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Publicado el 23 Febrero, 2018 por Redacción Digital en Opinión
 
 

PENSAMIENTO ECONÓMICO

La guerra que todavía debe ganar el Che (V y final)

 

La guerra que todavía debe ganar.

 

Al cumplirse en 1987 el aniversario XX de la caída del Che en Bolivia, le solicitaron al revolucionario y economista Carlos Rafael Rodríguez, entonces miembro del Buró Político del Partido, que expusiera sus opiniones acerca del pensamiento económico del Che. De forma íntegra lo estamos publicando en varias partes*

Por CARLOS RAFAEL RODRÍGUEZ

¿Qué ha pasado históricamente? Que nosotros destruimos aquel sistema de contabilidad; pero nosotros estamos trabajando por reconstruir ese sistema y en base de la construcción de ese sistema tienen que estar las ideas del compañero Ernesto Che Guevara.

Decía él: “Hoy los costos nos preocupan mucho, y tenemos que trabajar sobre ellos intensamente. En nuestro modo fundamental de medir la gestión de las unidades o de las empresas cuando los precios se han mantenido fijos. Y a través del costo, cuando son costos llevados por procesos de producción o por unidad producida, cuando se ha fijado el costo, cualquier administrador puede detectar hasta problemas tecnológicos: mayor consumo de vapor, defectos de una tapadora, por ejemplo, que desperdicia demasiadas chapas, en una máquina que desperdicia envases en el momento del llenado, en una pesa automática que envíe una cantidad mayor de productos en una caja, cualquiera de esas cosas se pueden detectar simplemente por el análisis de los costos. No quiere decir esto que además no tengan que estar todos los controles de tipo tecnológico –él se cuidaba mucho de que fuera mal interpretado–, pero simplemente hace falta tener un análisis de costo bien hecho, lo cual permite a cualquier director de empresas o administrador de unidad dominarla totalmente”.

Estamos aquí delante de un conjunto de administradores, dirigentes de empresas, de uniones de empresas, y creo que no necesito insistir con ustedes en la importancia de esto. El control de los costos… Decía él: “Para todo este proceso organizativo es necesario tener controles muy exactos. Los controles empiezan en la base, empiezan en la unidad productiva, y la base estadística suficientemente digna de confianza para sentir la seguridad de que todos los datos que se manejan son exactos, así como con el hábito de trabajar con el dato estadístico, saber utilizarlo, que no sea una cifra fría como es para la mayoría de los administradores de hoy, salvo quizás un dato de la producción, sino que es una cifra que encierra toda una serie de secretos que hay que develar detrás de ella. Aprender a interpretar estos secretos, es un trabajo de hoy”.

Yo creo que esto es algo que les refresca a ustedes un poco el sentido de los datos.

Como ha dicho Fidel, las cifras son engañosas. Pero si tenemos una dirección de empresas y un colectivo de dirección empresarial que sea capaz, con un contador eficiente y un economista preparado, y un director de empresa que puede ser técnico o un economista, cualquiera de esas dos cosas si tenemos ese conjunto de trabajadores, sabremos descubrir los secretos que hay detrás del dato. Y esto es muy importante: los datos fríos no sirven. Es decir, lo que hay detrás de los datos tiene que saberlo de director de empresa y tiene que saberlo el administrador de fábrica, tiene que saberlo el contador, tiene que saberlo el economista, para presentar, cuando presente el análisis de trabajo de la empresa, presentarlo de esa manera.

Ustedes recuerdan –y creo que algunos de ustedes participaron varias veces en los análisis sistemáticos que hacían del trabajo de las empresas bajo la conducción del Che. Un día completo de análisis de todo lo que ocurría en una empresa, desde el abastecimiento, hasta los problemas tecnológicos, los problemas financieros, todos eran analizados minuciosamente. Hay una cantidad conservada hoy de análisis que yo recomendaría, como una muestra ejemplar de cómo estudiar el funcionamiento de una empresa. Porque en esto no tiene nada que ver si el sistema es uno o si el sistema es otro. La metodología analítica empleada por el Che como dirigente administrativo, para ver, analizar, profundizar en el trabajo de la empresa, es uno de los elementos más preciosos que tenemos en la historia de la economía cubana, y su ejemplo debe ser un ejemplo que todos los ministros deben seguir en esta dirección. Me parece que esto es importante.

Hoy en día, yo creo que nosotros podemos sentirnos avergonzados… tenemos 1 800 millones de inventarios, pero no se trata de eso, se trata de los inventarios inútiles que nosotros tenemos. No solo los inventarios que ahora estamos utilizando. Este año creo que son 300 millones los que estamos utilizando de inventarios en reutilización en la economía nacional, pero los inventarios que hemos dejado acumular por razones de descuido, por razones empresariales de tener siempre algo por si falta, por razones de falta de control, por todo tipo de razones. Nosotros tenemos un aparato económico muchas veces superior. Yo recuerdo el primer núcleo de dirigentes de empresas antes de la escuela esta de administradores que ustedes están reconstruyendo, la de Vento, y la del Vedado allá en el antiguo colegio Baldor, donde por primera vez Che empezó a examinar estos problemas y a discutir con un grupo de cuadros, como se empezaba a preocupar por estas cosas, pero nadie sabía nada, ni siquiera nosotros, es decir que los errores que nosotros cometimos fueron resultados del momento en que vivíamos. Y los errores que hemos cometido en los últimos años son errores del descuido en que vivíamos, que es una cosa completamente distinta.

Y él añadía: “y dentro de los inventarios también, para poder trabajar en una forma científica, hacer el inventario de medios básicos o de fondos básicos”.

En esto yo creo que hemos avanzado más, pero debemos también tener cuidado en eso. Él decía: “la disciplina financiera es uno de los aspectos más importantes de la gestión de la empresas, de las fábricas. Las finanzas, tenerlas al día. Por ejemplo, los pagos y los cobros, todos lo problemas con los contratos; por ejemplo, un arbitraje que haya que hacer por un producto malo que llega, todas esas cosas constituyen la disciplina financiera, constituyen los controles”.

Y añadía: “el costo sería el que realmente daría el índice de la gestión de la empresa. Lo que interesa es el análisis continuado de la gestión de la empresa, medido por sus éxitos al trabajar los costos.”

Yo he dicho todas estas cosas sobre la disciplina financiera, compañeros, por que se puede tener la idea de que un sistema presupuestario de dirección de la economía podría ser un sistema más “benevolente” con la conducta económica que un sistema de cálculos económicos. No es así. Yo creo que por el contrario.

Puedo decirles que al comienzo de la revolución el sistema presupuestario podía llevar los controles mejor que el sistema inicial del cálculo económico.

Lo importante, sin embargo, es subrayar en que tenemos que ser intransigentes. La intransigencia, con el error; no pasar el error por alto, no creer que el error se corrige por si mismo, el error hay que corregirlo, hay que corregirlo desde arriba, desde el medio y desde abajo; hay que corregirlo desde la base hacia arriba, pero hay que corregirlos desde arriba abajo. Si nosotros no tenemos un ministro exigente, los viceministros no serán exigentes; si los viceministros no son exigentes, los directores no serán exigentes; si los directores no son exigentes los jefes de producción no serán exigentes, y tendremos una falta generalizada de exigencia que es la que se nos metió en los últimos años en la producción de nuestro país. Las exigencias, el control, el cuidado permanente, eso es lo importante.

Bien, compañeros. Por último, algo sobre la política de cuadros. Esta es otra cosa que caracteriza el paso de Ernesto Che Guevara por el ministerio de Industria y por la economía nacional: y la política de cuadros.

Ahora estamos revisando la política de cuadros. No porque no tengamos una definición de la política de cuadros. Raul ha sido uno de los más que se ha quejado de esto. Él alude siempre a que el primer Congreso de nuestro Partido elaboramos una tesis sobre los cuadros que no diremos que es perfecta, pero es excelente. Sin embargo, no hemos trabajado con esas tesis sobre los cuadros, no la hemos aplicado, la tenemos ahí. Parece que fuera invisible y es extraordinariamente útil. Ahora empezamos a revitalizar la política de cuadros que es una política cuidadosa, que es una política también de una mezcla de la exigencia de los ministros y de los directores de empresas, coordinada con la vigilancia del partido a través de sus departamentos coordinada con la participación de la base en la política de cuadros. Pensamos que la vigilancia continúa de los trabajadores es un elemento esencial en la política de cuadros. Si no les damos participación a los trabajadores andaremos mal; si creemos que nosotros, desde arriba, podemos tener el monopolio total de la selección, estamos en un profundo error.

Ahora, hablando de la política de cuadros, Che decía: “Cuando se hizo patente en Cuba una nueva clase social tomaba definitivamente el mando, se vieron también las grandes limitaciones que tendría en el ejercicio del poder estatal, a causa de las condiciones en que encontráramos el estado sin cuadros para desarrollar el cúmulo enorme de tareas que debían cumplirse en el aparato estatal, en la organización política y en todo el frente económico.

Pero con el aceleramiento del proceso ocurrido a partir de la nacionalización de las empresas norteamericanas y, posteriormente, de las grandes empresas cubanas, se produce una verdadera hambre de técnicos administrativos. Se siente, por otro lado, una necesidad angustiosa de técnicos en la producción debido al éxodo de muchos de ellos, atraídos por mejores posiciones ofrecidas por las compañías imperialistas en otras partes de América o en los mismos Estados Unidos, y el aparato político debe someterse a un intenso esfuerzo, en medio de las tareas de estructuración, para dar atención ideológica a una masa que entró en contacto de la revolución plena de ansias de aprender”.

Él quería señalar aquí las dificultades iniciales para la selección de los cuadros. Pero nosotros, que no tenemos esas dificultades iniciales, tenemos que avergonzarnos un poco de no haber aplicado la política de cuadros, de la cual teníamos ejemplos maravillosos, entre ellos el ejemplo del Che, y el ejemplo que el dejaba en el propio ministerio de Industrias.

¿Qué tenemos hoy? Yo revisaba el otro día algunos datos. En el ministerio de la Agricultura, hasta los años 1966 y 1967 había menos de 300 ingenieros Agrónomos y menos de 300 veterinarios de los cuales la mayor parte cuando veía un toro se asustaban porque, acostumbrados a tratar cotorras y perros no sabían que había un animal tan grande, hoy tenemos miles de técnicos, miles de ingenieros, los tenemos en todas las industrias, miles de técnicos, miles de ingenieros. Y hemos avanzado nuestra agricultura del año 1963, 1964 y 1965. No es la agricultura de hoy, pero el avance en ese terreno nos da la impresión de que tenemos el atleta preparado, pero que el atleta todavía no ha echado a andar. En muchos sectores de la industria nos pasa lo mismo, tenemos el conjunto de gente que puede ponernos la industria a producir, pero todavía la producción no está a nivel que este conjunto de gente nos permite tener.

Aquí hay que tomar en cuenta que la aplicación de la política de cuadros es esencial. Nosotros estamos en un momento en que los cuadros, más las masas, actuando conjuntamente, lo deciden todo. Y cuando hablamos de cuadros no me refiero solo a los jefes de la revolución más importantes, no me refiero solo a los ministros, no me refiero solo a los directores empresas, me refiero a los cuadros intermedios, de los cuales se ha hablado tanto en los últimos tiempos, al cuadro que hace trabajar también a los trabajadores, al cuadro que dirige una brigada, a todos los cuadros del país. Todos los cuadros del país debemos trabajar consonantemente en la misma dirección.

Aquí hay algunas cosas que el Che menciona continuamente como elementos de una política de cuadros.

Primero, el ejemplo. El cuadro debe ser un hombre de vanguardia, el hombre tiene que forjar día a día el espíritu revolucionario. Si no se da el ejemplo no se puede ser dirigente, si no de esa el ejemplo. Y el Che lo daba continuamente, en el trabajo voluntario, en el comportamiento social, en la forma de presentarse, en su modestia, en todas las virtudes de las cuales él, modestamente, hizo gala, porque no se puede decir que hizo gala de sus virtudes, al contrario, las llevaba consigo y las exigía, las exhibía porque era lo que nos daba ejemplo a todos, no porque hiciera ostentación de ninguna de estas virtudes. Fue tan modesto como eso, modesto hasta en sus propias virtudes.

Después, la elevación del nivel, no creernos nunca que hemos llegado al nivel necesario. Fue él quien dijo algún día –y creo que ese día se está aproximando– habría en nuestro país “analfabetos de 6º grado”. Lo dijo cuando los primeros obreros se graduaron de 6º grado. ¿Por qué? Porque en aquel momento llegar a 6º grado era un premio, era llegar a conquistar algo de lo que realmente todos estabamos orgullosos, porque veníamos de una analfabetismo de un millón de personas en el país. De modo que el que la clase obrera cubana empezara a llegar al 6º grado, porque todo eso fue solo el inicio, era algo extraordinario. Pero él dijo: “Tengan cuidado, dentro de pocos años 6º grado será el analfabetismo”. Nosotros no debemos olvidar nunca eso.

El analfabeto puede ser un técnico medio, no porque sean analfabetos sino porque la meta a cumplir sea mucho mayor, no se trata –y esto sería un error– de que todos nos hagamos universitarios. Es un error de la familia cubana; la familia cubana lo primero que piensa cuando el niño nace es que va a ser ingeniero, que va a ser médico, nunca a nadie se le ocurre decir: “Este va a ser un obrero calificado”, nadie piensa en eso. Pero la dignidad de la revolución lo mismo la tiene el médico, el ingeniero, que el obrero calificado. Lo importante es hacer con excelencia aquello para lo cual se está trabajando y eso es lo más importante, es lo que nos debe incitar a todos, pero el que está trabajando como obrero calificado no puede contentarse con lo que logró, tiene que trabajar por algo más, por mejorar aquello que quería, el Che cuando impedía que a través del esfuerzo físico se lograra por un obrero de categoría inferior el salario por una categoría superior; ponernos todos a movernos en el sentido de mejorar lo que somos, incluso los que han llegado a nivel universitario. Hoy en día el nivel universitario no es más que un comienzo, hoy en día la ciencia adelanta a un ritmo que el científico que no se recicle anual o bianaualmente no será científico al cabo de los cuatro años, sus teorías científicas quedaran retrasadas porque la ciencia va adelantando tan rápidamente que nos deja atrás. Y lo mismo un técnico que no se adapte diariamente, anualmente, al ritmo de las nuevas máquinas, será menos útil en su trabajo tecnológico.

Y, por último, compañeros la austeridad, la austeridad en todo nuestro comportamiento.

Hemos tenido recientemente ejemplos dramáticos de falta de austeridad. El Che fue el ejemplo excepcional entre nosotros por su conducta diaria de una austeridad que hasta en la forma de vestir se manifestaba. Claro, no todos vamos a ser tan originales como el Che en su forma de vestir pero si menciono esto lo menciono por la virtud que entrañaba aquel uniforme que se le caía a veces, siempre limpio pero que se le caía a veces de usado por la austeridad que era el signo distintivo. Austeridad no solo para él, austeridad para su familia, austeridad para sus hijos, austeridad para todos los que estaban alrededor del él, austeridad que él enseñaba con el ejemplo y con esto compañeros, estoy dando fin a mis palabras, al despedirse, Che me dijo: “Si se puede gano una guerra como esta”. Y recalcó “y la ganaremos”.

Cuando el Che murió, una soledad casi absoluta, consciente de que no había ganado aquella guerra, porque es evidente a través de las páginas del diario que se va dando cuenta del cerco que lo rodea, yo lamenté mucho su muerte y que no hubiera ganado la guerra. Y tres días después y llegué a Roma. Me encontré a Roma tapizada virtualmente con los retratos del Che. Para mí fue una sorpresa llegar a Roma y encontrarme que había llenado a Roma de la imagen del Guerrillero Heroico. Y tenía una leyenda: “¡El Che vigila!” y entonces supe que el Che había ganado la guerra porque no se ganan guerras solo con victorias militares, sino se ganan guerras que constituyen el ejemplo moral de mucha gente.

Esa es la guerra que el Che tiene que ganar entre nosotros. Esa es la guerra a que yo los convoco para que, en el XX Aniversario tengan siempre presente al Che, para ganarla bajo la dirección de Fidel.

Muchas Gracias.

(Continuará…)

*Publicada en la revista Cuba Socialista, mayo-junio de 1988. Un fragmento de esta conferencia de Carlos Rafael Rodríguez en el Ministerio de Industrias, apareció en la edición extraordinaria de BOHEMIA dedicada al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara, en octubre de 2017.

 


Redacción Digital

 
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