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Publicado el 15 Julio, 2018 por Prensa Latina en Opinión
 
 

Reunión Trump-Putin, fuerte escrutinio en EE.UU.

Por Martha Andrés Román

Washington, 15 jul (PL) La reunión que sostendrán mañana el presidente norteamericano, Donald Trump, y su par ruso, Vladimir Putin, será sometida a un gran escrutinio en Estados Unidos, donde Rusia continúa hoy como una obsesión para muchas figuras políticas.

Cuando el jefe de la Casa Blanca y su homólogo del Kremlin se encuentren este lunes en Helsinki, Finlandia, cada movimiento del estadounidense estará bajo la mirada de la oposición demócrata, que en los últimos días acrecentó sus llamados a que se suspendiera la cita.

Ningún otro territorio extranjero ha estado tan presente en la vida política y la opinión pública de este país desde la llegada de Trump al poder el 20 de enero de 2017 como la nación euroasiática, a la cual el partido azul y otros sectores acusan de una presunta interferencia electoral en 2016.

Tal imputación, unida a la de una supuesta complicidad con la campaña de Trump para interferir en los comicios en los cuales resultó derrotada la demócrata Hillary Clinton, es el centro de una investigación encabezada por el fiscal especial Robert Mueller.

Esa pesquisa, que más de un año después de su inicio sigue acaparando titulares y provoca avalancha de opiniones con cada nuevo suceso ligado a ella, ha sido calificada por el gobernante republicano como una cacería de brujas con la cual los demócratas tratan de justificar su derrota electoral.

Pero más allá de las palabras del mandatario, y aun cuando Moscú ha negado reiteradamente la interferencia electoral, el tema llevó a la imposición de más sanciones norteamericanas contra Rusia y a que se hable del nivel de relaciones bilaterales más bajo desde la Guerra Fría.

Trump ha expresado en varias ocasiones su inclinación a mejorar los vínculos con la nación euroasiática, algo que califica como beneficioso, pero siempre acompaña ese tipo de comentarios con la afirmación de que nadie ha sido más duro con Rusia que él.

En algunos aspectos, ese pronunciamiento es cierto, al menos cuando se compara con la administración de Barack Obama (2009-2017), como evidencia el hecho de que en diciembre pasado la Casa Blanca aprobó la venta de armas defensivas letales a Ucrania, medida que provocó el rechazo inmediato de Moscú.

Obama se resistió a dar ese paso durante su Gobierno porque temía una escalada en la confrontación con Rusia, pero la decisión de Trump fue vista por algunas fuentes como un intento de contrarrestar los criterios de que él responde a intereses de esa nación.

Además, en agosto de 2017 Trump promulgó la Ley contra los Adversarios a través de Sanciones, la cual expandió y codificó medidas punitivas impuestas contra Rusia, Irán y la República Popular Democrática de Corea.

El presidente norteamericano, a pesar de que ratificó esa legislación, la tildó de seriamente defectuosa, pero ello no impidió que en los meses siguientes volvieran a adoptarse castigos contra el territorio euroasiático, como ocurrió en marzo y abril pasado.

Todo ello muestra incoherencias y confusiones en la postura del Gobierno estadounidense hacia Rusia, con un mandatario que hace solo dos días se mostró esperanzado de una buena relación futura con Moscú, y círculos políticos que lo atacan por ese tipo de pronunciamientos.

No voy a entrar con grandes expectativas, pero podemos sacar algunas cosas sorprendentes, indicó Trump sobre el encuentro de mañana durante una conferencia de prensa que sostuvo el viernes junto a la primera ministra británica, Theresa May.

Mientras el jefe de la Casa Blanca hablaba de ese modo en su visita a Reino Unido, de este lado del Atlántico se dio a conocer que Mueller acusó a 12 oficiales rusos de inteligencia de participar en la supuesta intromisión en los comicios de 2016.

Según el equipo del fiscal especial, los imputados trabajaban para la Dirección Principal de Inteligencia de Rusia y participaron en un ‘esfuerzo sostenido’ para hackear los correos electrónicos y redes de computadoras del Comité Nacional Demócrata y de la campaña de Clinton.

Ello llevó a que los miembros del partido rojo incrementaran sus exigencias de que el presidente cancele su reunión con Putin o se rehúse a encontrarse a solas con él, a menos que enfrente al líder extranjero por la presunta interferencia electoral.

Ayer, en su cuenta de la red social Twitter, el jefe de la Casa Blanca escribió que las historias sobre los 12 funcionarios rusos ‘tuvieron lugar durante la administración de (Barack) Obama, no la administración Trump’.

¿Por qué no hicieron algo al respecto, especialmente cuando se reportó que el FBI informó al presidente Obama sobre eso en septiembre, antes de las elecciones?, cuestionó al respecto.

Sin embargo, el peso de este tema en el contexto doméstico norteamericano, así como las posiciones de varios círculos de poder contrarios al papel de Rusia en Siria y el conflicto en Ucrania, conspiran fuertemente contra el expreso interés de Trump en mejores nexos bilaterales.

Así, cuando el presidente de Estados Unidos se siente este lunes junto a Putin en Finlandia, sabrá que tendrá sobre sí muchos ojos en su país que examinarán sus palabras y posturas, y eso puede no ser un buen augurio para el diálogo.


Prensa Latina

 
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