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Publicado el 16 Octubre, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

Elecciones dramáticas

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

El 6 de noviembre los estadounidenses que acudan a votar elegirán a 35 de los 100 senadores, a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, y a 36 de los 50 gobernadores del país. Son las elecciones de “mitad de mandato”, que han sido consideradas esta vez las más dramáticas de las últimas décadas

Los republicanos tienen más poder que ningún partido desde hace varios años. Controlan ahora la presidencia, el Senado, la Cámara de Representantes y el Tribunal Supremo. Suyos son dos tercios de los Congresos de los estados, y dos tercios de los puestos de gobernadores, pero en esta ocasión pueden perder varios estados y presumiblemente la Cámara de Representantes, pues según las encuestas, los demócratas los aventajan en la intención de voto.

En los Estados Unidos es habitual que en las elecciones de medio término pierda legisladores el partido que controla la Casa Blanca, más todavía cuando el actual inquilino está envuelto en multitud de polémicas.

Donald Trump,  con sus  innumerables controversias y ataques  sin tregua a la prensa, cuenta con uno de los niveles de popularidad más bajos de la historia reciente, con solo 37 por ciento de respaldo de los ciudadanos. No cabe duda de que la investigación del fiscal especial Robert Mueller, la detención de cada vez más colaboradores cercanos del presidente y de todo tipo de implicados en el asunto y la divulgación pública de mucha cuestiones que involucran al mandatario en delitos y cuestiones éticas han dado lugar a un clima electoral enrarecido

¿Qué vaticinan los analistas?

En estos momentos, en  la Cámara de Representantes los republicanos cuentan con una mayoría de 24 legisladores, mientras que en el Senado la ventaja es exigua, y apenas de dos miembros.

Hoy 30 millones de estadounidenses no tienen acceso a una cobertura médica o un seguro de salud. El 43 por ciento de los hogares sobrevive con un sueldo escaso. Las familias deben endeudarse para pagar las cuentas mensuales: alquiler, comida, gastos médicos, transportes. Cientos de miles de jóvenes no pueden cursar los estudios universitarios por los riesgos del endeudamiento y la falta de becas accesibles

Pero un rasgo distintivo del Parlamento estadounidense es la altísima tasa de reelección, ante las altas sumas de dinero que entran en juego por el llamado “clientelismo político”. En cada ciclo electoral cerca del 90 por ciento de los candidatos son congresistas que buscan un nuevo período.

De acuerdo con el promedio de las principales encuestas de las últimas semanas hay 392 de los 435 escaños que tienen un favorito muy claro, pues saca mucha diferencia a sus competidores. Entre ellos, 201 son demócratas y 191 republicanos. Eso significa que la clave estará en el resultado de los restantes 43 distritos, en los que hay paridad y donde 41 están en manos de republicanos. Los sondeos apuntan a que tendrán significativas derrotas y los demócratas solo necesitan 17 para llegar a los 218 escaños requeridos para tener la mayoría.

Otro hecho significativo en este proceso electoral es que las mujeres contarán con el mayor número de representantes de la historia del país, pues casi 200 aspiran al Congreso.

Muchos analistas consideran que perder la Cámara será un problema para el Gobierno. En un contexto de creciente polarización política, le costaría mucho aprobar leyes, sobre todo teniendo en cuenta la dificultad de esta administración para alcanzar acuerdos bipartidistas. Se verían más audiencias y mayor supervisión parlamentaria, como revisiones sobre los negocios de Trump; puede abrirse una investigación por corrupción, que probablemente incluirá sesiones sobre el proceso de destitución.

También habría sesiones parlamentarias sobre algunas de sus políticas más cuestionadas en materia comercial, migratoria y diplomática, dado que su mensaje contra la globalización, el multilateralismo, la cooperación internacional, supone un firme rechazo al liderazgo de los Estados Unidos.

¿Y sobre el Senado?

Para los expertos, una mayoría demócrata en el Senado es bastante improbable. Pero si ocurriera significaría para Donald Trump un fuerte terremoto con serios peligros de tsunami, porque es en la llamada Cámara Alta donde se aprueban o rechazan los principales nombramientos que propone el Presidente. Sin las dos cámaras, Trump se quedará muy debilitado hasta el final de su mandato.

“Mientras los ricos son hoy más ricos que antes, tenemos una desigualdad económica que es la mayor desde la década de 1920. Hoy los tres estadounidenses más ricos del país suman una riqueza equivalente a los ingresos totales de 160 millones de estadounidenses”, dijo Sanders. También aseguró que el hogar promedio de clase media es menos rico que hace 35 años y que “se triplicó la diferencia de riqueza entre hogares de ciudadanos blancos y negros”

Tendría, además, la amenaza del proceso de impeachment, que solamente puede llevar a cabo el Senado y para lo cual se requiere de una mayoría cualificada de 67 de 100 senadores, cuota que nunca alcanzarían los demócratas. Para lograrlo tendría que haber una coalición bipartidista.

De todas formas, como se presentan los sucesos en la política estadounidense cualquier cosa puede ocurrir. Hace unas semanas, por ejemplo, el republicano John Boehner, expresidente de la Cámara de Representantes, dijo: “No hay Partido Republicano. Hay un Partido de Trump. El Partido Republicano está como echándose la siesta en algún sitio”.

El electorado y Trump

Trump, no obstante, se mantiene lo suficientemente fuerte para energizar a una base electoral profundamente nacionalista. Los fieles al Presidente consideran que ha cumplido sus promesas, incluso las que desagradan al resto del mundo, y que ha sido consecuente con “América primero”.

Otra parte del electorado en los Estados Unidos se muestra receloso con lo que ha ocurrido en los dos últimos años y es sabido que resulta decisivo el voto de las clases medias, cuyas preocupaciones, según los medios de prensa, están encabezadas por la situación económica del país. Le siguen las dificultades para acceder a una buena cobertura médica y pagar los estudios universitarios de los hijos. También preocupa el control de armas, por los frecuentes incidentes en escuelas y clubes, así como otros asuntos, como la inmigración extranjera.

Hace unas semanas, en declaraciones al diario USA Today, el influyente político demócrata Bernie Sanders señalaba que, si bien los números de la economía estadounidense parecen brillantes, la situación es engañosa: “Trump y sus amigos millonarios están bien, pero la economía no está mejor que nunca, al menos no es así para las familias trabajadoras de los Estados Unidos”.

Igualmente, recordó algunos datos decisivos. Hoy 30 millones de estadounidenses no tienen acceso a una cobertura médica o un seguro de salud. El 43 por ciento de los hogares sobrevive con un sueldo escaso. Las familias deben endeudarse para pagar las cuentas mensuales: alquiler, comida, gastos médicos, transportes. Cientos de miles de jóvenes no pueden cursar los estudios universitarios por los riesgos del endeudamiento y la falta de becas accesibles.

“Mientras los ricos son hoy más ricos que antes, tenemos una desigualdad económica que es la mayor desde la década de 1920. Hoy los tres estadounidenses más ricos del país suman una riqueza equivalente a los ingresos totales de 160 millones de estadounidenses”, dijo Sanders. También aseguró que el hogar promedio de clase media es menos rico que hace 35 años y que “se triplicó la diferencia de riqueza entre hogares de ciudadanos blancos y negros”.

Lo cierto es que Donald Trump está acudiendo a las “mil vírgenes” para evitar la derrota. Lo más elocuente es una grabación reciente donde está pidiendo ayuda a líderes religiosos para ganar en noviembre: “Si los demócratas vencen acabarán con todo”

El político demócrata terminó explicando que “no hay justificación moral para los recortes de impuestos a los más ricos, una iniciativa de Trump.  No es posible impulsar eso y luego presentar un presupuesto en el Congreso con enormes recortes a los servicios sociales y la educación. Los demócratas podemos y debemos hacer algo mejor por este país”.

Ese discurso lo han asumido importantes personalidades en los Estados Unidos. Lo cierto es que Donald Trump está acudiendo a las “mil vírgenes” para evitar la derrota. Lo más elocuente es una grabación reciente donde está pidiendo ayuda a líderes religiosos para ganar en noviembre: “Si los demócratas vencen acabarán con todo”.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina