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Publicado el 28 Noviembre, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

 Ladrones al por mayor

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

El más grande tesoro de una sociedad es su capital humano. Por eso la más grande anomalía en el campo migratorio lo sigue siendo, y lo va a ser en mayores proporciones, el robo de cerebros, aunque ahora se pretenda disfrazarlo bajo el concepto de “fuga de talentos” o, de manera más suave, “flujo de talentos”.

Los datos de organismos internacionales sobre este tema son asombrosos: de los 150 millones de personas que participan en actividades científicas en todo el orbe, el 90 por ciento se concentra en las siete naciones más industrializadas. Otro dato interesante es que entre el 23 y el 25 por ciento de los doctores en Ciencias que residen en Estados Unidos se formó fuera de esas fronteras. Mientras, se desenvuelve la producción de conocimientos en los países industrializados de una manera monopólica y privatizada, con más del 90 por ciento de toda la producción científica del planeta.

En unas reflexiones publicadas el 17 de julio de 2007, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz alertaba sobre este potencial peligro para el mundo subdesarrollado: “Las tendencias a la privatización del conocimiento y a la internacionalización de la investigación científica en empresas subordinadas al gran capital han ido creando una especie de apartheid científico para la gran mayoría de la humanidad”.

Un informe del Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe (SELA) advertía que América Latina es la región que ha experimentado el mayor incremento en el número de personas calificadas que emigraron al mundo desarrollado en los últimos años. De acuerdo con sus estudios, las cifras resultan económicamente lesivas para las naciones que con pocos recursos y enormes esfuerzos forman a sus profesionales mientras otras, pese a tener mayor potencial, los sustraen sin costo alguno. Entre el año 1990 y 2007, según sus cálculos, 4.1 millones de médicos, ingenieros, cibernéticos, matemáticos, arquitectos y otros profesionales latinoamericanos emigraron hacia los Estados Unidos y un millón lo hicieron hacia la Unión Europea.

Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo calcula que en el continente americano se encuentran concentrados alrededor del 27 por ciento del total de los trabajadores migrantes del mundo, toda vez que las políticas neoliberales y de globalización impuestas desde la década de los 80 aumentaron el saqueo y el empobrecimiento de las naciones latinoamericanas e incrementaron el flujo de profesionales hacia países en desarrollo en busca de mejores condiciones de vida.

El criterio generalizado de los investigadores no es que de entrada la gente quiera irse; se van porque hay mejores oportunidades de trabajo, y una vez que se han marchado es muy difícil que regresen, aunque la mayoría no encuentra la realización profesional en otras fronteras. De acuerdo con la indagación del SELA, más del 60 por ciento termina trabajando en empleos que no se corresponden con su formación y se convierten en protagonistas de una paradoja: sus habilidades y conocimientos se desperdician en el país de destino y se pierden –en muchos casos por siempre– para el país de origen, que se ve afectado por una escasez de técnicos y especialistas en áreas clave para su desarrollo.

Cuba ha estado sometida al saqueo de su capital humano históricamente. Ejemplo de ello es cómo el Gobierno de George W. Bush atentó contra nuestra nación al facilitar la fuga de galenos que participaban en las misiones humanitarias y solidarias de Cuba en países del Tercer Mundo. Esa depredación de Washington se desenvolvió mediante el denominado Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos, que formaba parte de una virtual operación internacional de robo de cerebros.

Junto a ello, otros países ofrecieron facilidades a personal nuestro de la salud altamente preparado, especialmente clínicas privadas, y como denunció el Gobierno Revolucionario, se detectaron redes dedicadas a la selección y financiamiento de la salida de profesionales.

Ahora se aprecia una copia al carbón de esa criminal política cuando las autoridades brasileñas les quitan el derecho a la protección en salud a sus ciudadanos más humildes, pero abren puertas para contratar a los cubanos que deserten de su misión y hasta les prometen ejercer, “aunque no tengan revalidado el título en Medicina”.

Es que muchos en el mundo han extraviado valores y ética. Y, a la vez, proliferan los ladrones al por mayor.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina