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Publicado el 14 Febrero, 2018 por Redacción Digital en Opinión
 
 

CARLOS RAFAEL RODRÍGUEZ HABLA DEL CHE

La guerra que todavía debe ganar el Che (III)

La guerra que todavía debe ganar.

Carlos Rafael Rodríguez sentía aprecio y respeto por el Che, a quien admiraba por ser hombre de acción y de pensamiento. Ni su intensa actividad internacional, ni las horas que dedicó a trabajar en todas sus tareas, le impidieron al Che estudiar, examinar acuciosamente temas nacionales, entre ellos el de la economía.

Al cumplirse en 1987 el aniversario XX de la caída del Che en Bolivia, le solicitaron al revolucionario y economista Carlos Rafael Rodríguez, entonces miembro del Buró Político del Partido, que expusiera sus opiniones acerca del pensamiento económico del Che. De forma íntegra lo estamos publicando en varias partes*

Por CARLOS RAFAEL RODRÍGUEZ

Vayamos a otro aspecto de nuestro trabajo cotidiano: la forma y los sistemas de pago. Es interesante porque esto explica muchas de las ideas del Che que son útiles en su esencia, aunque no sean lo que en la práctica estemos nosotros aplicando.

El sistema de pago establecido por el Che partía de una trabajo a tiempo normado, con primas por sobre cumplimientos, primas por calidad y primas –llamo la atención sobre esto– por la calificación del propio trabajador, tanto para trabajadores administrativos como técnicos. Y se pagaba sobre todo por el tiempo trabajado.

¿Qué significa esto? Yo recuerdo, y creo que algunos de ustedes lo recordarán, los que tienen edad más cercana a la mía –aquí hay muchos jóvenes que puede ser que lo hayan leído– que en aquel momento Fidel, dedicado a otras actividades, entregó la conducción de la economía a lo que se llamó la Comisión Económica de la Dirección Nacional, que estaba constituida por el Che, por el compañero Dorticós y por mí. Y recuerdo que todos los problemas de la discusión salarial, en los cuales participó activamente el entonces ministro del Trabajo Augusto Martínez Sánchez, la realizamos al final estos tres compañeros.

Hubo una cosa que al Che le preocupó al establecer los premios y las primas por el cumplimiento de la norma. Fue, dentro de las categorías salariales, que ningún trabajador de la categoría tercera, o de la categoría cuarta, o de la quinta, o de la sexta, llegara, por mucho que fuera el esfuerzo individual sobrecumpliendo la norma, a tener más ingresos por sobrecumplimientos de la norma que lo que recibían los de la categoría inmediatamente superior.

Esto es importante recordarlo porque nos da una idea que yo creo que es más bien de aquel momento en la concepción del Che. (No me atrevo a definirlo con estas palabras, pero creo que más bien se trata de ideas de aquel momento) porque en aquel momento había una falta absoluta de preparación técnica en nuestra clase obrera; los técnicos prácticamente no existían; el capitalismo nos había dejado una pequeña cantidad de técnicos que estábamos aprovechando, pero estábamos improvisando los técnicos, estábamos improvisando los torneros, los fregadores… en fin, todos los técnicos de la economía nacional. Y el Che decía lo siguiente, y lo defendía con mucho ardor: si nosotros hacemos que alguien que está estudiando para tornero o que puede estudiar para tornero por tener la categoría inmediatamente inferior a la del tornero, gane más que lo que puede ganar un tornero sin ser todavía tornero, estamos debilitando su esfuerzo por estudiar y por calificarse. Eso es cierto. Y eso tenía una base de razón, que fue la que prevaleció, ustedes recuerdan.

Yo veía las cosas tan distintas: al mismo tiempo que luchamos por que los elementos de nuestra sociedad se preparen para calificaciones mayores y creamos las condiciones para que alguien que no sea tornero y como tornero gane más que alguien que tiene la categoría de tornero A, sí es un tornero C que gane esto, nosotros desperdiciemos durante un tiempo bastante largo una cantidad de esfuerzo y de trabajo que la gente no está dispuesta a realizar si no le damos posibilidades de mayor incremento salarial. Puede ser que yo esté equivocado. Lo digo con honestidad, con claridad, para que se comprendan las dos posiciones.

Adoptamos la posición del Che, que tuvo un efecto muy importante: sembrar en la clase obrera la idea de una categoría superior lograda por el esfuerzo de preparación propio. Es decir que no se lograba mayores ingresos solos por el esfuerzo físico, que había que lograr mayores ingresos por el esfuerzo físico pero también por el esfuerzo de calidad que representaba el tránsito a una jerarquía mayor del trabajo logrado a través de la técnica.

Y aquí hay una idea también interesante. En aquel momento empezó lo que luego se llamó el salario histórico, que entonces le llamábamos el plus. Y, efectivamente, admitíamos todos el plus como una necesidad –yo no sé si tengo por aquí unas palabras del Che, pero él se refirió muy concretamente a eso–. Nosotros teníamos un grupo de trabajadores que, a través de las luchas sindicales y con grandes esfuerzos, habían logrado arrancarle a través del movimiento sindical a los patronos de la época prerrevolucionarias prerrogativas, entre ellas prerrogativas salariales, que en el conjunto de la sociedad en que empezábamos a hacer el socialismo no podían ser aplicables a todos los trabajadores. Eran tipos de salarios que en ese momento eran superiores a la media salarial que nosotros podíamos pagar por esas profesiones. Pero, al mismo tiempo, resultaba un poco negativo –y todos los comprendimos, Che también lo comprendió inmediatamente– que a los trabajadores por su esfuerzo y por el esfuerzo de los sindicatos habían logrado privilegios salariales superiores al salario que entonces podíamos pagarles, no era correcto obligarlos a renunciar al salario que estaba recibiendo y que venían recibiendo desde la época prerrevolucionaria. Así surgió el plus, que fue admitido, que luego se convirtió, durante un tiempo, en el salario histórico.

Ahora, ¿qué planteó el Che y que fue aceptado en aquel momento? Que también el plus fuera lo máximo a lo cual podía llegar un trabajador en sobrecumplimientos de normas recibiendo salarios; que si el trabajador sobrecumplía la norma, una vez que llegara a lo que se le correspondería por el salario histórico, ahí paraba el sobrecumplimiento de la norma. Es decir, algo que correspondía también a un nivel general; si hay trabajadores que ganan 270 pesos y el trabajador que está al lado, a través del esfuerzo, va a ganar 275, ahí estamos cometiendo errores. De modo que se ajustó a ese nivel, dado por el salario histórico como nivel superior.

Yo creo que eso es importante.

Ahora, algo sobre el sistema salarial. El sistema salarial está vinculado a los esfuerzos del Che. Nos quejamos de la multiplicidad de puestos de trabajo que hay en nuestro país. Y, efectivamente, hay muchos más puestos de trabajo de los que podemos permitirnos para un ordenamiento, y está la falta de multioficio como un elemento al cual hemos llegado. Pero les puedo asegurar que en los años 1962-1963, cuando se empezaron a estudiar estos problemas, como consecuencia de la anarquía capitalista, como consecuencia de que cada capitalista tenía su propio sistema, como consecuencia de que cada sindicato tenía sus propias leyes de lucha y unos sindicatos podían obtener ventajas que otros no obtenían, a pesar de pertenecer al mismo movimiento sindical, la anarquía salarial era total. De modo que cuando aquella anarquía salarial se redujo a las ocho categorías salariales establecidas en aquel momento, habíamos dado un paso enormemente importante, enormemente importante. Podemos después examinar –después, digo yo, en otra oportunidad, con otros especialistas– sin son ocho, si son seis, si son cuatro, si son cinco; eso es un problema que no nos corresponde examinar hoy, porque lo que estamos analizando es la contribución del Che a la economía nacional. Pero la organización del sistema salarial en esta forma fue una de las contribuciones más serias y más sólidas, que duró durante todo el primer período de la revolución. El Che unía esta forma de organización salarial a una de sus concepciones esenciales en la lucha por acercar el comunismo. Y él decía que teníamos que trabajar cotidianamente –y esto es muy importante, porque es hoy parte de nuestra concepción y que tenemos que tomar en cuenta–, convertir el trabajo como una desgracia en trabajo como “necesidad moral”. Marx había llamado al trabajo como una “necesidad vital”; podemos decir que, si es una “necesidad vital”, podemos casi tomarlo como una “necesidad moral”, podemos unir a Marx y al Che en estas categorías, que son similares cuando las analizamos profundamente. El trabajo –él mencionó muchas veces también– como un deber social, y en esto ha insistido continuamente Fidel desde los primeros tiempos de la revolución. Y es una batalla que hoy nos es más importante que nunca.

