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Publicado el 13 Marzo, 2018 por Omar Pérez Salomón en Opinión
 
 

Una fuerza de tarea más para la subversión en Cuba

Omar Pérez SalomónPor OMAR PÉREZ SALOMÓN

El Memorando Presidencial firmado por el inquilino de la Casa Blanca Donald Trump el pasado 17 de junio, orientó al Secretario de Estado Rex Tillerson organizar un grupo de trabajo “para examinar los retos tecnológicos y oportunidades para expandir el acceso a Internet en la isla”. Pero en realidad tiene como propósito  readecuar la estrategia luego de las sucesivas derrotas sufridas por Estados Unidos al tratar de impulsar el uso de estas tecnologías con el objetivo de subvertir el orden en la mayor de las Antillas.

No es la primera vez que el gobierno del vecino del norte crea grupos de trabajo para estudiar y proponer vías y métodos para acabar con la Revolución Cubana utilizando como soporte las telecomunicaciones y las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

En 1960 la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense encargó el proyecto de fundar una estación de radio para transmitir programación anticubana a uno de los mayores expertos de la Agencia en materia de propaganda, David A. Phillips, periodista y actor; organizador del hostigamiento radial contra Jacobo Arbenz en 1954; muy conocedor de la realidad cubana que había estado destacado en La Habana en los últimos años del gobierno del tirano Fulgencio Batista; y posterior al triunfo de la Revolución había participado en varios planes contra el gobierno revolucionario, entre ellos al menos, un plan para asesinar a Fidel Castro. Phillips organizó un grupo de trabajo que realizó un estudio sobre el equipamiento a utilizar, la identificación del lugar para el despliegue, el diseño del sistema de antenas, la programación y otras medidas para la operación. Así, el 17 de mayo de 1960, en la frecuencia de 1160 khz, fue captada en Cuba por primera vez, la emisora Radio Cuba Libre (Radio Swan).

También los proyectos de Radio y Televisión Martí requirieron de Fuerzas de Tarea que estudiaron los posibles contenidos de los programas, fuentes de información, necesidades de personal, estructura legal de la organización, proyectos de ley, presupuestos, ubicaciones de estudios y transmisores, así como formularon informes  al presidente.

Cuando el 12 de marzo de 1996 fue firmada por el presidente de Estados Unidos William Clinton, la llamada ley Helms-Burton, plataforma que dio continuidad a la política agresiva desarrollada por sucesivos gobiernos estadounidenses, se recrudeció el curso agresivo de la política contra Cuba.

En el capítulo primero, la sección 109 se refiere a la autorización para dar apoyo a grupos “democráticos” y de “derechos humanos” en Cuba, es decir, a los grupúsculos que dentro de nuestro país sirven a los intereses del imperialismo norteamericano. Se trata de suministros de publicaciones y materiales informáticos, tales como libros, videos, y otros medios para realizar propaganda.

En este sentido, la Rand Corporation –tanque pensante del Pentágono– realizó varias investigaciones que recomendaron el desarrollo de una política estadounidense de información y comunicaciones destinada a “ayudar a abrir el sistema cerrado de Cuba y fomentar el surgimiento de una sociedad civil independiente”.

Uno de esos estudios, realizado por Larry Press en 1996, tenía como fin mejorar el conocimiento sobre la situación de las telecomunicaciones de Cuba, en especial  las perspectivas para ampliar la red de computadoras con acceso a internet, y serviría como documento base para un proyecto sobre “Actores, resultados y política estadounidense para una Cuba en proceso de cambio”.

En la investigación: “Las telecomunicaciones cubanas, la red de computación y las implicaciones en la política de los Estados Unidos” se planteó que en 1996 Cuba ya contaba con cuatro redes con conexiones internacionales a la internet –Red del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGBnet), Centro de Intercambio Automatizado de Información (CENIAI), TinoRed de los Joven Club e Infomed– y reconoce que: “A pesar de los serios problemas económicos, desde 1992, las redes cubanas han crecido notablemente, tanto en dimensión como en calidad, principalmente debido a que el gobierno cubano ha permitido y financiado dicho crecimiento” [1]

En las recomendaciones realizadas llama la atención que se proponen varias medidas dirigidas a incrementar la injerencia en los asuntos cubanos utilizando las redes informáticas, embrión de las acciones que en fechas más recientes se han llevado a cabo.

Entre ellas tenemos: estimular una conexión directa IP con Internet para brindar a los cubanos un acceso interactivo a materiales del extranjero; dar una respuesta rápida a la solicitud que hiciera la empresa WilTel de un permiso para construir un cable óptico entre los Estados Unidos y Cuba, pendiente desde marzo de 1994, y a otras solicitudes para brindar diferentes servicios relacionados con datos; fomentar los viajes desde Cuba con fines de adiestramiento y capacitación en la administración de las redes informáticas, y otras formas de intercambio técnico.

Además, apoyar a los usuarios cubanos, en especial a las ONG con adiestramiento, equipos y cubriendo los costos de la comunicación. En este sentido se explica que, “las ONG, los Clubes de Computación para los jóvenes, las universidades y los investigadores en la esfera de la biotecnología nos parecen merecer que se les apoye. Las ONG y los investigadores de la rama biotecnológica contribuyen al apoyo a los derechos humanos y al logro de los objetivos relativos a la política de acceso al conocimiento; los Clubes de Computación para los jóvenes y las universidades pueden contribuir directamente al adiestramiento de la comunidad de usuarios exigentes necesaria para lograr una potente red” [2]

Resulta significativo que dos días antes del ataque terrorista a las torres gemelas en New York, el 9 de febrero de 2001, Cuba se convierte en el primer Estado acusado de planear ataques cibernéticos contra Estados Unidos, cuando en la audiencia del Comité selecto del Senado sobre Inteligencia, que trató el tema de “la amenaza mundial”, el entonces director de la Agencia de Inteligencia de Defensa, Almirante Thomas R. Wilson, identificó a la Mayor de las Antillas como un posible país “ciberatacante”.

En el 2004 se publica el documento de la llamada “Comisión para asistir a una Cuba libre”, que tenía el encargo del presidente George W. Bush de identificar medios adicionales para poner fin rápidamente al régimen cubano. En el 2006 expuso esa administración un nuevo documento donde amplían las medidas. En el capítulo 1: Acelerar el fin de la dictadura de Castro: Transición, no sucesión, se crea el “Fondo Cuba para un Futuro Democrático”, que asigna 24 millones de dólares para la propaganda contra nuestro pueblo, incluida la que se realiza a través de Internet.

En febrero de 2006, el Departamento de Estado, encabezado por Condolezza Rice, crea el Grupo de Tarea para la Libertad Global de la Red que debía concentrarse en monitorear especialmente a China, Irán y Cuba, y en julio del siguiente año se hace pública la decisión del presidente Bush de crear un cuarto ejército en el país, el del ciberespacio, que estaría radicado en la base de la fuerza Aérea de Barksdale en Louisiana, con la misión de mantener la ventaja competitiva de las fuerzas armadas estadounidenses en un nuevo teatro de las operaciones militares.

En el 2011, a solicitud del senador republicano, Richard Lugar, el miembro más prominente de ese partido en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Carl Meacham, encargado de América Latina en el equipo del político, se reunió con el personal del Departamento de Estado, altos diplomáticos extranjeros y funcionarios de la industria en el transcurso de varios meses para llevar a cabo una investigación sobre cómo los medios sociales y la tecnología podían utilizarse para promover y fortalecer lo que ellos entienden como la democracia en América Latina. En el informe de Meacham se reconocen descaradamente las acciones y planes subversivos que acomete el gobierno del vecino del norte contra la Revolución Cubana. En una de sus partes se manifiesta:

“El Departamento de Estado ha entrenado a los periodistas en varios países para que aumenten su capacidad de diseminar rápidamente la información precisa sobre acontecimientos y asuntos importantes.  Se han invertido grandes esfuerzos en Cuba, el único país que en estos momentos censura activamente el contenido de la política de EE.UU.  En Cuba, la Sección de Intereses de EE.UU. ha ofrecido miles de sesiones sobre Internet, cursos sobre la tecnología de los blogs, clases sobre entrenamiento básico de computación, clases de inglés semanales y apoyo de bibliotecas para el público cubano.[3] Estos programas tienen como objetivo reforzar la capacidad de los ciudadanos de utilizar los recursos existentes y también crear recursos sociales propios que aumenten la transparencia del gobierno y fortalezcan las instituciones civiles.  Aunque Cuba es ciertamente un caso singular en el gran proyecto de la política exterior norteamericana, el staff reparó en el creciente interés que tienen los funcionarios del Departamento de Estado en incrementar las capacidades básicas de computación y alfabetización del pueblo cubano como medio de facultar a los cubanos para llevar a cabo cambios positivos en su propia sociedad.”

En mayo de 2014 se destapó el proyecto ZunZuneo, red social creada secretamente por agencias del gobierno de Estados Unidos para promover el “cambio de régimen” en nuestro país, y donde, presumiblemente, se realizaron acciones de ciberespionaje para robar la base de datos de la telefonía celular de Cuba y luego se clasificaron los usuarios por sus posiciones políticas.

Hasta el estadounidense Alan Gross, contratado en el 2009 por la empresa Development Alternatives Inc. (DAI) para  introducir equipamiento en la isla y establecer conexiones a Internet por satélite a grupos afines al gobierno de EE.UU, por lo cual pasó cinco años en cárceles cubanas, criticó el programa anunciado recientemente por Washington para fomentar el acceso a la red de redes en Cuba.

Como puede apreciarse, el imperialismo estadounidense viene creando Fuerzas de Tarea y diseñando planes para acabar con el ejemplo que significa la Revolución Cubana desde hace muchos años. Con la dirección de nuestro Partido y Gobierno revolucionario, y la participación del fabuloso capital humano formado en estos 60 años, cada uno de ellos ha fracasado.

El programa de informatización de la sociedad cubana, que marcha de manera sostenida, propicia que cada vez más personas accedan a los servicios y contenidos en la red, y representa una respuesta a los planes imperiales contra nuestro país.

No podemos desconocer que Cuba también está en la mira de la ofensiva actual de la derecha y la oligarquía latinoamericana, organizada y conducida por las fuerzas de poder del imperialismo estadounidense. El contenido del Memorando de Trump y la creación de una Fuerza de Tarea el pasado 7 de febrero son piezas de este andamiaje.

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  1. Informe de la Rand Corporation: Las telecomunicaciones cubanas, la red de computación y las implicaciones en la política de los Estados Unidos. Elaborado para la Oficina del Secretario de Defensa de Estados Unidos, julio de 1996, p.1-49.
  2. Ibídem
  3. Preguntas a Roberta Jacobson, subsecretaria de Estado interina para los Asuntos del Hemisferio Occidental, presentadas por Richard G. Lugar, miembro de más alto rango del Comité de Relaciones Exteriores para audiencia titulada “El estado de la democracia en las Américas”, el 30 de junio de 2011.

 

 


Omar Pérez Salomón

 
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