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Publicado el 20 Febrero, 2018 por Redacción Digital en Opinión
 
 

PENSAMIENTO ECONÓMICO

La guerra que todavía debe ganar el Che (IV)

Al cumplirse en 1987 el aniversario XX de la caída del Che en Bolivia, le solicitaron al revolucionario y economista Carlos Rafael Rodríguez, entonces miembro del Buró Político del Partido, que expusiera sus opiniones acerca del pensamiento económico del Che. De forma íntegra lo estamos publicando en varias partes*

 

La guerra que todavía debe ganar.

Carlos Rafael Rodríguez sentía aprecio y respeto por el Che, a quien admiraba por ser hombre de acción y de pensamiento. Ni su intensa actividad internacional, ni las horas que dedicó a trabajar en todas sus tareas, le impidieron al Che estudiar, examinar acuciosamente temas nacionales, entre ellos el de la economía.

Por CARLOS RAFAEL RODRÍGUEZ

Vayamos, en este mismo sentido, a un nuevo aspecto en el que estamos poniendo mucho énfasis, el problema de la calidad.

¿Qué dijo el Che? Dijo: “Norma es calidad, no solo cantidad”. Es decir, tenía una concepción muy clara en un momento inicial en que todo tendía a que la calidad no fuera lo predominante.

En el socialismo inicial, y el socialismo inicial que dura hasta ahora, en ese socialismo inicial, la demanda va por delante de la oferta, los ingresos de la familia son superiores a la capacidad de producción de la sociedad. Porque precisamente estamos haciendo una sociedad distributiva, socialista, en la cual, además le damos puesto de trabajo a todo el que pueda, en la cual además, somos ineficientes.

¿Qué pasa entre nosotros? Una guagua puede no parar completamente, y si usted protesta el chofer le dice: “Usted toma o deja la guagua”. Si ese chofer va a un mercado, al chofer le dicen: “Bueno, ¿lo toma o lo deja? Porque esto es lo único que tenemos, y no se preocupe de estar buscando más calidad que esta”. Si el del mercado va a un restaurante le dicen lo mismo: “¿lo toma o lo deja?”. Una cadena de “lo toma o lo deja” como concepción, como idea, como idea.

Por eso es tan importante que en este momento inicial de la revolución, cuando todo tendía a la producción, al productivismo, el Che se haya fijado centralmente en este problema de la calidad. “Norma es calidad no solo cantidad”. Si el obrero no ha producido “tanto” de “tal” calidad, no ha cumplido su deber social. Es decir que con el cumplimiento de la norma no se cumplía el deber social de los trabajadores. Producir con mayor calidad era considerado por el Che desde aquel momento un elemento esencial del trabajador. Y, además, la concepción de que es la norma. Porque vemos la norma como un objetivo a lograr, cuando en realidad la norma es otra cosa, y el mismo Che la definió.

La norma de trabajo mínimo constituye el deber social del obrero. No decimos que no haya un obrero que no pueda quedar por debajo de la norma; hay imperfecciones físicas, hay debilidades naturales que el obrero no puede vencer por mucho que sea su esfuerzo. Pero si la norma es bien trazada, no solo será una capacidad más que media sino que será algo que se acerque a la posibilidad de cada obrero de lograrla. El obrero debe ver la norma no como una meta inalcanzable, porque es lo que producen los que más producen, sino debe ser algo que constituye la medida de su deber social. Y esa es una concepción que albergaba el Che Guevara y la manifestaba en cada una, porque hay muy diversas, yo he encontrado muy diversas citas en esa dirección.

Y, sobre esto, norma y control, una frase que también debemos recordar, porque es actualísima: “en el momento en que caigan los controles –decía el Che– caerá todo el aparato organizativo que hemos montado”. Esa era una de sus preocupaciones, que encontraremos más tarde.

¿Por qué? Ese ha sido uno de los defectos fundamentales del período que acabamos de atravesar, y este es uno de los elementos fundamentales del período en que estamos iniciándonos.

El control y la norma, la norma, como producción de calidad; pero, además, la norma –y esto es muy importante, y también por acá hay una frase del Che– como producción al más bajo costo posible. De eso hablaremos después, pero él asociaba estas dos ideas: producir más, con más eficiencia, es decir, al más bajo costo posible, y con la calidad necesaria. Esas tres divisas son parte de nuestra actividad contemporánea. Cuando nosotros pensamos en el Che tenemos que pensar en este tipo de cosas. Porque, efectivamente, la muerte del Che fue una muerte heroica y para nosotros muy dramática, pero no es solo a través de la muerte como el Che dejó ejemplos a la sociedad cubana.

Y aquí viene, por asociación de ideas, el problema de los estímulos, sobre lo cual se ha discutido mucho.

Yo quiero decir en este momento, puesto que se ha hablado mucho de esto, que en la concepción de los estímulos tuve con el Che pequeñas diferencias, pero, insisto, pequeñas diferencias.

Nuestro debate permanente era, sobre todo, un debate sobre proporciones, cuánto dar al estímulo moral, cuánto al estímulo material; cuánto y cómo se podrían reducir al mínimo los estímulos materiales; qué papel tiene en eso la educación. Ahí, en el ritmo de aceleración, es donde estaba nuestra diferencia.

Yo creo que tenemos que reducir, a través de la conciencia, la utilización del estímulo material, del dinero dentro de la sociedad; pero creo que la aceleración no puede ir al ritmo que en aquel momento –repito, en aquel momento– lo concebía el Che.

Dice Che: “Cuando nosotros lo reconocemos –la presencia de formas materializadas, el interés material– y lo aplicamos en las normas de trabajo a tiempo con premio y en el castigo salarial al no cumplimiento de la norma” Es decir, admitía el interés material como un elemento fundamental al cual había que acomodarse, pero partiendo de la necesidad de luchar rápidamente por la eliminación del interés material.

“Estímulo material directo –decía– y conciencia son términos contradictorios en nuestro concepto”. Y yo creo también que cuando los analizamos profundamente son términos contradictorios, pero la contradicción es una contradicción con la cual tenemos que vivir, y él vivió con esta contradicción.

“Sin embargo tiene que haber una inteligente y cualitativamente balanceada utilización en ambos, el estímulo material y del estímulo moral, del estímulo material y de la conciencia”. Y aquí estamos completa y totalmente de acuerdo.

“Ahora –añadía–, el proceso debe tender más a la extinción del estímulo material que a su supresión. La anunciación de una política de incentivación moral no implica la negación total del estímulo material. Se trata simplemente de ir reduciendo, más a través de un intenso trabajo ideológico que de disposiciones burocráticas, el campo de acción de aquel”.

“Precisa aclarar bien una cosa: No negamos la necesidad objetiva del estímulo material. Sí somos renuentes a su uso como palanca impulsora fundamental. No hay que olvidarse que viene del capitalismo y está destinada a morir en el socialismo”.

Esta es una frase a la cual nosotros debemos darle mucha atención, porque explica una concepción a la cual podemos adherirnos en principios aún los que no estamos literalmente de acuerdo con cada una de sus expresiones. Lo importante es lo siguiente: el estímulo material es lo perecedero, la conciencia lo permanente; el estímulo material es lo que debe quedar atrás, la conciencia es lo que debe ir por delante; el estímulo material lo usamos porque es lo inevitable, no porque sea mejor, lo usamos porque es inevitable. Pero en cuanto llegue el momento –y yo no puedo decir cuándo llegará el momento, depende de la movilización del Partido, de la educación pública, de la educación familiar, de muchos factores que tiene mucho de colectivo y mucho de individual–, cuando llegue ese momento en que podamos prescindir del estímulo material, no hay duda de que sería hasta contrarrevolucionario estar basándose en el estímulo material. El estímulo material, repito, es lo perecedero, lo que se debe eliminar a través del trabajo nuestro. Creo que esas son las ideas que ha sembrado Fidel y que han estado en el frente de su pensamiento en los últimos tiempos; es decir, usar limitadamente el estímulo material pero tomar en cuenta que la conciencia es lo más importante en el conjunto del trabajo social.

El 2 de mayo de 1962 –cito esto del libro de Tablada–, Che se reunió con los delegados obreros extranjeros asistentes al acto en la plaza de la revolución por el 1 de mayo. El delegado de Canadá le pregunto cuáles eran –y cito al delegado canadiense– “los incentivos que usaran los cubanos para con los obreros. ¿Hay algunos para aumentar la producción?” Y Che, entre otras cosas le respondió: “no sé si usted estuvo en 30 de abril en la reunión anual. Allí entregamos 45 casas a los trabajadores más distinguidos de cada rama industrial. Fueron 44, porque uno renunció al premio”. Yo estaba presente en ese acto, fue en el “García Lorca”, si no recuerdo mal, no sé si algunos compañeros me pueden corregir aquí de los que están en el teatro “García Lorca”, donde el Che entregó 44 casas y a la vez hizo el elogio extraordinario del obrero que había renunciado a la 45. Es una forma que puede parecer paradójica, pero es real, de luchar por dos principios a la vez: no dejar de utilizar el estímulo material y exaltar el hecho de que alguien renunciara a un estímulo material –y ustedes saben lo que es renunciar a un estímulo material, a una casa… creo recordar que era un trabajador de la industria del cemento de Artemisa, o algo así–, pero exaltar este ejemplo, delante de los otros 44, sin herir a los otros 44, sin lastimar a los que habían aceptado, porque el Che, como ustedes saben, tenía una delicadeza y una fineza espiritual tremenda; sin herir a los otros 44, exaltó el ejemplo de aquel otro que no había querido aceptar la casa que le tocaba.

Vayamos a otro tópico –y ya estoy terminando, no se asusten–. Al papel de la contabilidad y de los costos.

Yo puedo hablar aquí como en familia, porque sé que Marcos y los compañeros que con él dirigen el ministerio y ustedes los empresarios y los dirigentes de empresas, del ministerio y los técnicos y todos los compañeros que aquí trabajan hace tiempo llevan adelante una lucha sistemática por la mejoría de la contabilidad de los costos. Yo creo que esto es una de las cosas que más podemos alabar en el ministerio. Y él me decía hace un momento que todavía estaba lejos de obtenerlo. Y yo le recordaba que entre los años 1967 y 1970 hubo una corriente indominable para la eliminación de los controles. Y ahora, por ejemplo, cuando Fidel, con gran razón reclama que tengamos contadores, no podemos olvidar que durante muchos años los contadores desaparecieron. No solo desaparecieron los contadores sino los medios de contabilidad, y no solo desaparecieron los medios de contabilidad sino los recursos mecánicos para lograr la contabilidad.

De modo que este trabajo de reconstrucción es un trabajo duro. Se destruye muy fácil, pero se construye muy difícilmente; es más fácil destruir un sistema que elaborarlo nuevamente. Porque, además con la destrucción del sistema viene la destrucción de hábitos y de conceptos.

(Continuará…)

*Publicada en la revista Cuba Socialista, mayo-junio de 1988. Un fragmento de esta conferencia de Carlos Rafael Rodríguez en el Ministerio de Industrias, apareció en la edición extraordinaria de BOHEMIA dedicada al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, en octubre de 2017.


Redacción Digital

 
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