia de la relación entre los líderes, la dirección del proceso y las masas revolucionarias en la transformación comunista de la sociedad.

Marx y Engels no nos dejaron recetas: siempre rechazaron ser “cocineros de la historia”, como dijo Engels. Pero nos dejaron una obra con elementos para plantearnos generar creativamente, en las condiciones históricas de cada caso específico, nuevas relaciones: la transformación comunista como un proceso, en el cual hay que tomar y consolidar el poder “de nuevo tipo” por las fuerzas interesadas en el cambio, porque el capital no lo cederá jamás. Hay que arrebatarle el poder en un complejo proceso de luchas que recoge genialmente Lenin en su análisis de las “formas de lucha de clase del proletariado en el poder[1], entre las cuales identifica, con profundo sentido estratégico, la que conceptualiza como “inculcación de una nueva disciplina”, vinculada a uno de los elementos del sistema del capital que más persistencia e influencia tiene durante el largo proceso de transformación comunista: la condición de asalariado, que Fidel concreta claramente al alertarnos que “…En el esfuerzo por buscar la eficiencia económica hemos creado el caldo de cultivo de un montón de vicios y deformaciones, y lo que es peor, ¡corrupciones!. (…).Todo eso puede mellar el filo revolucionario del pueblo, de nuestros trabajadores, de nuestros campesinos. (…) debilita a la Revolución no solo políticamente, incluso militarmente la debilita; porque si nosotros tenemos una clase obrera que se deja llevar nada más por el dinero, que empieza a ser envilecida por el dinero, que no actúa más que por el dinero, entonces estamos mal, porque de ese tipo de hombre no sale un defensor óptimo de la Revolución y de la patria”.[2]

Con los soldados, obreros y campesinos de Rusia comienza la práctica actual de esa transformación. Pero: ¿hemos aquilatado plenamente lo que la Revolución de Octubre de 1917 representa para la humanidad?

La Perestroika iniciada en la URSS tras el Pleno del Comité Central del PCUS de Abril de 1985, – un proceso necesario, que llegó demasiado tarde para la URSS y para el mundo-  planteaba y se presentaba como continuación natural del proceso iniciado en 1917, con su contradictoria lógica y la necesidad de un accionar consecuentemente materialista dialéctico para su desarrollo exitoso, plasmado en la idea leninista de que “…el tiempo de la revolución es el tiempo de la acción, de la acción tanto desde arriba como desde abajo”[3]. Pero lo que apuntaba como impulso revolucionario, devino en su contrario, por razones que aún han sido insuficientemente analizadas.

Hoy no faltan los que, incluso auto identificándose con las ideas de Marx, Engels y Lenin, concluyen con asombrosa determinación, que la transformación iniciada en octubre de 1917 fue un error y estaba condenada al fracaso desde sus inicios, por las insuficientes condiciones objetivas, internas y externas a la Rusia de los soviets. En particular- por el “escaso nivel de desarrollo de las fuerzas productivas” en la Rusia de inicios del siglo XX, y por la imposibilidad de la supuesta construcción del “socialismo en un solo país”.

Estamos ante la peligrosa persistencia de enfoques de “científicos” y políticos, que nos hacen repetir la conocida expresión de Marx: si eso es marxismo, yo no soy marxista.

La realidad es que, a la par de los procesos que se desencadenaron luego del impulso de la Perestroika, ya desde 1986 comenzaron a proliferar en la URSS y en otros contextos, diferentes enfoques respecto a la Revolución de Octubre y el socialismo soviético, y lamentablemente, junto con ellos, -ingenuamente, por ignorancia o por cinismo político,- tomaron fuerza  los enfoques liberales burgueses, que no han desaparecido del escenario social, como elementos corruptores de cualquier proceso revolucionario de transformación comunista.

Como ha planteado el destacado investigador, profesor marxista y luchador comunista ruso Alexandr Buzgalin, la obra iniciada por los pueblos de Rusia y la URSS hace cien años, no se puede ignorar; hay que aproximarse a ella críticamente, pero “no se puede simplemente pretender que más de 70 años de socialismo no existieron, y que ellos no nos enseñaron nada”[4]. Lo primero debe ser comprender que lo iniciado el 25 de octubre de 1917 es una obra no concluida, que debe ser estudiada y continuada desde la visión de cada una de nuestras realidades concretas.

Los bolcheviques conducidos por la autoridad de Lenin, muchas veces en minoría y no siempre en un contexto de unanimidad entre la dirigencia revolucionaria, lograron durante su liderazgo convertir las diferencias internas en unidad de acción. Se plantearon hacer realidad el futuro identificado como necesario históricamente por Marx y Engels, conscientes de la realidad concreta de la Rusia que recién había derrocado el gobierno de los zares.

No pretenderíamos encerrar en definiciones académicas el legado del Octubre del 17, porque sería traicionar su propia esencia. La Revolución de Octubre continúa su accionar. Está más allá de encasillamientos “científicos”, que hoy plantean discusiones acerca de si cumplió o no con “resolver” primero las tareas de la revolución burguesa, y derivan de ello las justificaciones para la contrarrevolución en el país que entró en el futuro necesario haciendo posible lo imposible, con sus luces y sombras, como todo proceso real y sobre todo, como proceso con una naturaleza raigalmente diferente a la de todos los conocidos anteriormente por la humanidad.

Con la Revolución Socialista de Octubre la humanidad entró en su futuro, comenzó a dar sus primeros pasos en lo que Marx calificó como la verdadera historia de la humanidad, empezó a moverse diferente: a marchar en el comunismo, el complejo y difícil proceso, de trascender el sistema del capital, que es mucho más que simplemente dejar atrás el capitalismo.

Se trata de avanzar sostenidamente en un proceso político de nueva naturaleza, portador del progresivamente pleno y libre desarrollo de los individuos como premisa y resultado del pleno y libre desarrollo de la sociedad como un todo en armonía con la naturaleza.

El comunismo es la “juventud de la humanidad”, según expresión del poeta de la Revolución de Octubre Vladímir Mayakovsky. La “construcción del socialismo”, ha dicho Raúl Castro, es un “viaje a lo ignoto”. Fidel asimila creativamente las lecciones de Marx, Engels y del proceso iniciado en Octubre de 1917.

Solo así fue posible conducir durante más de cincuenta años, sin cometer el más mínimo error estratégico, la compleja práctica del proceso de transformación revolucionaria radical, comunista, en nuestras condiciones: ¿Qué mejor demostración que lo alcanzado por el pueblo cubano en estos años?

¿Qué mejor visión del futuro que nos debe unir con Marx, Engels, Lenin y los legítimos exponentes de los más puros ideales comunistas?, ¿qué mejor propuesta de cómo avanzar en este futuro nacido en Petrogrado en octubre de 1917, que el concepto de Revolución, verdadero programa que hemos jurado defender y tenemos que materializar en el día a día frente a los nuevos desafíos?

Cuba enfrenta hoy el momento más complejo de los casi sesenta años de transformaciones revolucionarias.

Se ha planteado que la principal es la batalla económica. Para librarla exitosamente, las lecciones del futuro adelantado en la obra de Marx y Engels, iniciado con Lenin, y recorrido con la guía invicta de Fidel, nos indican que no podemos olvidar el papel decisivo de la política. Una política de nueva naturaleza, para la emancipación “verdaderamente humana”/Marx/, capaz de conducir la necesariamente nueva economía desde “el punto de vista del trabajo” que nos reclamara Marx.

[1] Ver: V. I. Lenin “Acerca de la Dictadura del Proletariado” (pp. 269- 278) y “Borradores y plan del folleto acerca de la dictadura del proletariado” (pp. 467- 475), T. 39, Obras Completas, 5ta. Edición, Editorial Progreso, Moscú, URSS.

[2] Fidel Castro Ruz, En el II Encuentro Nacional de Cooperativas de Producción Agropecuaria, 17- 18 de mayo de 1986, Cuba Socialista, 5/86, p.73.

[3] Lenin,V.I., “Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática”, Obras Completas, T. 11, p. 85, Ed. Literatura Política, Moscú, 1979 (en ruso: traducción del autor).

[4] Buzgalin, A.V., “La URSS: 10 lecciones para el socialismo del futuro. Conferencia en el Centro Internacional Francisco de Miranda, Caracas, Venezuela”. Traducción al español en www.nodo50.org/cubasigloXXI/.


Redacción Digital

 
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