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Publicado el 5 Febrero, 2018 por Redacción Digital en Opinión
 
 

EN EL DEBATE ECONÓMICO

 La guerra que todavía debe ganar el Che (I)

 

 

La guerra que todavía debe ganar.

Al cumplirse en 1987 el aniversario XX de la caída del Che en Bolivia, le solicitaron al dirigente revolucionario y economista Carlos Rafael Rodríguez, entonces miembro del Buró Político del Partido, que expusiera sus opiniones acerca del pensamiento económico del Che. En la edición extraordinaria que dedicamos en octubre del año pasado al Guerrillero Heroico, en ocasión del aniversario 60 de su caída en combate, dimos a conocer fragmentos de su conferencia, tomada de la revista Cuba Socialista en su edición de mayo-junio de 1988. Por petición de muchos de nuestros lectores, que acogieron con gran interés los fragmentos publicados, a partir de este número la reproduciremos íntegramente en varias partes.

Por CARLOS RAFAEL RODRÍGUEZ

Bien, queridos compañeros:

Quisiera, en primer término, agradecer al compañero Marcos [Portal, entonces ministro de Industrias] la oportunidad que me da para reunirme con un colectivo en que está congregado lo que podríamos llamar el cuerpo dirigente del ministerio, el núcleo –que no es el único importante, porque los trabajadores son la fuerza decisiva entre nosotros– al cual le corresponde llevar a la práctica las ideas de la dirección del Partido y del Gobierno y, sobre todo, las ideas del Ministerio.

Marcos había insistido mucho conmigo en que tomando en cuenta que este el XX aniversario de la muerte del Che, yo les hablara a ustedes –dentro de los cuales hay un grupo importante de compañeros que fueron sus colaboradores– sobre el pensamiento económico del Che. Había sido inicialmente renuente por respeto al Che, por el hecho de que las circunstancias del trabajo en que todos estamos envueltos hacen difícil una revisión sistemática de todo el conjunto de ideas tan importantes elaboradas por el Che sobre la dirección económica del país, y no me atrevía a acometer ante ustedes una tarea que parecía exceder a mis fuerzas en este momento.

Pero hace unos días recordé que entre los trabajos que había recibido recientemente y que, como muchos, no he tenido la oportunidad de leer hasta ahora, estaba el premio Casa de las Américas, otorgado este año a un libro, que yo me había asomado a él sin penetrar mucho en su contenido, de un joven estudioso cubano, Carlos Tablada, sobre el Che Guevara. Me pareció interesante ver si aquel libro me ayudaba, y puedo confesarles que me siento tributario en esta tarde de ese libro porque sin él no habría podido llegar aquí y decirle a Marcos: Estoy en disposición mínima, por así decirlo, de compartir con los compañeros algunas reflexiones sobre la contribución de Ernesto Che Guevara a los problemas de la economía nacional, mínima, porque el pensamiento del Che tiene tantas facetas que es imposible abarcarlo de una sola vez; mínima, porque para penetrar cada uno de los muchos aspectos planteados por el Che con relación a la economía haría falta más dedicación de la que yo pude darle al tema y más tiempo del que disponen ustedes.

Sin embargo, creo que el mejor homenaje que podemos rendirle al Che en este XX aniversario, cuando nos reunimos compañeros que de un modo u otro estamos responsabilizados con el quehacer económico, es revisar un poco de lo mucho con que él contribuye al desarrollo de la economía cubana, en el terreno de la teoría diríamos, pero también y principalmente en el terreno de la práctica.

La personalidad del Che ha estado siempre presente en la industria nacional, como en todo el país, pero en la industria, y muy particularmente en la industria básica de nuestro país, a la cual él estuvo tan particularmente ligado y en cuya creación fue partícipe y conductor en la mayor parte de los aspectos.

Marcos me decía que ustedes, como toda la ciudadanía cubana, pero particularmente ustedes, conservan la imagen del Che como un ejemplo a seguir, y creo que todos debemos tenerlo en esa condición. Un ejemplo para dirigentes y para dirigidos. En estos días –creo que muchos de ustedes lo habrán visto– se ha llevado a la televisión otra vez, una vez más, una de las cosas más hermosas que ha logrado la televisión cubana: el recuerdo que del Che tienen trabajadores simples que recibieron de un modo u otro su lección admirable. Y es conmovedor el documental. No se cansa uno de ver aquella reacción, a la vez emotiva y reflexiva, de obreros que supieron agarrar lo sustancial de la lección del Che Guevara. Esa lección es inapreciable para nosotros en estos momentos en que, como ha dicho Fidel recientemente, no sólo estamos en una batalla permanente por la rectificación de los errores –permanente porque los errores se producen o surgen nuevos errores, es inevitable mientras no llegamos a la perfección que todavía no hemos alcanzado–, pero que no es sólo eso sino que es también de movimiento de nuevas ideas y de nuevas iniciativas.

Por esto, con toda modestia, con toda humildad, quisiera comunicarles a ustedes algunos pensamientos, sobre todo vinculado con la realidad inmediata que vivimos, sobre las aportaciones del Che.

Yo no examinaría hoy principalmente, aunque sí tendría que mencionarla, la principal contribución del Che en el terreno de la teoría al llamado período de transición, en que vamos saliendo lentamente del capitalismo y vamos construyendo todo lo aceleradamente el socialismo y acercándonos a la sociedad comunista de la cual a mi juicio estamos todavía bastante alejados. Y esta principal contribución es sin duda el sistema presupuestario de dirección de la economía.

No es ese el que tenemos ahora, pero dentro de las ideas del sistema presupuestario de dirección de la economía postulado por el Che se encuentran contenidas ideas actualísimas para lo que estamos realizando, y yo diría que si no ponemos en práctica muchas de las ideas del Che en el sistema de cálculo económico, por el cual nos guiamos, y respecto al cual el Che fue tan crítico, no podremos avanzar. Se trata de una simbiosis necesaria.

dentro de las ideas del sistema presupuestario de dirección de la economía postulado por el Che se encuentran contenidas ideas actualísimas para lo que estamos realizando

A la distancia del tiempo, el sistema presupuestario nos aparece como una contribución de excepcional valor. No diríamos –y ustedes lo saben bien– el Che creó el sistema presupuestario. Ya venía de países socialistas; en la propia Unión Soviética durante un período predominó el sistema presupuestario en muchos de los aspectos de la economía. Pero el Che sí lo trabajo en las condiciones de un país que a la vez hace del desarrollo y el socialismo, condiciones particulares de la economía cubana en las cuales estamos todavía inmersos.

Se ha escrito mucho en el extranjero, y hay hasta libros hablando de las contradicciones del Che con algunos compañeros, y particularmente se me señala a mí. Yo tengo como orgullo el poder decir que, aunque algunas contradicciones existieron, en lo fundamental, en lo esencial al abordar el problema económico, estuvimos siempre profundamente identificados y trabajamos juntos, con otros compañeros, para imponer un poco de orden en la economía cubana, por lograr la máxima eficiencia de la economía cubana y por establecer aquello que para nosotros es esencial: el control económico, cualquiera que sea el punto de partida. Y el sistema presupuestario se basaba, en primer término, en el uso de las técnicas contables más avanzadas y una concepción muy moderna –y yo diría que anticipada– sobre el uso de la computación electrónica. En este terreno Che, anticipándose a su tiempo, con una visión larga que él tuvo siembre, comprendió lo mucho que la naciente utilización de la computación podía dar a la economía como auxiliar valioso del control económico en todos los aspectos. Y una contabilidad fuerte, junto con una computación utilizada universalmente, eran la base del sistema presupuestario que él defendía.

Esto iba unido también a una concepción muy clara del papel de la planificación como instrumento permanente de la economía. Naturalmente, junto a la planificación, el Che elaboró, como instrumento fundamental frente al cálculo económico que le daba una mayor autonomía a las empresas, la centralización del sistema presupuestario, según la cual no había fondos particulares de las empresas y por consiguiente un fondo centralizado y común regía todas las finanzas del conjunto económico empresarial. El Che partía para esto de la eficiencia lograda por las grandes empresas y consorcios que empezaban entonces a ser ya multinacionales en nuestros propios días; eficiencia económica que les permitía manejar un conglomerado disímil de empresas como si fuera una sola entidad. Y, partiendo de la idea de que el socialismo está en condiciones mejores que el capitalismo –y lo está– para el manejo de la centralización económica, el Che llegaba a la conclusión de que toda la economía nacional podía ser administraba como una sola empresa, con un fondo común, con asignaciones de acuerdo con los requerimientos. Hay que tomar en cuenta la posibilidad que da el socialismo de que si es necesario una empresa que esté en déficit permanente, produzca productos que desde el punto de vista económico no parecen “rentables”. Si se considera solamente la llamada rentabilidad –que él rechazaba, y a eso nos referiremos después–, la producción de esos rubros puede ser negativa porque, dada la estructura de salarios, los costos sean mayores que los ingresos.

Che llegaba a la conclusión de que toda la economía nacional podía ser administraba como una sola empresa, con un fondo común, con asignaciones de acuerdo con los requerimientos

Sin embargo, siendo necesario el producto, el socialismo nos da la posibilidad, que debemos saber aprovechar y tenemos que aprovechar, de que empresas aparentemente irrentables –vamos a usar esa palabra– sigan produciendo, porque otras empresas con excedentes de rentabilidad, contribuyen con sus fondos, que el presupuesto puede asignar a las empresas deficitarias, y les permitan trabajar en esas condiciones.

Todo esto, bajo el principio del control económico, al cual, como veremos después más detenidamente, el Che le atribuía un papel excepcional y nosotros le atribuimos un papel excepcional.

No voy –dije– a detenerme en el análisis del sistema presupuestario; no voy a examinarlo, tenemos hoy otro sistema. Quiero mencionar solamente lo siguiente.

¿Podemos considerar que el sistema presupuestario es más progresista que el sistema de cálculo económico? Yo creo que se acerca más al porvenir. El sistema presupuestario está más cerca de lo que tiene que ser la sociedad en el futuro, pero esto es solo una hipótesis y se refiere a un futuro algo distante, al futuro comunista. Parto del criterio –que es el que nos ha llevado a aceptar las deficiencias y manquedades derivadas del cálculo económico– de que este sistema presupuestario exige condiciones y posibilidades que no podemos alcanzar, no ya en el mediano plazo sino incluso más allá. Si estuviéramos convencidos de que el sistema presupuestario puede ser puesto en práctica en los próximos años, lo defenderíamos encarnizadamente, porque se basa en formas de control más cercanas al comunista. Eso es evidente. Es un salto como el que proponía Carlos Marx, del capitalismo a un socialismo avanzado. Nosotros, todos lo sabemos, no hemos dado ese salto. Ni siquiera la Unión Soviética ha dado ese salto.

Dicho esto, analicemos algo en que coinciden los dos sistemas, para recordar que para el Che la planificación, como opuesta al mercado –y eso es muy importante en los dos sistemas, en la forma en que nosotros concebimos hoy el sistema del cálculo económico–, es la categoría definitoria de la sociedad socialista: sin planificación no puede haber socialismo; la planificación nos permite la asignación de recursos allí donde estos se necesitan, y tiene que ser, por consiguiente –como nosotros lo sostenemos hoy en nuestro sistema, en el desarrollo de nuestro sistema–, una planificación centralizada.

El compañero Fidel, con mucha razón, ha insistido en la necesidad de mantener la centralización de la economía en sus aspectos fundamentales y, sobre todo, en la selección, atribución y puesta en práctica del plan de inversiones de la economía nacional. No siempre lo que es bueno para la empresa es bueno para el conjunto de la economía. Eso es un axioma del cual partimos. La idea de que lo que es bueno para la empresa es bueno para la economía es solo real en parte, porque la empresa, como productora de recursos, como suministradora de recursos, evidentemente si trabaja bien debe trabajar para el beneficio de la economía. Pero para que la empresa trabaje para el beneficio de la economía, el plan de la empresa, sus inversiones y hasta el surtido de sus producciones –y esto es algo en lo cual insiste particularmente el compañero Fidel– deben ser, en lo fundamental, decididos centralizadamente. Si dejamos que la empresa produzca todo aquello que ella quiera producir y aquello que le sea más ventajoso económicamente, cometeremos serios y graves errores.

Y en el trabajo que bajo la dirección del compañero Marcos está realizando un grupo de compañeros, algunos de los cuales están aquí como directores de empresas, para examinar las condiciones en que funcionará la empresa en el futuro en nuestro país, esto ha sido tomado –yo lo sé– muy cuidadosamente en cuenta.

para que la empresa trabaje para el beneficio de la economía, el plan de la empresa, sus inversiones y hasta el surtido de sus producciones –y esto es algo en lo cual insiste particularmente el compañero Fidel– deben ser, en lo fundamental, decididos centralizadamente

Hay un problema que está planteado contemporáneamente y que tiene que ver con lo que estamos discutiendo. Se manejan hoy, sobre todo en los círculos de la Unión Soviética, pero repercute más acá, y el Che lo examinó y por eso quiero analizarlo en este momento, la Nueva Política Económica elaborada por Lenin, puesta en práctica en los años de 1921 a 1923. Sobre todo se discute si es o no –y parece inclinarse la mayoría de los especialistas socialistas en este momento a la idea de que sí– un problema estratégico. Che no lo consideraba así.

Analizando cuidadosamente la obra de Lenin, el Che llegó a la conclusión de que se trataba de una concepción más táctica que estratégica. Este es un problema que tendremos que discutir nosotros hacia el futuro. No está en el centro de nuestros problemas más que como elemento adicional a lo que estamos meditando sobre el conjunto de la economía.

Che subrayaba que se trataba de un paso atrás, y, ciertamente, en la historia de la Unión Soviética se trató de un paso atrás con respecto a lo que inmediatamente la precedió. Ustedes recuerdan que las circunstancias de la defensa de la Unión Soviética habían llevado a la dirección del Partido bolchevique al llamado comunismo de guerra, que era una aceleración del socialismo hacia elementos del comunismo. Lenin comprendió, en el año 1921, que por aquel camino se llegaba difícilmente al comunismo y comprendió también que había que dar un paso atrás. Ese paso atrás fue la Nueva Política Económica.

Tenemos que reflexionar como un elemento fundamental hacia el futuro en lo siguiente: ¿qué duración tendrá o no el cálculo económico como sistema de dirección de la economía?

La Nueva Política Económica se basaba fundamentalmente, en el cálculo económico. Hay una frase de Lenin que es muy esclarecedora en ese sentido: “La reorganización de la Empresa del estado sobre la base de la llamada autogestión financiera está ligada inevitable e indisolublemente con la nueva política económica”. Es decir que La Nueva Política Económica se basaba, en primer término, en el aprovechamiento de la capacidad máxima autónoma de la Empresa, en condiciones de un retraso de la economía como el que tenía la Unión Soviética en aquel período, que era sin duda una economía en la cual incluso la clase obrera había perdido no sólo calidad como consecuencia de la guerra civil sino que había perdido fuerzas numéricas.

Tenemos que reflexionar como un elemento fundamental hacia el futuro en lo siguiente: ¿qué duración tendrá o no el cálculo económico como sistema de dirección de la economía? No podemos preverlo ahora, pero no será seguramente este sistema el que nos guiará en el momento –pienso que todavía muy alejado de nosotros– en que estemos en la fase final cercana a la sociedad comunista. Por ahora, pensamos nosotros que en las condiciones específicas de nuestro país, con nuestro retraso económico, nuestro retraso político a pesar de los saltos cualitativos enormes que la clase obrera y nuestro pueblo han dado en el terreno de la política, nuestras concepciones retrasadas derivadas de nuestra situación retrasada, podemos emplear el cálculo económico como guía de nuestra situación económica actual.

(Continuará…)


Redacción Digital

 
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