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Publicado el 13 Agosto, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

Ruta de la seda: renacer de un esplendoroso camino 

 

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

En su azarosa vida, Zhang Qian mantuvo el compromiso establecido con el emperador Wu de la dinastía Han, de sondear y ganar nuevas vías para el comercio. Corría el año 119 a.n.e. y todas las condiciones estaban creadas para que el general y explorador guiara la tropa de hombres y bestias por complejos senderos, primero hacia Asia Central y luego hasta la mismísima Roma. Como el recorrido contemplaba inmensas extensiones desérticas se hizo acompañar de una dotación de camellos y no de caballos como erróneamente se ha divulgado. Lo que sí ha trascendido a la historia con precisión ha sido el contenido de los fardos: pieles y metales preciosos, marfil, laca, especias, vidrio, materiales manufacturados varios, coral, telas de lana y lino y, por supuesto, la famosa seda, de la cual la Ruta terrestre –y después la marítima– tomó el nombre que pasó a la posteridad.

la seda china fue catalogada como “creación del cielo”

Pero ¿por qué la denominación recayó en un solo artículo? En su acostumbrada curiosidad, los antiguos chinos se percataron, hace miles de años, de que el gusano bombyx mon luego de alimentarse con la hoja de la morera, segregaba un fino y redondeado filamento que al hilarse derivaba en un material resistente y seductor por su ligereza y comodidad al vestir. También valoraron la agradable sensación al tacto. Una vez popular, la seda china fue catalogada como “creación del cielo”.

los bultos de productos en ese soporte le confirieron singularidad a un itinerario de alta conectividad por donde transitaron, asimismo, pensamientos filosóficos, tácticas de guerra, literatura religiosa y diversa, entre las que sobresalen los invaluables tratados de la medicina oriental de esa época

Puesto que ese gusano en particular solo puede proporcionar cerca de 1 000 metros de hilo en su ciclo de vida de apenas 28 días, su producción requería de esmero y alta productividad –algo que al parecer a los chinos de todos los tiempos se les da muy bien–. Tal vez esas características hayan sido las causantes de que, durante siglos, se mantuviera en absoluto secreto el cómo obtener esa tela, incluso se llegó a penar con la muerte a quien osara reconocerse como trabajador de un campo de morera o fabricante de seda.

La ductilidad de este tipo de tela sirvió también como soporte para la escritura y la difusión de ideas por medio del dibujo, utilizado por los emperadores con fines ideológicos en etapas de expansión colonial por el hoy vasto territorio de China. Entonces, los bultos de productos en ese soporte le confirieron singularidad a un itinerario de alta conectividad por donde transitaron, asimismo, pensamientos filosóficos, tácticas de guerra, literatura religiosa y diversa, entre las que sobresalen los invaluables tratados de la medicina oriental de esa época.

Vigencia para el siglo XXI

Desde hace años diversos pensadores lo han asegurado: a China le esperan cosas grandes. Los primeros pasos se dieron en 1949 cuando el triunfo del comunismo de Mao Tse Tung sacó de la dependencia a esa colosal nación para colocarla en la carrilera del desarrollo, el cual, no sin dificultades, llegó a 1979, etapa conocida como las Reformas de Deng Xiaoping. Las transformaciones emprendidas abrieron las puertas del espacio económico chino a la inversión extranjera orientada tanto hacia el mercado interno como al internacional.

Por eso no sorprendió demasiado cuando en 2013 la República Popular China (RPCH) anunció el plan más ambicioso de inter-conectividad transfronteriza en la historia: “Una franja, una ruta: Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y la Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI”. El Partido Comunista y el Consejo de Estado chinos aseguran que esta propuesta promoverá “la filosofía de la eco-civilización y el desarrollo sostenible”.

