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Publicado el 30 Enero, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

VENEZUELA

Terrorismo y acoso

El águila imperial contra Venezuela.

(geopolitica.es)

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

La Revolución bolivariana está sometida a una frenética política de ataques desestabilizadores, presiones de todo tipo, actos de violencia terrorista y un acoso internacional tremendo que, indudablemente, se recrudecerán ante la decisión de la Asamblea Nacional Constituyente de adelantar las elecciones presidenciales.

Cualquier dirección que adopta Venezuela, cualquier empresa que acomete, cualquier acontecimiento que se propone, es rápidamente evaluada como un fracaso. La intencionalidad política contra esa hermana nación es perversa: si los chavistas tratan de resolver los conflictos con la oposición mediante la convocatoria a elecciones populares, recibe rechazo, calificación de fraude; si no lo hace, es un régimen antidemocrático, dictatorial. Si diseña programas de alimentación, de vivienda, de salud, para proteger a la población frente a la guerra económica que ha desarticulado su entramado productivo y comercial, es calificado de inviable y torpedeado de todas las formas; si no los organiza y desarrolla, es fatal pues lo califican de responsable de “crisis humanitarias”. Si convoca al diálogo frente a la violencia, es un “Estado fallido”; si enfrenta con toda energía los actos de terrorismo, es un “Estado criminal”.

Cada día es más claro y preciso cómo las ansias geopolíticas de Estados Unidos, con el apoyo de sus principales aliados y de varios países latinoamericanos que actúan como meretrices y quieren aparentar ser vírgenes vestales, justifican el intervencionismo abierto o encubierto ante el fracaso de una oposición desacreditada internamente, e intentan engañar a la comunidad internacional con sus nuevas doctrinas que manipulan conceptos tales como “responsabilidad de proteger” y “seguridad humana”, para llevar adelante su injerencismo y fabricar pretextos para el uso de la fuerza.

Venezuela es un ejemplo fehaciente de los dobles raseros que algunos pretenden santificar con la existencia de un terrorismo malo, atribuido a quien no se pliegue a sus intereses, y un terrorismo bueno, el que se practica contra naciones renuentes a aceptar la hegemonía de los poderosos.

Resulta grotesco que en escenarios internacionales la hermana nación bolivariana sea atacada por defenderse contra la barbarie de una violencia despiadada que ha causado muertes, destrozos e incendios en varias instituciones del Estado, así como el daño a bienes públicos y el saqueo contra almacenes de alimentos, comercios, escuelas, sabotajes contra instalaciones eléctricas y, a la vez, se perpetran ataques contra instalaciones militares. Cómo se le puede pedir que permanezca inerme contra la práctica sostenida de crímenes de odio de los extremistas opositores para amedrentar y sembrar el terror entre los ciudadanos y así generar angustia y miedo.

En días pasados pudo apreciarse el alto grado de la tergiversación de la realidad venezolana, cuando fue neutralizado un grupo terrorista que recibió el apoyo de varias transacciones desde el extranjero para el financiamiento de sus actividades violentas con el propósito de provocar pánico en la población al colocar carros bombas en cualquier estado o lugar de Venezuela, incluyendo a embajadas de países amigos, aunado a posibles planes de asesinatos selectivos contra líderes políticos.

Es inmoral que se pretenda glorificar al jefe de esta banda terrorista que con anterioridad secuestró un helicóptero para lanzar bombas sobre instituciones, dirigió un comando de asalto contra una unidad de la Guardia Nacional e incautó fusiles de alto poder de fuego para desarrollar ataques, mientras publicaba con frecuencia videos en redes sociales, en los que llamaba a los venezolanos a salir a las calles y alzarse, a la vez que prometía ante las cámaras una guerra.

El terrorismo y el acoso internacional van de la mano contra Venezuela, que se traduce en el conocido refrán: “Palo porque bogas y palo porque no bogas”.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina