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Publicado el 28 Diciembre, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

RECORRIDO POR EL 2018

EE.UU.-CUBA: Trump no quiere que seamos buenos vecinos

Por LÁZARO BARREDO

Durante 2018 la administración de Donald Trump continuó deteriorando las relaciones bilaterales con nuestra nación, endureciendo el bloqueo para tratar de asfixiarnos económicamente, mientras realizó numerosas acciones deshonestas para intentar demonizar al Gobierno Revolucionario, pese a la gran dicotomía de que Cuba en todos los escenarios se pronunció una y otra vez por favorecer el dialogo y la búsqueda de entendimiento y no pocos sectores estadounidenses manifestaron el interés de beneficiar los vínculos  para ser buenos vecinos.

Bajo el calumnioso o irresponsable pretexto de “ataques sónicos” que supuestamente fueron causa de afectación a la salud de funcionarios norteamericanos en La Habana, de lo cual no hay una sola evidencia científica, varios personeros en Washington, como el vicepresidente, Mike Pence; el secretario de Estado, Mike Pompeo; el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, y otros segundones, como Mauricio Claver-Carone -estadounidense con algún origen cubano, quien es director de asuntos en el hemisferio occidental en el Consejo de Seguridad Nacional-,  han favorecido distintas medidas restrictivas para enfriar y despojar a las relaciones diplomáticas entre ambas naciones de toda operatividad.

Ese círculo anticubano de la Casa Blanca, junto con los furibundos legisladores que representan a la mafia cubanoamericana en el Congreso, mantiene secuestrada la agenda política hacia la Isla en detrimento de los intereses nacionales de Estados Unidos, cuya esencia está descrita deliberadamente por John Bolton: “Hasta que no veamos un cambio de Gobierno en Cuba no dejaremos de presionar”.

Por esas premisas, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla ha argumentado que “el bloqueo está inspirado en sentimientos de dominación y venganza política”, como se pudo apreciar en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Primero con la manipulación del tema de los derechos humanos y el show que la misión estadounidense ante la ONU realizó en la sala del Consejo Económico y Social del organismo sobre supuestos presos políticos en nuestro país. Luego, cuando tras el rechazo a las ocho enmiendas que la parte norteamericana pretendió añadir a la resolución presentada por Cuba, aconteció la condena de la comunidad internacional a esa criminal política (189 de los 193 Estados miembros), se produjo una escalada de hostilidad con la aplicación de nuevas medidas contra empresas e instituciones de la mayor de las Antillas y la multa de cerca de 1 300 millones de dólares contra un banco francés por realizar operaciones de activos cubanos, entre otras.

En estos meses se mantuvo la política del miedo, con la advertencia para hacer desistir a los norteamericanos de visitar a Cuba, pese a que una encuesta entre viajeros estadounidenses conceptualizó al país como uno de los destinos más seguros del mundo. De igual modo, Washington mantuvo la paralización de los servicios consulares con el cierre de la oficina de Servicio de Ciudadanía e Inmigración, afectando los vínculos entre decenas de miles de familias, y amplió sus actividades subversivas a la búsqueda de la desestabilización interna.

Junto con ello, ha sostenido durante años una continua retórica hostil, con la cual se persigue la confrontación. Los principales miembros de la administración estadounidense hablan ahora de la existencia de la “troika de tiranía”, “el triángulo del terror”, con lo cual intentan establecer un patrón de aislamiento con Venezuela, Nicaragua y Cuba, situándolos como responsables de los problemas de la región. Y en la irracionalidad, se ha llegado hasta propalar la mentira brutal, en complicidad con la OEA, de que personal del Gobierno cubano practica la tortura en países hermanos.

En contraposición a toda esa mendacidad, sigue en incremento el interés por el contacto real entre las dos sociedades, lo que se aprecia en el hecho de que cerca de medio millón de estadounidenses estuvieron en Cuba, mientras hay numerosos sectores que sostienen el deseo de una relación constructiva, como se ha visto en la reciente aprobación de la enmienda sobre nuestro país en la Ley agrícola 2018 de EE.UU., considerada un importante paso por más de 60 asociaciones, empresas y funcionarios de 17 estados norteamericanos. O más recientemente, el acuerdo firmado con las Grandes Ligas para permitir el flujo legal y ordenado de nuestros jugadores.

Pero si algún mensaje invita a pensar son los resultados de las elecciones en los tres distritos de Miami, mayoritariamente cubanoamericanos, y que hasta ahora controlaban los representantes de la mafia, dos de los cuales fueron rechazados por sus electores, y un tercero, Mario Díaz-Balart, tuvo que esforzarse para poder mantener su escaño congresional. Como escribió  Shakespeare, “cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo; no sea que te chamusques a ti mismo”.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina