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Publicado el 11 Marzo, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Trump quiere el camino de la beligerancia

 

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

A finales de los 90 vino a Cuba una delegación congresional bipartidista de Estados Unidos. Estuvieron varios días en La Habana y otras provincias. La última noche, en la actividad de despedida de la Asamblea Nacional, se apareció el Comandante en Jefe Fidel Castro y estuvo durante casi cinco horas conversando con los políticos estadounidenses. Uno de los congresistas que vino al frente del grupo, del Partido Republicano, le dijo a Fidel que si él hubiese venido antes a Cuba nunca hubiera votado a favor de las leyes Torricelli y Helms-Burton, no porque estuviese de acuerdo con Fidel ni con el Gobierno cubano, sino porque Cuba era un país totalmente diferente al que ellos imaginaban.

Esa valoración ha marcado a los cientos de miles de estadounidenses que han venido a Cuba en estos años, quienes al regresar a su nación expresan desacuerdo con la política fracasada de agresión que se ha venido aplicando durante décadas, porque después de apreciar el deseo cubano de la buena vecindad consideran que la Isla es un país seguro, saludable y emocionalmente afectivo.

Eso es lo que más le preocupa al sector reaccionario del Partido Republicano que utiliza ahora a Donald Trump como vocero y desde la plataforma política de la Convención en Cleveland en julio de 2016 le asignó la tarea de interrumpir las relaciones con nuestro país y retomar el camino de la beligerancia, como han pretendido hacer con la inventada “agresión acústica” para justificar la exagerada escalada de medidas que, como expresó recientemente el nuevo director general de Estados Unidos de la cancillería cubana, Carlos Fernández de Cossío, responden a motivaciones políticas y no tienen relación alguna con la seguridad de sus funcionarios en La Habana, mucho menos con la expresión de “ataque”. “Es un término cuyo uso entraña mala intención”, explicó

En realidad quieren congestionar la realidad interna con el daño humano, pues las medidas de Washington con el cierre virtual de la embajada en La Habana, como explicó Fernandez de Cossío a la prensa, “tiene impacto particular para los servicios consulares de los que dependen decenas de miles de ciudadanos que se ven obligados a incurrir en gastos adicionales al tener que viajar a terceros países en la búsqueda de visas temporales o de inmigrantes”

El funcionario cubano también consideró un “acto hostil y difamatorio” la permanencia de la recomendación de «reconsiderar los viajes» a Cuba, en el sistema con el que Washington evalúa la seguridad de los destinos en el mundo entero.

“Esta advertencia inapropiada ha causado miedo y confusión”, lamentó un comunicado difundido por el Centro de Turismo Responsable, mientras la agencia Cuba Educational Travel llamó la atención sobre el hecho de que el aviso sobre los viajes a la mayor de las Antillas contiene un lenguaje más fuerte que los emitidos para países con graves riesgos de terrorismo, asesinato, tráfico de drogas y secuestro.

“Está claro que Cuba es uno de los países más seguros del mundo para que los estadounidenses visiten”, manifestó Collin Laverty, presidente de esta institución organizadora de viajes a nuestra nación, la cual difundió los resultados de un sondeo realizado entre 462 viajeros norteamericanos que estuvieron en la Isla en 2017 y lo que va de 2018. Según el estudio, en términos de seguridad general el 83 por ciento de los viajeros cree que Cuba es muy segura y un 16 por ciento la calificó de segura, mientras menos de un uno por ciento la vio como insegura y ninguno la consideró muy insegura.

Mientras tanto, y para caldear el escenario, Washington sigue jugando con la “diplomacia pública” (hay que seguir la ruta del dinero) para actuar a través de varias instituciones y mediante el desarrollo de una red de relaciones interpersonales con gente importante que le sirve de sostén a las provocaciones para subvertir el orden interno en la Isla, como acaba de ocurrir con los expresidentes de Colombia y Bolivia, y como ya ha sucedido con otros políticos europeos y latinoamericanos.

Lo cierto es que volvemos a los viejos tiempos del Llanero Solitario, con Trump vestido de vaquero y dos cohetes al cinto.


Lázaro Barredo Medina

 
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