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Publicado el 17 Mayo, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Lo de Pence es más que ignorancia

Lázaro Barredo Medina

Lázaro Barredo Medina

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

El vicepresidente estadounidense Mike Pence es definido por algunos medios conservadores como el guardián de la línea dura hacia Cuba, y para justificar sus viscerales ataques esgrime frases cliché muy rimbombantes, que usa como calificativos para expresar sus posiciones belicosas contra el Gobierno Revolucionario, como “la noche oscura de tiranía”, o sobre “ese país como una nube, oscureciendo el futuro de todos los que llaman hogar a esa Isla”.

Esta última expresión es su defensa a ultranza de los mafiosos de Miami. Este es el hogar de ellos, no el de los patriotas cubanos.

El señor Pence es uno de los impulsores en el retroceso de cualquier mejoramiento de las relaciones bilaterales y tiene mucho que ver con el recrudecimiento del bloqueo para asfixiar a la economía cubana y dañar a nuestro pueblo. Para ello se ha reunido a puertas cerradas con los representantes de la mafia anticubana Ileana Ros-Lehtinen, Mario Díaz-Balart, Carlos Curbelo y el pequeño Marco Rubio, con muchos de los cuales compartió escaño y posiciones políticas en la Cámara de Representantes.

El vicepresidente, catalogado de extremista alineado al ala más a la derecha del Partido Republicano, durante sus años como legislador fue uno de los representantes que mayor financiamiento recibió de manera generosa de los lobbies de acción política de las organizaciones contrarrevolucionarias, y ese compromiso puede medirse por el hecho mismo de que hasta el momento de la Convención Republicana en Cleveland en agosto de 2016 el entonces gobernador de Indiana, Mike Pence, respaldaba abiertamente la candidatura presidencial del senador Ted Cruz, de origen cubano. De ahí que sin vacilación alguna les asegurara en octubre de 2016, un mes antes de las elecciones, cuando ya era candidato a vice, que las órdenes del acercamiento de Barack Obama serían derogadas tras la inauguración presidencial del 20 de enero, de ser elegido Donald Trump.

No importa que fuera hasta en contra de los intereses de muchos de quienes integraron su electorado en el estado de Indiana, como representante y como gobernador, desconociendo el sentimiento de personalidades, empresarios y miembros de la Oficina Agrícola estadual, los que formaron parte del llamado a la administración de Donald Trump a hacer más, no menos, para alentar las exportaciones a Cuba.

En definitiva, toda la posición del equipo de Trump está asumiendo consecuentemente las líneas estratégicas trazadas en la Plataforma de la Convención Nacional Republicana, donde se ratificó la fallida política tradicional de ese partido hacia nuestra nación y se fijaron los criterios contra los movimientos progresistas en América Latina. Y Mike Pence ha sido el más fiel ejecutor.

Como dijo recientemente el director general para Estados Unidos del Minrex, Carlos Fernández de Cossío, “el vicepresidente de Estados Unidos, además de atacar a Cuba, Venezuela y Nicaragua, ha dicho la gran mentira de que Estados Unidos ha tenido un compromiso de larga data con la democracia y la libertad en nuestro continente”.

Y como ciertamente expresó en rechazo a un discurso de Pence ante la desprestigiada OEA: “Estados Unidos pretende encontrar una justificación para aplicar viejas recetas con las cuales, durante décadas, limitó el desarrollo de nuestro continente y puso impedimentos para la independencia de las naciones de la región, y se opone a los países y gobiernos que aplican políticas públicas en beneficio de la población y no satisfacen los intereses y ambiciones del imperialismo”.

Al ver todo esto, se aprecia que la actitud del vicepresidente Mike Pence es algo más que ignorancia. Por eso, como le gusta repetir al colega Taladrid, que cada cual saque sus propias conclusiones.


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