Como corresponde a la modernidad, el trayecto lucirá los más altos estándares de desempeño, diseminados por tierra y mar, que conectarán al gigante asiático con Europa, África y Asia Sur-Este. Pasados los cinco primeros años fundacionales ya se han concluido obras de puertos, carreteras, trenes, aeropuertos, oleoductos, gaseoductos y zonas de libre comercio. La aspiración suprema es incluir a más de 70 países con un costo de alrededor de un trillón de dólares. Pero acorde al espíritu chino, las cosas se harán despacio para que salgan perfectas; algunos cálculos validan el sueño en su conjunto entre 30 a 40 años en lo adelante.

no sorprendió demasiado cuando en 2013 la República Popular China (RPCH) anunció el plan más ambicioso de inter-conectividad transfronteriza en la historia: “Una franja, una ruta: Cinturón Económico de la Ruta de la Seda y la Ruta de la Seda Marítima del siglo XXI”

China es el principal financista de este ideal, y con vistas a materializarlo ha creado el Banco Asiático para las Inversiones en Infraestructura (BAII). De momento, y en lo que va de 2018, Beijing ha aprobado una inversión de 124 000 millones de dólares. Hay por tanto tranquilidad en cuanto a ese aspecto, aunque existen algunas voces que tratan de demeritarlo. Xi Jinping, secretario general del Comité Central de los comunistas chinos y presidente de la RPCH, con respecto a esas preocupaciones ha señalado en más de una ocasión que se está creando una base de reglamentos y leyes transparentes y equitativas, facilitadoras del perfeccionamiento económico mundial y del aumento de la colaboración entre países. “Queremos crear una gran familia que conviva en armonía; un nuevo modelo de cooperación ganar-ganar”, ha afirmado. De hecho, se considera la visión de la nueva Ruta de la Seda como uno de sus aportes a la teoría y a la práctica del socialismo chino.

Los muchos puntos y piezas

Desbrozar malezas es la imagen mental que uno se plantea cuando se habla de abrir los caminos. Solo que eso fue en décadas remotas. Hoy en día, la clave para unir está en la eficiencia del transporte. Así lo considera Beijing que pretende incluir ferrocarriles de alta velocidad e ingeniosas autopistas en su modernísima proyección mercantil. Criterio patente especialmente en los trenes de carga.

Hoy en día, la clave para unir está en la eficiencia del transporte. Así lo considera Beijing que pretende incluir ferrocarriles de alta velocidad e ingeniosas autopistas en su modernísima proyección mercantil

Así, el gigante asiático está conectado con unas 30 ciudades europeas en viajes que duran 15 días. Por ejemplo, cubrir el sureste chino desde Guangzhou, hasta el parque industrial ruso de Vorsino, lleva apenas dos semanas, ahorrando un mes si se compara con el barco, y alrededor del 80 por ciento del costo en relación con la carga aérea. Se prevé igualmente la expansión de los trenes de alta velocidad del Transiberiano, en un propósito mucho más ambicioso: la Ruta de la Seda de Siberia. Y en el largo plazo se diseña una hacia el Ártico.

Se proyectan, asimismo, enlaces inéditos como los 873 kilómetros para unir China a la costa de Tailandia. En África también se avanza: una línea de 471 kilómetros enlazará Nairobi, la capital de Kenia, con el puerto de Mombasa, en el Índico; elementos de una misma red global. Y no menos importante es la punta china de arranque hacia el norte de Irán en el trayecto al oeste, a través de Irak, Siria y Turquía. Y desde ese tramo hacia Europa, donde pasaría por Bulgaria, Rumania, la República Checa, Alemania y Países Bajos. De ahí hacia el sur, hasta Italia. Que ahora, despojada de su condición de Imperio romano, eleva su significación simbólica porque allí nació Marco Polo, el principal responsable “mediático” de la permanente fama de la Ruta de la Seda desde sus inmortales relatos de viaje.

Italia tiene, además, rango jerárquico a partir del enclave en esa península de la Ruta de la Seda marítima. Se ha planificado que los buques de gran calado zarpen del puerto de Cantón, en el sur chino, hacia el estrecho de Malaca, y a la isla indonesia de Sumatra. Desde Malasia continuarían para la India y Kenia, doblarían el Cuerno de África, cruzarían el mar Rojo y entrarían en el Mediterráneo. En un lazo harían parada en Atenas y culminarían otra vez en Venecia, Italia.

Se ha planificado que los buques de gran calado zarpen del puerto de Cantón, en el sur chino, hacia el estrecho de Malaca, y a la isla indonesia de Sumatra. Desde Malasia continuarían para la India y Kenia, doblarían el Cuerno de África, cruzarían el mar Rojo y entrarían en el Mediterráneo. En un lazo harían parada en Atenas y culminarían otra vez en Venecia, Italia

Hay algo medular que subrayar: no serán caminos desprovistos de contenidos. Se ha pensado en cada detalle, así el Ministerio chino de Comercio tiene como prioridad la construcción de la primera Feria Internacional de Importación y otras plataformas de cooperación internacional, con lo cual se impulsan diferentes y multimillonarios proyectos de inversión, de ayuda exterior y otros destacados como el comercio electrónico para el feliz desenvolvimiento de la liberalización y facilitación de los negocios. Así, en Minsk, la capital bielorrusa, China está construyendo un parque industrial de alta tecnología, el más amplio hasta ahora en el extranjero. Similar iniciativa se concreta poco a poco en Malasia para sectores del acero, aluminio y aceite de palma.

Sensible saldo

Dos tercios de la población mundial serán beneficiados por esta perspectiva de integración, con una peculiaridad consistente en la entrada oficial del yuan en los derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional (FMI). Varios expertos razonan sobre el “bautizo” de la moneda china como divisa clave a la que vale la pena mantener por todos los bancos centrales de los mercados emergentes. En el futuro eso derivará en mayor independencia financiera.

Sin embargo, es sabido que para que una inversión se sostenga no basta con hacer circular dinero; los interesados ejecutores deben sentir todas las garantías de seguridad, y es entonces cuando entra la variable paz. En ese contexto todavía persisten puntos candentes en los tránsitos de esta Ruta como lo es Afganistán. El megaproyecto supondrá, incluso, un impulso económico para la reconstrucción afgana, de ahí que Beijing se tome muy en serio la realidad de esa región. Pero el conflicto aún vigente dificulta el avance, por tanto China ha decidido ser más proactiva en los contingentes pacificadores que promueven las Naciones Unidas.

Dos tercios de la población mundial serán beneficiados por esta perspectiva de integración, con una peculiaridad consistente en la entrada oficial del yuan en los derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional (FMI)

Asimismo, en aras de mantener los delicados equilibrios geopolíticos, la RPCH invitó a India y a Pakistán para unirse a la Organización de Cooperación de Shanghái. También se ha empleado a fondo en su dinámica en Oriente Medio, una zona cuya estabilidad puede facilitar el éxito definitivo: el Gobierno chino ha demostrado ser un profundo conocedor de las reglas de la diplomacia, patentizado en estos últimos cinco años en su acercamiento a Egipto, Arabia Saudí y Siria.

Benjamín Ramos, en un análisis para El Orden Mundial, advierte que la Ruta de la Seda, ya sea en su variante terrestre como marítima, perfila el inicio de novedosas relaciones de complementación y cooperación que permitirán superar el malestar dejado por una etapa de la globalización “madrina por excelencia” de las naciones más poderosas. Sostiene en cambio que están cada vez más claros los signos de estos tiempos, los cuales indican que Estados Unidos irá perdiendo paulatinamente influencia en Asia, y ni qué decir en África. A medida que avance la Ruta, ratifica este estudioso, los países involucrados fortalecerán sus lazos con menos ataduras al dominio y al chantaje de las grandes corporaciones estadounidenses.

Con ese perspectivo telón de fondo muchos se preguntan si en este juego cabe América Latina. El asunto es hondamente delicado porque la región tiene pendiente su integración física y comercial –por no hablar de la política– y carece además de los recursos imprescindibles para la construcción de infraestructura, teniendo en cuenta la larga etapa del capitalismo neoliberal, del que Estados Unidos es en parte responsable. De cualquier manera, ha habido intercambios de alto nivel entre la Celac y China, que desde los intereses comunes promuevan iniciativas parecidas a la nueva Ruta de la Seda.

Ganar más que perder, esa es la propuesta

Ganar más que perder, esa es la propuesta: El Gobierno y pueblo chinos impulsan para el orbe una filosofía coherente con sus propios postulados de felicidad, en el que el crecimiento económico y la posibilidad de distribuirlo con justeza, redunden en un progreso integral cuyo centro sea el ser humano mundial.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda