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Publicado el 27 Febrero, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Tiempos de ignominia

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

Estamos volviendo a los peores tiempos de la ignominia, cuando se aprecia a varios países de la región subordinarse a los designios de los Estados Unidos con las viejas intrigas de salón, los entretejes en cancillerías, mientras los principales personeros yanquis andan con la zanahoria y el garrote para descalabrar el consenso logrado enla propuesta integradora de la Celac y su emblemática declaración unitaria de declarar a América Latina y el Caribe como zona de paz.

Situación de cerco adquiere más gravedad ante el escenario multiagresivo que Estados Unidos ha concertado

Tal como pasó con Cuba en la década de los 60, se arremete ahora contra Venezuela con las más variadas estrategias de desestabilización y los más diversos conciliábulos para hacer posible la descarnada injerencia a través de la presión política, diplomática, mediática y económica, en tanto se difunde en la concertación mediática internacional una imagen satánica de la Revolución bolivariana que justifique cualquiera de las acciones que ya están en marcha plenamente.

En el fondo, al imperio y sus secuaces les preocupa la manera en que de una forma u otra en medio de tal recrudecimiento de la agresión se ha fortalecido el Gobierno de Nicolás Maduro ante la opinión pública venezolana que, como demuestran encuestas objetivas, hay en amplios sectores una valoración positiva de su gestión frente a la guerra no convencional de los Estados Unidos, así como reconocen la gestión social para proteger a los segmentos poblacionales más vulnerables.

Resulta grotesco que un grupo de países del hemisferio pidan “una salida democrática, institucional y rápida” al Gobierno de Venezuela, que ha celebrado procesos electorales transparentes como nadie en esta región, mientras con paciencia ha estado a la búsqueda de la convivencia pacífica con la oposición que, indudablemente, está cumpliendo orientaciones del imperio para obstaculizar cualquier entendimiento y boicotear los procesos electorales  del próximo mes de abril, porque saben que en las circunstancias actuales, con sus acciones de vendepatrias, no cuentan con fuerza para derrotar a la Revolución, motivo por el cual no les conviene participar en esas elecciones para apoyar una negativa visión externa, con lo que pretenden el derrocamiento del presidente Nicolás Maduro.

Cuando se analizan los acontecimientos en su integralidad, se puede apreciar el escenario tan peligroso que se ha armado contra la hermana nación:

1) la amenaza reiterada de la intervención militar o de fomentar un golpe hacia el interior, lo cual ha sido coordinado en los recorridos por la región del vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado Rex Tillerson y las visitas del jefe del Comando Sur, el almirante Kurt Tidd; 2) el aliento a la desordenada y continua mi gración venezolana hacia territorios vecinos que facilita por un lado proyectar la imagen internacional de la “crisis humanitaria” y, por otro, la justificación para mover tropas hacia las fronteras –junto a ello la negligente afirmación de que la guerrilla del ELN está utilizando a ciudadanos venezolanos en sus atentados en Colombia–; 3) el aumento de la escalada de bloqueo y guerra económica, que se recrudece ahora con la amenaza de un virtual embargo petrolero, y 4) la política de aislamiento que comienzan a practicar algunos países de la región bajo mandato de Washington, sobre todo el llamado grupo de Lima que, de manera insólita, ha negado la participación del Gobierno venezolano en la VII Cumbre de las Américas a celebrarse el próximo mes de abril en Perú.

Lo que queda evidente es la desvergüenza y falta de decoro de algunos gobiernos en la región al aceptar con tanto servilismo las palabras de Tillerson cuando declaró la plena vigencia de la Doctrina Monroe (América para los americanos), el más notorio instrumento del intervencionismo imperialista en nuestra región.


Lázaro Barredo Medina

 
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