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Publicado el 2 Octubre, 2018 por María Victoria Valdés Rodda en Opinión
 
 

En la península coreana hay que hilar fino

 

María Victoria Valdés RoddaPor MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA

El intercambio entre Donald Trump y Kim Jong-un, en junio de este año, incrementó el prestigio político de ambos protagonistas. El deshielo entre Estados Unidos y la República  Popular Democrática de Corea (RPDC), puede contribuir a la seguridad mundial, porque presumiblemente reforzará la no-proliferación nuclear y coadyuvará a estabilizar a la Península de Corea.

Y justo de eso se trata: brindarle a la zona la necesaria paz sin las constantes zozobras de los fantasmas de un conflicto que pudiera retomarse en cualquier momento. Por naturaleza, la Casa Blanca, es proclive a atizar las cuitas ajenas como comodín a sus intereses geoestratégicos, en cambio los líderes asiáticos tienen compromisos con sus pueblos. Entonces, junto con las expectativas sobre Trump, la comunidad internacional debe también estar atenta a la diversidad de señales y mensajes que emanan de la propia vida local y regional.

Esa fue la trascendental resonancia que tuvo la Primera cumbre Intercoreana 2018, un reencuentro tras 11 años de aislamiento mutuo. Hecho posible dada la persuasión del presidente surcoreano Moon Jae-in, y a su estrategia, conocida como Política del Sol, fundamentada en la interacción y asistencia económica a sus vecinos para lo cual prevé incluso la reapertura del parque industrial de Kaesong, donde llegaron a estar empleados más de 50 mil trabajadores norcoreanos. Pero es imposible hablar de avances sin destacar la visión de Kim Jong-un, quien, enarbolando las banderas de la soberanía, ha mostrado capacidad de análisis y conciliación, viabilizando tres cumbres intercoreanas; la más reciente entre los días 18 y 19 de septiembre de 2018.

Lo que se consiga en esos encuentros marcarán las agendas bilaterales que, en consideración de analistas, deberán satisfacer los intereses de cada cual al margen de la pendiente reunificación nacional, asunto todavía incierto. Tampoco debe pecarse de ingenuidad porque a pesar de la demostrada buena voluntad de Seúl y de Pyongyang de mirar hacia un mismo horizonte, la sombra de Washington pesa demasiado, lo que exige “hilar fino”.

La cuestión a largo plazo es la siguiente: ¿aceptará el imperio dejar esta privilegiada plaza que enfila sus cañones contra China y Asia oriental? Parece improbable

La RPDC no está dispuesta a desnuclearizarse sin un acuerdo de magnitudes históricas y sin la retirada de la península coreana de las tropas estadounidenses, causa que en última instancia caldea el ambiente, debido a los ejercicios militares con Corea del Sur, práctica establecida desde la Guerra de Corea (1951-1953) en una permanente táctica de presión contra el norte Socialista.

O sea, el apadrinamiento yanqui existe, no es un invento propagandístico del régimen norcoreano. Esto se evidenció cuando el ministro surcoreano de Defensa, Song Young-moo, le envió una misiva a su homólogo estadunidense James Mattis, para explicar los resultados de la tercera Cumbre de alto nivel, donde se firmó una declaración conjunta. En ese marco, los ministros de Defensa de las dos Coreas suscribieron un acuerdo bilateral militar que contempla la detención de todos los actos hostiles, y el cese de las actividades militares cerca del paralelo 38, la línea de demarcación entre el Norte y el Sur, ya sea por tierra o por mar.

La surcoreana agencia de noticias Yonhap News, apuntó que después de su regreso de Pyongyang, Song se reunió con el general Vincent Brooks, comandante de las Fuerzas estadunidenses, estacionadas en Corea del Sur. El rotativo hace hincapié en que tal gesto refuerza el propósito de Seúl por asumir el control operativo de sus tropas y de acelerar la introducción de técnicas militares nativas, en detrimento del sistema contra misiles balísticos, conocido como THAAD, made in USA. La cuestión a largo plazo es la siguiente: ¿aceptará el imperio dejar esta privilegiada plaza que enfila sus cañones contra China y Asia oriental? Parece improbable.


María Victoria Valdés Rodda

 
María Victoria Valdés Rodda