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Publicado el 18 Diciembre, 2017 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Oposición venezolana

Desmoralizada dentro de sus propias filas

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Los escuálidos dijeron primero que iba a ser abrumadora la abstención en las elecciones municipales venezolanas, pero los más de 9 millones 300 mil votantes que ejercieron el sufragio dejaron en ridículo sus opiniones. Luego volvieron con la cantaleta del fraude para disfrazar su derrota.

La realidad es que tras la violencia cruenta de los últimos meses y la severa agresión económica que sufre el país, la oposición ha perdido en la confrontación de ideas, la población le ha ido retirando la confianza por sus posiciones entreguistas, a la par que reconoce la vocación de paz y diálogo que ha mantenido el presidente Nicolás Maduro para preservar la independencia nacional.

La realidad es que tras la violencia cruenta de los últimos meses y la severa agresión económica que sufre el país, la oposición ha perdido en la confrontación de ideas, la población le ha ido retirando la confianza 

Las municipales en Venezuela no suelen tener gran convocatoria. En 2013, donde no hubo boicot de la derecha, la participación fue del 42 por ciento y en otros períodos ha estado sobre el 50 por ciento, pero esta vez la reacción interna e internacional apostaba a un colapso. Por eso adquiere relevancia que el 10 de diciembre, pese a que el proceso bolivariano tuvo que soportar una ofensiva mediática sin precedentes, una descomunal guerra económica sostenida en el tiempo y una estigmatización permanente, acudió a las urnas el 47,3 por ciento de los ciudadanos (9 281 257), y 6 517 606 votaron por los candidatos del chavismo, mientras que integrantes de los partidos opositores en  desafío a sus líderes que por orientación de Estados Unidos proclamaron el abstencionismo, concurrieron a las elecciones (se inscribieron varios cientos de aspirantes) y obtuvieron 2 749 778 votos.

El PSUV ganó 305 alcaldías de 335, y agregó una nueva gobernación, la de Zulia, que tiene el mayor padrón electoral nacional, donde obtuvo el 56 por ciento de los votos, completando 19 de las 23 gobernaciones.

La lectura que deja el proceso tras el complejo escenario de confrontación política y todos los intentos de provocar un caos desmovilizador de los últimos meses,  es que la Revolución Bolivariana tiene respaldo popular pese a enfrentar una crisis caracterizada por la escasez de alimentos y medicinas, y una alta inflación de tres dígitos, lo cual se agrava con las nuevas sanciones económicas y jurídicas que Estados Unidos y algunos aliados impusieron al Estado para establecer otro férreo bloqueo.

Es enorme la batería mediática nacional e internacional con la pretensión de minimizar lo ocurrido. Pero la verdad se abre paso ante la respuesta y la resistencia populares. El gobierno de Venezuela, sometido a una guerra no convencional y con severos riesgos ante las continuas amenazas de acudir a la opción militar contra el país por parte del presidente Donald Trump y varios personeros de su administración, opuso la democracia de las urnas a la violencia y desarticuló las intentonas contrarrevolucionarias con tres elecciones en menos de seis meses: la Constituyente, la de gobernadores y ahora la de las alcaldías municipales. A quien no quiere caldo, tres tazas…

La lectura que deja el proceso tras el complejo escenario de confrontación política y todos los intentos de provocar un caos desmovilizador de los últimos meses,  es que la Revolución Bolivariana tiene respaldo popular pese a enfrentar una crisis caracterizada por la escasez de alimentos y medicinas, y una alta inflación de tres dígitos

La oposición ha quedado desmoralizada dentro de sus propias filas. Como se dice, le salió el tiro por la culata y no tiene otra alternativa que buscar una salida con el diálogo y ajustarse los cinturones para confrontar al chavismo en las elecciones presidenciales del próximo año.

Para algunos expertos la MUD dejará de ser una confluencia opositora ante sus propias contradicciones y aspiraciones elitistas, como ocurrió con la llamada Coordinadora Democrática que tuvo mucho que ver con el golpe de Estado en abril de 2002 y más tarde con el paro petrolero, pero lo que se no se puede obviar es que la derecha venezolana tiene una fuerte articulación con el imperialismo y sus secuaces de la OEA, la Unión Europea y algunos países latinoamericanos.

Las victorias no pueden obnubilar con excesos de confianza. Nada se puede dejar a la espontaneidad y de seguro que esa derecha va a confabularse con todo el apoyo incondicional, político y financiero de los enemigos de la Revolución, para buscar la manera de intentar una vez más la derrota de la causa bolivariana que tanto representa para los movimientos sociales de América Latina y el Caribe.


Lázaro Barredo Medina

 
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