Uno de los elementos que hemos perdido en los últimos tiempos a través de la anarquía que se introdujo en nuestra relaciones sociales por un uso indebido de los que habíamos aprobado, por un mal uso de lo que habíamos aprobado, que podía haber sido muy útil si lo hubiéramos utilizado bien –que esa es una de las cosas que tenemos que estudiar, y esto aparece continuamente en los estudios que la comisión designada para estos fines está presentando–, una de las cosas más nocivas fue la eliminación de la concepción del trabajo como un deber social.

La base de nuestra sociedad, como dijo Fidel, llegó a convertirse, insensiblemente, sin que nos diéramos cuenta de ello, en el mecanismo de la acción automática de los mecanismos económicos. La idea de que los mecanismos económicos sin un trabajo político podían por sí mismos resolver el problema, que el interés individual se asociaba al interés colectivo, y que el interés colectivo dondequiera que se manifestara, en la empresa o en otro lugar, era una expresión del interés de la sociedad en su conjunto. Cosas que son ficticias.

No siempre el interés individual coincide, como lo dije antes, con el interés de la sociedad. Y para eso tiene la sociedad en su conjunto que vigilar tanto el interés individual como el interés colectivo, para que no se conviertan los intereses colectivos en contradictorios con los intereses de toda la colectividad, el interés de una empresa o el interés de una fábrica.

Por consiguiente, partiendo de ese criterio, y partiendo del criterio de que el colectivo por sí mismo no puede llegar a resolver los problemas que corresponden a la sociedad en su conjunto, nosotros tenemos que no convertir los mecanismos en algo automático, usar los mecanismos no automáticamente, no creer que el mecanismo por sí solo nos lleva al mejoramiento de la nación. Puede ser que el mecanismo por sí solo pueda llevar al mejoramiento de un grupo de individuos, mayor o menor, pero eso no es lo decisivo, lo decisivo es el mejoramiento de la nación en su conjunto.

Partiendo del otro criterio, el criterio que ahora impugnamos, se llegó a la conclusión de que el individuo por sí mismo mientras más ganara mejor se sentía, mientras más ganara más útil era a la sociedad, mientras más ganara producía más. Y se llegó después al descontrol de la actividad individual, de manera que ganaban más no los que producían más o aquellos que los dirigentes dejaban ganar más, o aquellos que los dirigentes les daban ese privilegio de ganar más, y, por consiguiente, se produjo toda la distorsión que ha sido señalada a través de la enorme actividad crítica que se ha desarrollado en todo el país.

Si nosotros partimos del otro concepto, del trabajo como un deber social, no eliminamos con esto que quien más trabaja reciba más, no eliminamos el principio socialista de retribución, pero condicionamos el principio socialista de retribución a una concepción específica del trabajo. Es claro que esto no se logra en un solo día, ¡no! Por las razones que apuntaba el Che, porque no somos perfectos, somos perfectibles pero no perfectos, y somos también imperfeccionables, es decir, se nos puede corromper. Partimos del criterio de que tenemos que darle más al que más trabaje, pero aun aquellos que más reciban por su buen trabajo, aun un cortador de caña que gana más que un médico, tiene que estar consciente de que trabaja no para ganar más solamente; recibe más porque trabajó más, pero trabaja porque esto es útil a la sociedad. Esto no se logra en un día, no se logra en un mes, no se logra en un año; es un trabajo político, es un trabajo ideológico, es un trabajo de elevación individual y colectiva, es un trabajo en el cual la colectividad desempeña un cierto papel.

Si queremos acercarnos cada vez más a la sociedad mejor que nosotros aspiramos a tener, hay que hacer que cada trabajador tenga esto en mente, y lo que tiene que tener el director de la empresa, lo que tiene que tener el núcleo del Partido, lo tiene que tener el sindicato, lo que tiene que tener la colectividad en su conjunto. Si uno de los integrantes de este gran colectivo de dirección que he mencionado –menciono también a la Unión de Jóvenes Comunistas, naturalmente–, si este gran colectivo de dirección que está integrado por la dirección de la fábrica más el partido, más el sindicato, más los jóvenes comunistas, no toma en cuenta estas cosas y se dedica a producir más porque produciendo más ganan más los trabajadores, o a ganar más los trabajadores porque han producido más, olvidando la concientización, cometemos un serio error, del cual todos seremos víctimas.

(Continuará…)

*Publicada en la revista Cuba Socialista, mayo-junio de 1988. Un fragmento de esta conferencia de Carlos Rafael Rodríguez en el Ministerio de Industrias, apareció en la edición extraordinaria de BOHEMIA dedicada al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, en octubre de 2017.

Ver también:

La guerra que todavía debe ganar el Che (I)

La guerra que todavía debe ganar el Che (II)


Redacción Digital

 
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