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Publicado el 6 Diciembre, 2018 por Lázaro Barredo Medina en Opinión
 
 

MÉXICO: Un cambio de régimen político

 

Por LÁZARO BARREDO MEDINA

El reto es grande ante el difícil panorama que le aguarda. Conducir los destinos de un país sumido en una sangrienta guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, con índices de corrupción sin precedentes y donde cuatro de cada 10 ciudadanos viven en la pobreza.

Expresión de la genuina voluntad del nuevo presidente mexicano, muy pronto llegó a los millones de oídos de quienes presenciaron su investidura: “Ahora que venía para acá se emparejó un joven en bicicleta –al vehículo en el cual se trasladó al Palacio Legislativo– y me dijo: ‘Tú no tienes derecho a fallarnos’. Y ese es el compromiso que tengo con el pueblo: ‘no tengo derecho a fallar’”, aseguró Andrés Manuel López Obrador (AMLO) durante su toma de posesión como nuevo mandatario del país.

Ante un escenario que congregó no solo a la clase política nacional y a numerosos dirigentes sociales, sino también a jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el presidente de los consejos de Estado y de Ministros de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, así como a otras personalidades, AMLO hizo su “protesta” para reiterar el enunciado de los tres principios de su sexenio en el poder: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo, y presentar unos 100 compromisos que guiarán su gestión.

Durante cerca de 80 minutos, no solo el auditorio presente, sino una población expectante y un continente atento, escucharon las palabras de un incansable luchador que durante décadas ha buscado transformar la política en participación democrática, y se ha dedicado a la búsqueda de un sueño contemporáneo a fin de alcanzar la cuarta transformación política de una nación que ha sido y es un eje esencial del latinoamericanismo a lo largo de la historia.

Las anteriores fueron la lucha por la independencia contra España, en 1810, luego la Reforma de mediados del siglo XIX, que separó la Iglesia del Estado y después la Revolución mexicana de 1910.

Como él mismo valoró, “iniciamos hoy la cuarta transformación política de México. Puede parecer pretencioso o exagerado, pero hoy no solo inicia un nuevo Gobierno, hoy comienza un cambio de régimen político. Estoy consciente de la gran expectativa que existe entre los mexicanos y el desafío que significa enfrentar los grandes y graves problemas nacionales, pero soy optimista y creo que vamos a salir bien”.

Entre sus apasionadas palabras sobresalieron varios aspectos que proyectan las esencias de la gestión de su mandato. En primer lugar, su decisión de ser un gobernante austero, cuyas medidas en lo personal ya puso en vigor (menos salario y ningún beneficio adicional) al frente de un equipo con vocación de servicio y sin privilegios.

Y con la voluntad de someterse al escrutinio público revocatorio en un futuro próximo. “Nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo. Esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos”, expresó.

Reafirmó su compromiso de perseguir la corrupción “de arriba para abajo, como se limpian las escaleras”. Enfatizó que buscará que la corrupción se vuelva un delito grave en la regulación mexicana en lucha campal contra la impunidad; no obstante, aclaró que no emprenderá una persecución contra funcionarios de Gobiernos anteriores. “Propongo al pueblo de México que pongamos un punto final a esta horrible historia y mejor empecemos de nuevo”, señaló.

Llama la atención que algunos políticos de la oposición han tratado de tomar este aspecto como bandera para comenzar los ataques contra AMLO, pero como él mismo analizó la compleja situación que presenta la nación en este aspecto (se ubica en el lugar 135 de 180, entre los países más corruptos del mundo), “si abrimos expedientes, dejaríamos de limitarnos a buscar chivos expiatorios como se ha hecho siempre y tendríamos que empezar por los de mero arriba, como del sector público como privado. No habría juzgados ni cárceles suficientes, y lo más delicado, lo más serio, meteríamos al país en una dinámica de fractura, conflicto y confrontación, y ello nos llevaría a consumir tiempo, energía y recursos que necesitamos para emprender la regeneración verdadera y radical de la vida pública de México”.

