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Publicado el 27 Abril, 2018 por Raul Medina Orama en Opinión
 
 

¿Escribir poquito español?

Por RAÚL MEDINA ORAMA

Durante abril, mes en el cual se celebra el día de nuestro idioma, para conmemorar la muerte de Miguel de Cervantes (1616), una polémica calentó la Internet, al menos en los espacios donde merodean los cubanos. El detonante fue un comentario publicado en la web de Radio Guamá (Pinar del Río), en el cual criticaron la eliminación de uno de los requisitos para ingresar a los Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias Exactas (IPVCE): los exámenes de Español.

La noticia pasó por delante de nuestras narices el año anterior, cuando el Ministerio de Educación (Mined) decidió emprender una serie de acciones para revitalizar estos centros, surgidos en la década de los 80 con el objetivo de potenciar la formación en ámbitos relacionados con las llamadas “ciencias puras” y la tecnología. Ahora ratificaron una estrategia aprobada en 2017.

Desde entonces son obligatorias solo las pruebas de Matemática e Historia, así como escoger una tercera materia para evaluarse, entre Física, Química o Biología. Los interesados deben acumular en Secundaria Básica un promedio general de 88 puntos, y de 90 o más tanto en Matemáticas como en la asignatura opcional.

Según justificó, en el diario Granma, Margarita McPherson, viceministra del Mined, aunque no se realiza prueba de Español, “en el resto de los exámenes se evalúan aspectos como la redacción y la ortografía”. A mí, graduado del IPVCE de Villa Clara, Ernesto Guevara, y orgulloso navegante de las humanidades, este asunto me ha despertado cierta incomodidad y suscitado no pocas preguntas.

¿Es suficiente lo que ha de escribirse en otras materias para valorar la redacción de textos, ortografía, comprensión y demás habilidades? ¿Potenciar, como se afirmó, “el estudio de las ciencias y sacar máximo provecho a la inclinación profesional de los estudiantes”, depende de ahorrarnos el examen de la lengua materna? ¿Este es un obstáculo en la vocación de los jóvenes de la enseñanza media que aspiran –si es que a esa edad se tiene esto tan claro– a ser científicos?

Aramís Méndez, profesor jubilado de Español-Literatura, ha sido maestro de muchos en el municipio de Caibarién, entre ellos mi madre, mi hermano y yo. Le pregunté su opinión y respondió: “El pensamiento lógico tiene, en el dominio de la lengua, el punto de partida para acceder a las Matemáticas, la Física, la Química, la Biología y otras ramas afines. Aquel que no domina el idioma –leer, escribir, comprender, redactar…– ¿puede alcanzar con plena capacidad niveles acertados de razonamientos científicos?”

No puede, convenimos. El estudio del idioma tiene especificidades que no se zanjan con un cuestionario de Historia, a menudo elemental. Si ya la preparación en la base de la enseñanza es a todas luces deficiente –entre las causas: falta de profesores, poco incentivo a los existentes, fallas en las metodologías y estilos–, se le hace muy poco favor a quien opta por una escuela de excelencia si se le quita la presión de estudiar para un examen riguroso de Español.

La Academia Cubana de la Lengua, cuyos miembros rechazaron la medida del Mined en una declaración el 15 de abril último, propuso un esquema donde se examine Matemática e Historia en un primer nivel de selección, y luego los estudiantes obtengan el aval definitivo con la materia de su interés y un test de Español. “También puede pensarse en un único examen con cuatro secciones de puntuación equitativa que sería calificado por los profesores de todas las materias”, añadieron.

Esta última propuesta me parece más razonable, criterio compartido por otros colegas. Se precisa una prueba universal que garantice una integralidad en cuestiones esenciales de las ciencias, sean estas “exactas” o sociales.

Más que reanimar los IPVCE, la medida del Mined recuerda aquel chiste del marido que “bota el sofá” y mira a otro lado para no ver el problema real con su pareja. Urgen otras acciones de mayor hondura y extensión, por ejemplo, destinar más recursos al arreglo de esas escuelas, y elevar el salario de los profesores y la atención a los alumnos. Así se obtendrían mejores frutos, creo yo.


Raul Medina Orama

 
Raul Medina Orama