El otro puntal de su política estará en poner a la gente por encima del mercado y a mirar hacia adentro, más que hacia afuera. “Haremos a un lado la hipocresía neoliberal. El Estado se ocupará de disminuir las desigualdades sociales, no se seguirá desplazando a la justicia social de la agenda del Gobierno”, enfatizó al exponer varias de las medidas para combatir la desigualdad y la pobreza.

Entre ellas, destacó la cancelación de la reforma educativa, aseguró que habría atención médica y medicamentos gratuitos en zonas marginadas del país a mitad de su Gobierno, que los aumentos al salario mínimo no volverán a fijarse por debajo de la inflación y que los jóvenes que quieran trabajar deberán ser contratados y recibirán un salario. “No se va a dar la espalda a los jóvenes ni se les va a ofender de esa manera porque no es culpa de ellos que no tengan oportunidad de trabajo y de estudio”, dijo sobre esto último. Además, en cuanto a educación, aseguró que se otorgarán 10 millones de becas a estudiantes en todos los niveles de escolaridad y que se abrirán 100 universidades públicas.

“No se condenará a quienes nacen pobres a morir pobres […] Todos los seres humanos tienen derecho a ser felices. Es inhumano utilizar al Gobierno para defender los intereses particulares y desvanecerlo para defender los intereses de las mayorías”, afirmó. “Es pertinente, pues, exponer con toda claridad que vamos a atender y a respetar a todos, que vamos a gobernar para todos, pero que le vamos a dar preferencia a los vulnerables y los desfavorecidos.

“Por el bien de todos, primero los pobres”, agregó.

López Obrador ha estropeado los planes de los neoliberales. Conforme a sus palabras, el nuevo presidente recuperará los principios éticos de la política exterior mexicana. Habrá una digna defensa de la soberanía nacional, una generosa solidaridad con América Latina y un apego estricto al principio de no intervención en los asuntos políticos de otras naciones. “México no dejará de pensar en Simón Bolívar y en José Martí, quienes junto con Benito Juárez siguen guiando con sus ejemplos de patriotismo el camino a seguir de pueblos y de dirigentes políticos”.

Como “hermana República de Cuba” calificó a nuestro país al presentar a Díaz-Canel en la ceremonia protocolar, calificativo que sonó entrañable ante el auditorio, en medio de un aplauso también diferente, quizás hasta cálido, reseñó el periódico Granma.

Para México (“tan lejos de Dios, pero tan cerca de Estados Unidos, como muchos repiten”) es menester una diplomacia de “respeto mutuo”, con enfoque integral, sin separar lo económico y comercial de lo migratorio y fronterizo.

Por ello a pocas horas de su investidura, López Obrador firmó el primer acuerdo de su gestión para crear un Plan de Desarrollo de Centroamérica, que busca frenar la migración hacia la frontera con el vecino del norte.

El convenio fue suscrito con los Gobiernos de El Salvador, Guatemala y Honduras después de un almuerzo que ofreció en el Palacio Nacional a los 20 jefes de Estado y de Gobierno que asistieron a los actos, cuya estrategia estará en armonía con los objetivos de desarrollo y la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, y el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular.

AMLO anunció que pedirá a Estados Unidos y Canadá ir más allá de su acuerdo comercial trilateral y buscar un acuerdo de inversiones que permita enfrentar de esta forma la migración en Centroamérica y México, y no con medidas coercitivas.

“Trabajaré 16 horas diarias para dejar en seis años muy avanzada la obra de transformación”, aseguró el presidente mexicano. “Haré cuanto pueda para obstaculizar las regresiones en las que conservadores y corruptos estarán empeñados”, fue su rotundo compromiso ante un pueblo anhelante de justicia social.


Lázaro Barredo Medina

 
Lázaro Barredo Medina